La plegaria de Zapatero
© Guillermo Sánchez Vicente
www.laexcepcion.com (15 de febrero de 2010)

El presidente del gobierno español acudió el 4 de febrero al Desayuno Nacional de Oración que se celebra anualmente en Washington. Tanto su presencia allí como el contenido de su discurso han sido objeto de análisis variados, desde el elogio por la defensa de elevados valores humanos y sociales, hasta el desprecio por su condición de agnóstico o por su forma de citar la Biblia.

Al teólogo Juan José Tamayo el discurso de Zapatero le parece «todo un ejemplo de lectura laica de las Escrituras judías en clave de liberación, en perspectiva humanista y en el horizonte de la utopía. Pero eso no significa dar un cheque en blanco a Zapatero. Su discurso no puede quedarse en meras palabras. Le compromete personal y políticamente, ¡y mucho!, si no quiere ser acusado de inconsecuente» (Lectura laica de la Biblia, El País, 6.2.10).

Para el escritor Juan Manuel de Prada, en cambio, la plegaria de Zapatero «consistió en repetir la estrategia que emplea el demonio en el episodio de las tentaciones en el desierto, donde cada vez que trata de seducir a Jesús lo hace invocando citas bíblicas; y es que, en efecto, el demonio es un gran conocedor de la Biblia, aunque su conocimiento lo emplee para invertir el sentido de sus palabras». De acuerdo con De Prada, el presidente el presidente imitó a «su modelo» el diablo y, frente a «quienes afirman que el discurso de Zapatero no fue una verdadera plegaria», De Prada sostiene «que lo fue de principio a fin, sólo que no iba dirigida a Dios, sino a aquél que los antiguos denominaban “mono de Dios”» (ABC, 6.2.10).

Una de las críticas que ha recibido el presidente ha sido por no citar completo el texto bíblico que leyó en el evento, Deuteronomio 24: 14-15: «No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna de las ciudades de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes que se ponga el sol, porque está necesitado, y su vida depende de su jornal». El texto continúa: «Así no clamará contra ti a Yahvé, y no te cargarás con un pecado». El hecho de que Zapatero no leyera estas palabras ha sido calificado de manipulación del texto bíblico; el periodista César Vidal (en un editorial del que se dice que “da las claves de la cita bíblica de Zapatero”), llega a señalar que con esa “supresión” el presidente se hace merecedor de la condena bíblica que dice: «Yo testifico a todo el que escucha las palabras de esta profecía del libro este que si alguien añade alguna cosa, Dios le añadirá las plagas descritas en este libro y si quita algo de las palabras del libro de esta profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa» (Apocalipsis 22: 18, 19). Según Vidal, «las palabras del autor del último libro de la Biblia constituían una seria advertencia. La Biblia no es un libro cualquiera. Debe tomarse en su totalidad y no resulta lícito expurgar entre sus enseñanzas para quedarse con unas y despreciar otras. De hecho, el que se permite quitar enseñanzas de la Biblia sólo puede esperar que Dios le quite la posibilidad de entrar en la ciudad santa al final de los tiempos». Y añade: «Ha mutilado el versículo para evitar la mención de Dios y, sobre todo, ha escogido un libro que deja de manifiesto hasta qué punto la política que ha seguido es un camino de maldición -en todos los sentidos- para España. Sería de desear que la persona que escogió el pasaje para ZP también informara al presidente de que todo el que mutila las Escrituras o les añade está sujeto al castigo de Dios y que la única salida a esa disyuntiva es la de volverse humildemente hacia el Señor que él no se atreve ni siquiera a mencionar» (destacados añadidos en todo el artículo).

En primer lugar, es cierto que el versículo 15 de Deuteronomio 24 termina con una referencia a Dios. Pero hay que recordar que la división en versículos es miles de años posterior al texto, y no forma parte del mismo. Cualquier persona familiarizada con la literatura teológica o religiosa sabe que cuando se cita un versículo, no necesariamente hay que citarlo completo. Por otro lado, aunque el original hebreo no tiene signos de puntuación, el sentido del texto citado indica que justo donde Zapatero termina su cita hay una pausa equivalente a un punto (tal y como traducen todas las Biblias). Cortar la cita ahí no supone en absoluto una amputación del texto.

