¡¿Qué más quieren?!
© Juan Fernando Sánchez
www.laexcepcion.com (10 de agosto de 2004)

Desde la victoria del PSOE el 14 de marzo, las huestes mediáticas de la Iglesia Católica Romana (ICR) vienen quejándose de estar sufriendo una campaña de ataques para marginarla o, incluso, aniquilarla. Se apuntan aquí las razones de este victimismo.

Dentro de la enorme presión que viene sufriendo el débil gobierno de Zapatero desde que su partido ganó las elecciones, no desempeña un papel menor el tremendo acoso al que le someten los medios de comunicación de la ICR. Y entre los pretextos para ese acoso, tampoco es irrelevante el argumento de que dicha entidad religiosa está siendo perseguida y maltratada por el nuevo gobierno. Buena parte de las duras críticas a éste por parte de los portavoces romanistas obedecerían, entonces, a una reacción defensiva.

Diariamente, en su programa vespertino de la COPE, Cristina López Schlichting embiste con singular virulencia contra el gobierno, sin duda en el marco de una estrategia dictada por la jerarquía romanista (recuérdese que la dueña de la COPE es la Conferencia Episcopal Española). López acusa al Ejecutivo de pretender la total marginación de los católicos en nuestro país, cuando no directamente su eliminación. Similar misión cumplen algunos de sus artículos en el diario La Razón (ver, por ejemplo, “Empezamos a mosquearnos”, del 30.7.04).

Cabe preguntarse hasta qué punto es legítima esta acusación, al margen de que, por supuesto, admitamos que en un régimen democrático el derecho de criticar al poder (a cualquier poder) es inalienable. Y de que muchos fieles católicos romanos, por razones obvias, pueden sentir una lógica inquietud ante un gobierno cuyo ideario incluye aspectos nada afines a la moral católica.


Algunas voces de “alarma”

Con una estridencia similar a la de López, Federico Jiménez Losantos (el hombre fuerte de la COPE), a pesar de su ateísmo confeso y, al parecer, no abandonado (ver el chat de Libertad Digital de 22.5.02), también usa el argumento de la persecución gubernamental a la ICR para atacar a Zapatero y los suyos. A Jiménez, quizá por el motivo citado, en realidad le importan poco los asuntos religiosos, se diría que incluso le aburren. Pero sabido es que a este brillante locutor cualquier “argumento” le sirve para arremeter contra un gobierno cuyas victorias electorales pone continuamente en duda. Al margen de ello, se adhiere con gusto a la instrumentalización de la religión para su particular defensa de la “civilización occidental” (ver La Brigada Antiprogre).

Más sonadas resultaron, por venir de quien venían, las declaraciones al respecto del presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga, quien no pudo esperar a dejar el cargo para pronunciarlas (eso sí, prometió que será más explícito cuando llegue ese momento). En ellas consideraba una «canallada» las críticas que vienen sufriendo la ICR y los colegios religiosos (ver Libertad Digital, 1.6.04). Pero este Jiménez no atacaba tanto al gobierno, al menos explícitamente, como a ciertas manifestaciones culturales (teatral, cinematográfica…) contrarias a la moral católica.

Notable impacto causó, en ciertos medios católicos conservadores, el artículo del escritor Juan Manuel de Prada "Católicos en las catacumbas" (ABC, 12.7.04). Con fervor militante, se quejaba en él de que «la nueva facción gobernante haya multiplicado sus gestos de displicencia, desdén o declarada beligerancia hacia la religión que nos sirve de sustento». Su visión era la de un católico comprometido que, lejos de achantarse ante esa supuesta persecución, encuentra en ella un desafío que contribuya al despertar de los millones de católicos españoles.

De Prada, quien saltara a la fama literaria con la novela Coños (de la que no nos consta que haya renegado) pero que es desde hace años un acérrimo antiprogre, reconoce que los citados gestos de “la facción gobernante” no «anhelan nuestro exterminio», pero denuncia que buscan «nuestra reclusión en catacumbas de tibieza y acoquinamiento». Y en este punto agrega: «Bastará con que nos neguemos a recular para que los hostigadores aprecien el material del que estamos fabricados. Y quizá sean ellos quienes entonces empiecen a acoquinarse.»

