El molino y la cruz
The mill and the cross, Polonia y Suecia, 2011

Director

Lech Majewski

Guión

Michael Francis Gibson y Lech Majewski

Intérpretes

Rutger Hauer (Pieter Bruegel)
Michael York (Nicolaes Jonghelinck)
Charlotte Rampling (María)
Joanna Litwin (Marijken)
Dorota Lis (Saskia)

Fotografía

Lech Majewski y Adam Sikora

Música

Lech Majewski y Józef Skrzek

Duración

92 minutos


Una película que señala y denuncia la opresión, pero ¿falta la esperanza?

El director polaco Lech Majewski propone en esta película un recorrido por el interior del cuadro "El camino al calvario" de Bruegel el Viejo (c. 1525-1569), y presenta a algunos de los quinientos personajes en él representados, así como al propio pintor explicando la obra a Nicolaes Jonghelinck, el mecenas que se la encargó. Se trata de un film original, basado en la monografía que sobre esta pintura escribió el historiador del arte Michael Francis Gibson.

>La película invita a reflexionar sobre el arte, la religión, la historia y el poder. El centro del cuadro lo ocupa Cristo cargando con la cruz, hábilmente velado a la vista del espectador mediante un procedimiento pictórico que el propio Bruegel explica en la película; y su asesinato es también el tema central del film. Tal y como era común en la pintura flamenca desde el siglo XV, Bruegel muestra una escena bíblica en un entorno geográfico e histórico de su propio tiempo. En este caso, la muerte de Jesús se representa al modo de la ejecución de un protestante flamenco por parte de las fuerzas católicas españolas, tal y como explica Gibson. Majewski refuerza este paralelismo narrando también la captura y ejecución de otro "hereje", cuyo cadáver es expuesto a las aves del cielo, algo que el cuadro sugiere elípticamente mediante la rueda sobre un poste a la derecha de la composición. Así, presenta la verdad evangélica de que Cristo es atacado de nuevo en cada víctima de la opresión. Y, a pesar de ciertas imprecisiones históricas, representa con gran fuerza visual algunos aspectos de la situación política y religiosa de la época.

La represión y la crueldad son la respuesta del poder al desafío que el mensaje de Jesús supone; al igual que las autoridades judías de su época no pudieron soportar que anunciara el Reinado de Dios y que denunciara la injusticia, la jerarquía católica no tolerará el movimiento surgido con el protestantismo. Ya predijo Jesús que llegaría el día «cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios» (Juan 16: 2).

Es significativa la reflexión del mecenas que encarga la obra, quien viene a decir que Jesús predicó que destruiría la catedral de Amberes y la reconstruiría en tres días (clara alusión a Juan 2: 19-21), pero el clero no quiso entender que se refería a la Reforma. Por ello lo condenan a muerte. Así, según Majewski, Brueghel estaría mostrando en su cuadro que, de regresar Cristo a la tierra, las autoridades eclesiásticas volverían a asesinarlo (tesis similar a la de Dostoyevski en El Gran Inquisidor).

Gibson dedicó meses a un estudio pormenorizado del cuadro; Majewski tardó años en hacer de él una película. Por ello, es comprensible que ésta se encuentre cargada de símbolos y referencias difíciles de desentrañar en un solo visionado, y que muchos de sus elementos resulten ambiguos (algo intrínseco tanto a la pintura como al cine, por otra parte).

Es obvio que el molinero representa a Dios, quien contempla el transcurrir de la historia humana desde la altísima elevación sobre la que se sitúa el molino. Pero parecería recogerse aquí una visión medieval de la divinidad, aislada en una esfera suprahumana. Sufre por las desdichas de los hombres, pero no se percibe que sea él mismo quien se entregue en la persona de su Hijo, como dice Pablo: «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo» (2 Corintios 5: 19).

Según Majewski, «hay una interpretación del cuadro muy interesante que dice que el molino representa el tiempo antes del nacimiento de Cristo, porque hasta ese momento el tiempo era cíclico; a partir de ese momento el tiempo se convierte en lineal». No consigo ver en la película este contraste de concepciones (magistralmente desarrollado por Oscar Cullmann en su libro Cristo y el tiempo), aunque supongo que todo dependerá de la interpretación de la escena final, en que el pueblo baila en corro al son de una música alegre. El propio Majewski, al preguntársele si se trata de una danza de muerte o de vida, responde: «No lo sé. Lo dejo abierto. No me gusta manipular demasiado al público. Aunque la música es mía, la compuse yo. Un espectador me dijo que le sugería una danza de la muerte junto al cadalso». Si así fuera, ¿dónde está la ruptura del concepto cíclico del tiempo? Más bien se insinúa que continúa la concepción circular, como refuerza la idea de que la danza sea en corro. La sensación que uno tiene es que, aunque han asesinado al Justo, la vida sigue transcurriendo como si nada hubiera ocurrido.

Y si se tratara de una danza de la vida, ¿a qué vida se refiere? Pues Cristo ha muerto, pero no se ha visto que resucite, algo sorprendente en una película que recoge los principales momentos de la pasión de Jesús. Como dice Pablo, «si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también vuestra fe» (1 Corintios 15: 14). En realidad, no es la cruz la que introduce la concepción lineal de la historia (una visión que, por cierto, aparece desde las primeras páginas de la Biblia; véanse por ejemplo Génesis 3: 15 o Daniel 2), sino el sepulcro vacío. La resurrección de Jesús se convierte en la garantía de la resurrección de los justos al final de los tiempos, y por tanto en el motor de la esperanza de los creyentes a lo largo de la historia.

El molino y la cruz es una obra bella y sugerente, que invita a profundizar en cuestiones trascendentes. Quizá una obra valiente, al aventurarse a realizar lo que podríamos llamar cine teológico, si bien con el advenimiento de la Era Neorreligiosa estos enfoques han dejado de ser marginales y constituyen ya una importante corriente en el pensamiento y la cultura actuales. Expone la forma en que el mal trata de sofocar el bien mediante la violencia y denuncia las estructuras de poder (religiosas, políticas, mentales) que aplastan la disidencia. Pero no parece que llegue a ofrecer una esperanza capaz de transformar vidas.

© Guillermo Sánchez (2 de mayo de 2013)
© LaExcepción.com

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