Aunque obviamente (y no sólo desde un punto de vista cristiano) Zapatero no es ni remotamente comparable a Cristo, es interesante recordar que según Lucas 4: 18, 19 el mismo Jesús, cuando citó Isaías 61: 1, 2 en la sinagoga de Cafarnaúm, al llegar al pasaje mesiánico que habla de «anunciar a los pobres la Buena Nueva, […] proclamar la liberación de los cautivos […] y proclamar un año de gracia del Señor», detuvo su lectura en ese punto y omitió lo que seguía: «día de venganza de nuestro Dios». En este caso la lógica del texto de Isaías exige una pausa no equivalente al punto, sino a la coma, tal como indican las traducciones modernas. Es obvio que con esta omisión Jesús quería poner el acento en un Dios restaurador y no vindicativo, a pesar de que ambas dimensiones estaban en el texto original. Son múltiples los ejemplos de cita “incompleta” dentro de la propia Biblia, y por supuesto en todo tipo de autores, incluido César Vidal.

Por tanto, esta forma de citar la Biblia no supone en absoluto manipulación alguna de la Palabra. Resulta más que comprensible que Zapatero, que no es creyente, no fuera pródigo en referencias directamente espirituales. Y no es descabellado imaginar que quienes le critican por haber omitido esa frase bíblica se le lanzarían al cuello también si la hubiera incluido, acusándole de utilizar el nombre de Dios en vano. Además, Zapatero menciona positivamente y sin complejos a Dios al principio del discurso, cuando se excusa por hablar en castellano, «la lengua en la que por primera vez se rezó al Dios del Evangelio en esta tierra.»

Añade César Vidal: «A diferencia de las citas tomadas de clásicos como Cervantes, Shakespeare o Dante, las extraídas de la Biblia se hallan sujetas a un contexto no sólo necesario sino también ineludible. Por eso, llama enormemente la atención que ZP haya tenido la osadía de leer un pasaje -incompleto, eso sí- del libro del Deuteronomio, el quinto libro de la Torah mosaica». Según Vidal, «el Deuteronomio presenta una cosmovisión clara y definida que choca frontal y claramente con las acciones y la ideología de ZP», y cita a continuación una serie de pasajes de ese libro bíblico que recuerdan el «claro mandamiento de que no debe practicarse la homosexualidad», «la conveniencia de llegar virgen al matrimonio», «las consecuencias lamentables de abandonar la ley de Dios para una nación incluyendo entre ellas la crisis económica, el descenso de la natalidad o el peso excesivo de los extranjeros en su vida», o que indican que «el olvido de Dios es la causa de los males de una nación», que «una parte esencial de la educación implica enseñar a los niños la acción de Dios en la Historia», que «Israel posee su tierra por decisión explícita de Dios», o que «la única vía de restauración nacional plena que existe es la de volver a los caminos de Dios enseñados en la Biblia». Introduce este autor una nueva doctrina hermenéutica, según la cual para comprender a ciertos clásicos, o simplemente para coincidir con alguno de sus pensamientos, no hay ni que conocer su cosmovisión personal, ni aceptarla; pero para citar algún pasaje de la Biblia ¡es imprescindible aceptarla por completo!

Vidal no deja claro si considera imprescindible que Zapatero hubiera citado esa selección suya de pasajes del Deuteronomio; pero es obvio que las citas, y la forma en la que las expone, delatan el propio programa político del periodista: enseñanza pública confesional y sometida a la moral católica; apoyo incondicional al estado de Israel por ser “de origen providencial” (cuando cualquier lector de la Biblia puede comprobar que el actual proyecto político sionista no sólo no tiene nada que ver con lo que la Biblia llama “Israel”, sino que es incluso lo contrario); rechazo a los inmigrantes; orientación confesional del estado español, que se supone que ha “abandonado la ley de Dios” (uno se pregunta si para Vidal en la etapa nacionalcatólica España vivía en los caminos de Dios)… En realidad, si alguien manipula la Biblia para sus propios intereses es César Vidal, quien, conociéndola muy bien, día tras día la utiliza para defender la guerra imperialista, la conculcación de los derechos humanos, el sometimiento del estado a la(s) iglesia(s), el militarismo, el patriotismo exaltado de tintes religiosos, la xenofobia, el desprecio a los homosexuales…

Algo similar se podría decir de los representantes de la jerarquía católica que han criticado el discurso, como Julián Barrio, arzobispo de Santiago, quien, lamentando el “uso político” de la cita bíblica por Zapatero, considera que «leer la Biblia conlleva, de alguna manera, tratar de ver la luz que nos ofrece para hacer una lectura creyente de la realidad en la que nos encontramos», de modo que «hay que acoger el mensaje de la Biblia y no hacer decir a la Biblia lo que nosotros queremos que pudiera decir» (InfoCatólica, 6.2.10). Esto sí que es osadía: que los maestros de la utilización política de la religión den lecciones sobre el uso de la Escritura, cuando además representan a una iglesia cuyas enseñanzas contradicen a la Biblia en multitud de aspectos fundamentales (ver Apostasías).