Llama la atención, por cierto, esta llamada a la batalla, en la que uno de los dos bandos tiene que salir perdiendo. Semejante espíritu de cruzada no parece afín a quien invitó a amar a los enemigos y que, se supone, es el supremo Modelo ético y espiritual para De Prada. El evangelio no promueve la lucha entre civilizaciones para vencer al infiel, sino la amorosa predicación de las buenas nuevas con el fin de ganar a todo hombre y a toda mujer para Cristo, pero siempre respetando su libertad de elección, y sufriendo cuanto sea menester sus eventuales reacciones escarnecedoras. (Ver Mateo 5: 1-12, 38-48; 28: 19-20; Romanos 12: 10; 1 Corintios 6: 7; 1 Pedro 3: 8-18; 4: 12-19; etc.).

Con todo, la actitud de De Prada (sincera, no hay duda) es la típica del romanismo que defiende, y que hace de la conquista de territorios espacio-temporales una de sus más preciadas metas, apartándose así del consejo de Jesús (ver Mateo 22: 21).

Resulta significativo que, al comienzo de su artículo, De Prada afirme:

«Siempre he mirado con desconfianza la connivencia del poder político con la religión. En primer lugar, porque empaña las creencias de una equívoca connotación ideológica; en segundo, porque el poder político siempre trata de sacar tajada de dicha connivencia, exigiendo a cambio de determinadas concesiones una adhesión lacayuna de las jerarquías eclesiásticas.»

¿Olvida este autor que también la religión, y en concreto la suya, es experta en “sacar tajada de dicha connivencia”? ¿O simplemente, de manera implícita, lo aplaude y sólo juzga condenable que lo haga el poder político?

En cualquier caso, la ICR no suele quejarse cuando participa en esa connivencia. De hecho, la historia es pródiga en épocas y episodios que nos muestran la simbiosis entre iglesia y estado, generalmente beneficiosa para ambos. El Medievo y el franquismo son dos palmarios ejemplos. Y el Estado Vaticano (un estado-iglesia) es paradigma de lo mismo, y nos sirve además para recordar que esa simbiosis continúa en el presente.

Entre las conclusiones prácticas de su artículo, De Prada proclama:

«Aprovechemos, en primer lugar, los instrumentos que la ley pone a nuestro servicio: exijamos sin desmayo para nuestros hijos una educación religiosa en las escuelas; contribuyamos con nuestros impuestos al sostenimiento de la Iglesia.»

Habla, probablemente, de educación religiosa también en las escuelas públicas, y de los impuestos recaudados por el estado (aunque aquí habría que preguntarle: ¿Incluyendo los pagados por los no católicos, como ocurre ahora?). Semejante programa parece abonar la idea de que De Prada no le hace ascos, pese a sus palabras, a la “connivencia del poder político con la religión”, siempre que redunde en beneficio de la ICR.

Más reciente, y todavía más dura, es la denuncia del obispo de Almería, Adolfo González Montes, de «un programa de sistemática agresión a la religión católica, sostenido con tenacidad en las últimas décadas por algunos medios de comunicación y la complicidad de ciertos sectores políticos» (Veritas, 30.7.04), en clara alusión al gobierno.

Se queja González, al hilo de la polémica sobre el “matrimonio homosexual”, del «enojo entre aquellos políticos que no han dejado de exhortar a los obispos a respetar al Parlamento y renunciar a influir o coaccionar a los católicos». [Por cierto, ¿sería capaz de documentar este señor cuándo esos políticos han exhortado a los obispos a que renuncien a influir en los católicos? Ni aun los líderes del PSOE, cuyo gobierno a veces parece un tanto pánfilo, son capaces siquiera de soñar con algo así.]

Para el obispo de Almería, si damos por buena la versión de Veritas (un medio católico romano), esta reacción constituye «una nueva descalificación de la Iglesia Católica con irritación que no se detiene en el exabrupto y el insulto». O sea, que la reacción defensiva del gobierno, invitando a respetar al Parlamento como órgano público de decisión (a fin de cuentas, la promesa del “matrimonio homosexual” figura en el programa electoral del partido que ganó las elecciones, como han recordado algunos católicos críticos con la jerarquía, no necesariamente partidarios de ese “matrimonio”), es para este obispo una “descalificación” de la ICR… Dicho de otro modo, la entidad romanista tiene pleno derecho a atacar al gobierno, pero éste no lo tendría a responder a sus ataques… Y todo esto, según la ICR, se enmarcaría en una campaña de acoso del poder político contra ella (!!!).

