Si quieres reforzar al Sistema...
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www.laexcepcion.com (29 de mayo de 2010). Publicado previamente en El Blog de Cordura

«No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, antes denunciadlas» (Efesios 5: 11).

Si lo que quieres es contribuir a apuntalar el Sistema (el saludable régimen económico capitalista, el benéfico imperialsionismo, la creciente globalización político-espiritual que nos conduce hacia una “gobernanza mundial”), los pasos son los siguientes:


Si ya eres pro Sistema

Si ya eres pro Sistema y quieres favorecer al Imperio en sus avances hacia una barbarie creciente, no tienes más que seguir tragándote sus patrañas. Por ejemplo, las soluciones impuestas por las instituciones económicas internacionales para defendernos de “los mercados”, pero que en realidad consisten en rendirse a ellos. O los bulos relativos a Irán (ver también), similares a los infundios que en su día, “armas de destrucción masiva” mediante, sirvieron para hacerle una guerra a Irak que todavía dura. O seguir creyéndote tontunas peligrosas como la versión oficial del 11-S y demás operaciones de bandera falsa que buscan llevar adelante el proyecto globalitario y terrorista del Imperio.

En suma, sigue limitándote a “informarte” en los medios del Sistema, ni por asomo se te ocurra cotejar sus versiones con las de medios alternativos. ¿Por qué perder el tiempo leyendo La Excepción, o Rebelión, o los textos de la Red Voltaire, o conociendo la verdadera postura iraní a través de sus propias fuentes (véase también), o investigando si es real que Corea del Norte hundió un barco surcoreano, o familiarizándote un poquito acerca de la versión de Chávez y los chavistas sobre lo que pasa en su país?

Todo esto vale igualmente si eres pro Sistema activo, o si lo eres de modo pasivo (más útil aún para tus amos).


Si eres “antisistema”

Si eres “antisistema” pero quieres seguir favoreciendo al Imperio y al entramado sistémico, entonces puedes:

• Asumir el lenguaje del Sistema y llamar tú también “liberales”, “demócratas”, “progresistas”, etcétera, a quienes se proclaman como tales aunque sus hechos demuestren a diario que son todo lo contrario. De este modo, aseguras definitivamente la victoria de aquéllos a los que dices oponerte.

• Dar un paso más en esa línea y condenar la democracia sobre la base de que el Sistema es “democrático”. Así contribuyes a legitimarlo.

• Denigrar el liberalismo sobre la base de que el Sistema es “liberal”, cosa que también lo refuerza.

• Cuestionar el Holocausto judío. Los sionistas seguirán frotándose las manos gracias al servicio que les prestáis los “negacionistas”, verdadera munición con la que continuar “justificando” sus agresiones a palestinos y a otros pueblos. El Holocausto histórico, y no digamos la negación de éste, les viene de perlas para seguir adelante con el que ellos metódicamente llevan hoy a cabo.

• Despotricar contra los sindicatos, coincidiendo así con lo que desea el núcleo duro del Sistema, y aun a sabiendas de que los corifeos de éste no los critican, en el fondo, por corruptos o ineficaces, sino por el mero hecho de existir (esta idea se la debo a Pepe López, un admirado disidente). Por eso, tú no te limites a criticarlos constructivamente; descalifícalos de manera genérica y global.

• Minusvalorar la importancia del 11-S, o incluso aceptar la versión oficial porque asumirla implicaría constatar la (deseada) debilidad del Imperio. Y no digamos ya, ponerte de parte de Al Qaeda: así justificarás a quienes quieren ver en los críticos del Sistema unos aliados del “terrorismo islámico”.

• Fomentar la violencia contra el statu quo a fin de cambiarlo (ver Lenin en Euskalherria, por ejemplo). De este modo, necio y quimérico por más señas, lograrás también que el Sistema descalifique a sus críticos como “terroristas”.

• Fomentar el identitarismo y el jerarquismo con la excusa de que el Sistema impone un “igualitarismo uniformizador”. Una cosa es defender el estado nación; otra, anclarse en valores culturales idealizados que contrapongan a unos pueblos con otros, haciendo las delicias de los Poderes Dominantes. En cuanto al jerarquismo y el elitismo, proponerlos como alternativa supone ignorar que el Sistema, so capa “igualitaria”, en realidad consiste justo en eso: unas elites cada vez más reducidas y poderosas que tienen al mundo a sus pies.

• Seguir ciego o miope al poder del Gran Tapado y de sus tentáculos en todo el mundo, creyéndote que está anticuado, que es chiquitín, que no cuenta, que los escándalos de pederastia lo han herido de muerte... y negando, de modo tosco y superficial, evidencias como su pervivencia en el tiempo, su camaleonismo, su capacidad de condicionar el rumbo de países enteros poniendo a sus gobiernos contra las cuerdas, sus alianzas fácticas con los demás Poderes Dominantes (ejemplo reciente: Obama apoya inmunidad del Vaticano en casos de pederastia en Estados Unidos).


Para combatir realmente al Sistema

«Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7: 16).

Si en lugar de regalarles pueriles cortinas de humo, quisieras realmente hacer frente a los planes, ya muy avanzados, de los demonios endiosados que dirigen el rumbo del planeta, batallarías sin descanso por “desnudarlos”, mostrando sus falsedades y contradicciones, a saber:

1. Es falso que sean liberales. De importarles alguna libertad, es sólo la suya.

2. Es falso que sean demócratas. El pueblo les trae al fresco.

3. Es falso que sean informativamente transparentes. Sus resortes mediáticos hurtan por sistema la “otra cara” de la realidad a sus lectores, oyentes y espectadores.

4. Es falso que sean igualitarios. ¡Su propia casta “superior” lo confirma!

5. Es falso que sean pacíficos, mucho menos pacifistas, aunque les concedan (se autoconcedan) el Premio Nobel correspondiente. Sus hechos demuestran el violentismo que los define.

6. Es falso que les importen ni una pizca los derechos humanos. Los conculcan a todas horas.

7. Es falso, de hecho, que les preocupen otros individuos que no sean ellos mismos.

Ésa es la lucha consecuente de un genuino “antisistema”: demostrar la falsedad esencial del modelo imperante. Pero eso requiere serenidad, cabeza fría y cierta valentía moral.

Además, para que no te tachen de simple subversivo, pero sobre todo porque hay que predicar con el ejemplo, tu vida misma ha de exhibir los valores opuestos: defensa de la dignidad humana en todos tus actos, no violencia incondicional, firme y activa asertividad contra el Sistema, amor a la verdad y a la transparencia, entrega personal a tus semejantes (riendo con sus alegrías, llorando con sus penas, animándolos en sus luchas).

«Porque tuve hambre y me disteis de comer…» (Mateo 25: 35).

«Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22: 39).

«Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no haga misericordia» (Santiago 2: 13).

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