Realmente, ¿quién acosa a quién?

Pero en La Excepción no pretendemos ser ingenuos, y sí buscar la objetividad. No ignoramos que hay medios de comunicación poderosos (cadena SER y aledaños) que atacan a la ICR en ocasiones de manera injusta o exagerada, o por medio de tergiversaciones. Es decir, rebasando los límites de la crítica ponderada, documentada y razonable. Dicho de otro modo: se conducen prácticamente igual que los poderosos medios de la ICR (cadena COPE y aledaños), aunque quizá sea justo añadir que de manera algo menos obsesiva y sañuda (por ejemplo, en la SER pueden escucharse destacadas voces de la jerarquía romanista, mientras que en la COPE es difícil escuchar intervenciones o entrevistas de portavoces de la “izquierda”, y menos tratando asuntos religiosos). No en vano, recuérdese que en el ámbito psocialista existe una apreciable corriente católica, con algunos nombres destacados (Bono, Vázquez…).

En esta guerra la jerarquía romanista se empeña en proclamarse una víctima del poder. Pero este diagnóstico es, cuando menos, engañoso. En primer lugar, porque la propia ICR es ella misma una entidad de poder, y por tanto también susceptible de críticas en cuanto tal. En segundo término, porque el poder estrictamente político no es menos víctima de la ICR, de lo que ésta lo sería de aquél. Antes bien, como iremos viendo, la entidad romanista es la auténticamente beneficiada en esta guerra. Y aún más, paradójicamente, desde el triunfo del PSOE el 14-M.


Un gobierno perplejo y acobardado

A nadie ha de sorprender que, vuelto el PSOE al poder ejecutivo, se perciba un cierto reflotar de la cultura progre, por más que su apogeo sea ya remoto (ver Progres: El ocaso de una pose). Pero, aparte de que se le imputan fenómenos de origen previo (como cierta comedia blasfema programada antes del 14-M; ver ‘Me c… en Dios’, una buena excusa, o la última película de Almodóvar), sólo una visión harto miope concluirá que pueden volver los tiempos descaradamente progres del felipismo, o que sea posible revivirlos de algún modo. Ni la situación de nuestros días a escala planetaria, ni el actual equilibrio de fuerzas ideológico-cultural del escenario patrio, hacen verosímil ese revival.

Esto no excluye que el sector progre quiera rematar algunas faenas que entonces dejó inconclusas. La sociedad española, por ejemplo, se ha acostumbrado en estos años (en los que, por cierto, mandaba Aznar) a un auge de la cultura homosexual que la ha sacado del terreno de los tabúes. El hedonismo y el sexualismo fomentados por la progresía, muy al compás de aquellos tiempos, y su concepción de la tolerancia han traído ése y otros frutos paralelos.

Con todo, y a pesar de las apariencias (la propia victoria de ZP es, en gran medida, un espejismo favorecido por el 14-M), nuestro tiempo apunta más bien hacia un renovado conservadurismo (aunque pervivan para siempre no pocos ingredientes progres) y hacia una creciente influencia de las opciones y los sectores que le son afines.

De hecho, por más que el polanquismo parezca haber reforzado sus posiciones incluso en el período aznarista, la realidad es que frente a él se alzan desde hace años unos adversarios cada vez más influyentes tanto en la elite como en la calle. Aparte de la prensa y la radio que dominan estos grupos (subrayemos una vez más el papel de la COPE), su presencia es particularmente visible en Internet, un medio aún desconocido en la época “gloriosa” del felipismo, y que a Polanco no le va a ser fácil controlar. Si ya la prensa durante los mandatos del PP, pese a la engañosa estimación que hacían algunos de sus propagandistas, pasó mayoritariamente a manos antiprogres, hoy proliferan en Internet los diarios, portales, revistas electrónicas y “confidenciales” digitales que hacen causa común en la lucha contra el PSOE y contra la “izquierda”. Y como gran punta de lanza de ese movimiento, auténtico catalizador y dinamizador de la “Nueva Derecha” española… la temible Brigada Antiprogre (BA), tan desaforada en sus campañas como calculadora en sus estrategias. No en vano sus principales componentes saben que, en épocas de crisis, la radicalidad en los planteamientos y en las formas es garantía de éxito. Los fascismos de los años veinte y treinta del siglo pasado les dan la razón, y no se olvide que estamos en la época de los nuevos fascistas, también conocidos como “demofascistas” (ver Los hinchas políticos y el nuevo fascismo).

Detrás de este inquietante fenómeno, aunque no en solitario, volvemos a encontrar a la entidad romanista. Así, al día de hoy, la COPE se encuentra convertida en una curiosa sucursal de ‘Libertad Digital’, el nido principal de la BA. Este diario electrónico aún no es demasiado conocido por el gran público, pero tiene una gran influencia entre los poderes más rancios y reaccionarios del sistema. El último gran paso en este sentido lo ha supuesto el reciente nombramiento de César Vidal Manzanares como nuevo director de “La Linterna”. Vidal, miembro de la BA que se dice “protestante” (e incluso “fundamentalista”), pero que lleva años trabajando en la estrategia de la ICR, es íntimo colaborador de Jiménez Losantos desde tiempo atrás y quizá quien, aparte de su inspirador, mejor ha contribuido a propagar el espíritu losantiano en este país. La designación de Ignacio Villa, otro hombre de Jiménez, al frente de los informativos de la COPE completa la ocupación de esta cadena de radio por la BA.

¿Por qué opta el señor Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal y jefe máximo de la COPE, por esa “entrega” de su cadena a tanta gente de la BA, entre quienes hay al menos un ateo y un “fundamentalista protestante”? Sin duda, la brillantez de Jiménez y de Vidal (pero también de la no menos espectacular López, ésta sí de clara adscripción católica romana) garantizan una audiencia en alza a la plataforma mediática obispal, con los ingresos consiguientes. Pero la fuerte apuesta por la BA en pleno (recuérdese que Gabriel Albiac también es colaborador habitual de la emisora) indica algo más: Rouco está decidido a lanzar toda la nave romanista contra el gobierno del PSOE, seguro como se encuentra de que la política de confrontación le viene dando buenos réditos y se los dará cada vez mayores (en realidad, la BA es más un instrumento de la ICR que al revés, no en vano ésta tiene mucho más poder; incluso no resulta exagerado decir que un hombre como Jiménez es un peón –privilegiado, eso sí– de la estrategia del señor Rouco; y que lo es, en algún grado, inconsciente de los intereses últimos a los que está sirviendo…). Desde el franquismo, nunca la jerarquía de la ICR había tomado partido tan claramente a favor de la derecha sociológica y en contra de la “izquierda”, como lo viene haciendo actualmente. Un hecho gravísimo en una iglesia que proclama su vocación universal y que se declara al margen de la política partidista.

Es natural que el gabinete de ZP se sienta acosado. No son blancas precisamente las lenguas de los liberticidas, digitales o no, de la BA-COPE. Su agresividad sólo es comparable con su asombrosa elocuencia (el nuevo fascismo también es caudillista, como lo fuera el antiguo). Y además, se inscribe en toda una estrategia de acoso y derribo contra el gobierno y los sectores progres que en él confían, aunque en última instancia a dicha estrategia le importe menos la aniquilación de aquéllos, que la conquista de las propias cuotas de poder romanista (conquista que, como ya hemos visto, no siempre requiere apartar del poder al bloque psocialista-progre).

Por ello, resulta inútil que López Aguilar, ministro de Justicia, asegure en nombre del gobierno que finalmente «no denunciará» los Acuerdos con la “Santa” Sede, a pesar de promesas previas en tal sentido (ver Religión Digital, 27.7.04; ver también, sobre el consiguiente regocijo triunfal a raíz de esta noticia, “Rouco Varela saluda la decisión del Gobierno de no modificar los acuerdos con el Vaticano”, Religión Digital, 5.8.04). Igual de inútil que su empeño en proclamar que el “matrimonio gay” «no irá contra nadie», y que su afán en recordar a la jerarquía católica que «no puede ni debe interferir en lo que sea la actuación del legislador en el ámbito que le corresponde». Nada de eso logrará frenar ni suavizar la decidida estrategia antiprogre de la ICR en España, y si acaso sólo servirá para evidenciar la debilidad del propio gobierno.

Idéntico resultado tendrá que Alfonso Perales, secretario de Relaciones Institucionales del PSOE, se queje amargamente de la «ofensiva política frontal» de la ICR contra un «gobierno legítimo salido de las urnas» (El Mundo, 1.8.04). O que, en plan conciliador, agregue a renglón seguido que ampliar la legislación sobre el aborto y regularizar la eutanasia no son prioridades del gobierno, a pesar de las promesas electorales. O incluso que, en tono ya directamente entreguista, Perales declare que la ICR, en virtud de su carácter mayoritario, «tiene que tener un trato especial en relación con el Estado» (¡bendito laicismo psocialista!). El consiguiente regodeo de la jerarquía episcopal no ablandará su implacable determinación, sino que suscitará en su seno comentarios entusiásticos del tipo de: “¡Estupendo, vamos por el buen camino! ¡Ni un paso atrás!”

Por su parte, revelando quizá buenas intenciones pero acaso también no poca ignorancia, el líder psocialista catalán Pascual Maragall ruega a la ICR que abandone «su postura "numantina" contra los matrimonios homosexuales» (Religión Digital, 29.7.04). No contento con eso, tras decir que encuentra compresible la postura obispal por razones teológicas, agrega: «Lo que no entiendo es el llamamiento a la movilización.» Lo que tal vez ignora Maragall (que, aunque fino político, en tanto que progre seguramente apenas comprende la cuestión religiosa) es que la ICR está echándole un pulso decisivo al gobierno en el que, aun cuando no la desdeñe, lo que menos le importa es la cuestión de los “matrimonios gays”.

Pero mayor, si cabe, es la ignorancia (aún más: la incapacidad de comprensión) que exhibe uno de los principales órganos del entorno pro gubernamental. En su editorial del 24.7.04, el diario El País afirma alegremente: «La Iglesia católica, o al menos su cúpula dirigente, tiene serias dificultades para adaptarse al mundo de hoy, a los cambios de costumbres y a las preocupaciones ciudadanas.» A estas alturas, los lectores del presente artículo ya debieran haber comprendido que es justo al revés: la ICR se está adaptando al “mundo de hoy” con la habilidad magistral que siempre la ha caracterizado.

Y todo ello, dentro de una estrategia global, vaticana, con elementos que dejarán aún más perplejos a los editorialistas de El País, a la vez que les llevarán a creer que confirman su aserto (ver, por ejemplo, en El Mundo, 31.7.04, “El Vaticano [a través de Ratzinger] arremete en una carta contra el feminismo radical y la defensa de la homosexualidad”). Elementos que, en realidad, sólo confirman el momento dulce que vive la ICR en todo el mundo.

Los progres (y entre ellos, los psocialistas) se jactan de defender el estado laico. Pero, aparte de voces aisladas, no se ha sentido ningún clamor estentóreo por la presencia y participación de los reyes de España y del presidente del gobierno en la reciente “ceremonia de ofrenda al apóstol Santiago”, celebrada en Compostela (donde, por cierto, como reconocen incluso historiadores romanistas, no está enterrado dicho apóstol). Un nuevo éxito de la ICR en su afán de servirse del estado para su gloria y poder. Y que, por si fuera poca humillación, fue aprovechado por Julián Barrio, arzobispo de Santiago, para responder a la “ofrenda” del rey pronunciando unas críticas al “matrimonio gay”, en presencia de Zapatero. Así es como la dejación del estado laico por parte del gobierno psocialista permite sacar tajadas extras a quienes están deseando torpedearlo (¿cómo no recordar el dicho castizo que habla de camas y prostitutas…?). Pero el débil ZP no aprenderá la lección…

Una vez más: ¿Quién acosa a quién? O, en terminología de De Prada: ¿Quién es el que “acoquina” al contrario?


¿Católicos en las catacumbas?

Y en ésas estamos… Resulta que poseen más patrimonio nacional que nadie, reciben todos los años generosa financiación estatal de carácter anticonstitucional (procedente, incluso, de los bolsillos de muchísimos no católicos romanos), usan al estado como su recaudador más eficiente, controlan una poderosa cadena de radio e influyen en múltiples medios de comunicación, con una extensísima nómina de periodistas (católicos o no) a su servicio, regentan numerosos colegios y universidades, disfrutan privilegiadamente de múltiples exenciones fiscales, designan directamente profesores de Religión en la escuela pública (dejando que los pague el erario público, que también abona los sueldos de numerosos capellanes penitenciarios, hospitalarios o castrenses), dominan bancos y cajas de ahorros, mangonean las bodas y los funerales de estado, consiguen la presencia de los más altos mandatarios políticos en sus fiestas religiosas y nombramientos episcopales... ¡¿QUÉ MÁS QUIEREN?!

La respuesta, al menos en parte, la apuntan ellos mismos. Por ejemplo, el señor Carlos Amigo Vallejo, arzobispo de Sevilla, cuando declara impúdicamente que «hay que revisar la financiación, naturalmente, revisarla y aumentarla» (cursiva añadida). O sea, ¿que no quieres darme taza? Pues me darás taza y media. Poco me importa que el dinero que ya me das, procedente de todos los españoles, se estipulase en su día que era a título provisional. Te guste o no, me tendrás que dar más.

Lo mismo vale para la asignatura de catolicismo romano, evaluable, en la escuela pública. Y para todo lo demás…, o sea, la conquista del estado. Con este fin, se servirán de todos los medios a su alcance, lo que incluye hacer buen uso de sus amigos del poder político. La BA, de hecho, ya no controla solamente la privada cadena COPE. Uno de sus más notorios miembros, Germán Yanke, es actualmente el responsable de informativos de la televisión pública madrileña, Telemadrid. En su designación, naturalmente, tuvo mucho que ver la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien por cierto, según recoge Religión Digital en su sección “Rumores de Ángeles” (extraído el 1.8.04), acaba de regalar al cardenal Rouco la bonita suma de «6.754.668 euros durante el bienio 2004-2005, en virtud del convenio firmado hoy entre el consejero de cultura y Deportes, Santiago Fisas, y el obispo de Alcalá de Henares, monseñor Jesús Catalá», con fines de «preservación y conservación del rico patrimonio histórico madrileño» y de «restauración del Palacio Arzobispal». Entretanto, numerosas iglesias evangélicas siguen topándose con obstáculos administrativos a la hora de conseguir permisos de edificación, además de tener que afrontar onerosos gravámenes fiscales de los que la ICR está exenta… Todo, de lo más “constitucional”.

Sí…, la respuesta es obvia: lo quieren TODO, y para eso, ¿qué mejor que hacerse pasar por víctimas? Su espíritu totalitario (opuesto al de Cristo y al de los auténticos cristianos, los de las catacumbas literales) hace de su jerarquía un ente voraz e insaciable. Y ésa, sólo ésa, es la razón de su intolerable victimismo.

Pero, al menos mientras no nos roben la libertad (acaso también la quieran sólo para ellos, como ya hicieron en otras épocas), y aun siendo conscientes de su tremendo poder, habrá que seguir denunciándolos. No porque seamos partidarios de la homosexualidad (respetando a los gays y lesbianas, jamás fomentaremos esa práctica antibíblica), ni porque estemos en contra de la fe (todo lo contrario: apoyamos la fe genuina, la que se basa en la Escritura y es camino de salvación), ni mucho menos porque queramos acabar con la libertad religiosa de los católicos romanos (la cual siempre defenderemos, como la de cualesquiera otros creyentes o no creyentes), sino porque conocemos sobradamente los frutos de sus jerarcas (Mateo 7: 16) y anhelamos librarnos de su férula, pero no más que promover su arrepentimiento.

Son poderosos y tienen aliados poderosos (ver El eje Washington-Vaticano). Pueden arrastrar al mundo tras de sí (ver Apocalipsis 13: 3). Pero no es nuestra misión luchar contra ellos para vencerlos, sino confiar en el Omnipotente que proclamó: «Tened fe: yo he vencido al mundo» (Juan 16: 33).

Aunque vuelvan a arrojarnos a las catacumbas.

Para escribir al autor: juanfernandosanchez@laexcepcion.com
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