También se ha criticado que cuando un senador realizó una oración, Zapatero fuera el único que no reclinara la cabeza. Seguramente si hubiera hecho ese gesto se le habría acusado de hipócrita, y no sin razón en este caso, pues lo coherente (y lo correcto desde el punto de vista cristiano) es que un no creyente no simule una fe que no tiene (otra cuestión, que analizaremos después, es si la presencia y participación de Zapatero en ese foro era apropiada).

Desde la derecha católica española también se le ha reprochado que al pronunciar su ya conocida idea de que «la libertad es la que nos hace verdaderos», Zapatero está insistiendo en «su famosa enmienda a la totalidad a las palabras de Cristo recogidas en el Evangelio de san Juan» (ReL, 4.2.10). Es absurdo entender esta frase como una enmienda a la declaración “La verdad os hará libres” de Jesús, pues para ello Zapatero tendría que contradecir lo que Cristo dijo. Y, siendo cierto desde el punto de vista cristiano que la verdad nos hace libres, no es menos cierto que la libertad nos hace verdaderos, pues sólo desde el uso de nuestro libre albedrío podemos ser realmente auténticos tanto en nuestras afirmaciones, como en nuestras decisiones y elecciones, y en nuestro trato con los demás. Lo único que hace Zapatero, se esté de acuerdo con él o no, es un juego de palabras que, al menos en ese punto, de ningún modo ataca al mensaje de Jesús.


“La Familia” y el Imperio

Ahora bien, aunque el discurso de Zapatero fuera en su conjunto aceptable desde una perspectiva laica y democrática, no por ello hay que alegrarse de su asistencia a aquel acto. Y no tanto porque que sea un espacio religioso: la participación de representantes políticos en foros de intercambio de ideas (políticas, sociales, religiosas…) no necesariamente ataca la separación de la iglesia y el estado, siempre que se haga en un ámbito de igualdad entre los participantes, abierto a la pluralidad de planteamientos (incluidos los no creyentes).

Uno de los inconvenientes de esa asistencia es que, aunque gran parte del público, incluso algunos asistentes, entienden que el acto está organizado por el Congreso o el presidente de Estados Unidos, el Desayuno Nacional de Oración es un evento anual promovido por una entidad privada, “The Fellowship” (“La Hermandad”), de naturaleza cuanto menos inquietante: más conocida como “La Familia”, es una organización fundada por el metodista Douglas Coe en 1935 y constituye uno de los tentáculos de la poderosa “Derecha Cristiana” estadounidense, contraria a la separación de la iglesia y el estado. Lleva a cabo numerosas actividades religiosas y políticas (y político-religiosas, como el propio Desayuno Nacional de Oración). Caracterizada por un modus operandi “discreto” (más bien secretista), viene participando en destacados procesos políticos y diplomáticos de los últimos cincuenta años, como los acuerdos de Camp David o la financiación de propaganda anticomunista de la CIA y el Pentágono.

Es tradición que el presidente de los Estados Unidos participe en este acto desde que en 1953 Eisenhower aceptara la invitación. También han asistido personalidades tan “prestigiosas” como el ex general salvadoreño Carlos Eugenio Vides Casanova, acusado de torturas a civiles en los años 80, entre otros. De hecho “La Familia” ejerce mediación entre los presidentes de Estados Unidos y personajes de la política internacional, algunos de más que dudosa reputación, al margen de los cauces institucionales públicos. Propietarios de un riquísimo patrimonio (con edificios de lujo exentos de impuestos por el carácter confesional de la organización), sus contactos turbios con la alta política incluyen donaciones generosas a congresistas; obviamente no por altruismo, sino como parte de su plan de promover la dimensión religiosa en la alta política y la diplomacia; en realidad su programa no es espiritual en un sentido genérico, sino abiertamente confesional: «La religión divide. Las ideas de Jesús unen», dice Coe; «esto es con diferencia lo más importante que he aprendido en los últimos cincuenta años». Planteamiento admirable cuando uno lo aplica a su vida personal; peligroso cuando lo convierte en la divisa de sus maniobras parapolíticas (ver Showing Faith in Discretion).

Cuando le preguntaron a Zapatero por qué le habían invitado a ese acto, el presidente lo atribuyó a la «grandeza democrática» de Estados Unidos y a la tradición de este país de acoger a «personas de distintas convicciones». Como bien señala Henry Kamen (Zapatero y su desayuno con “La Familia”, El Mundo, 4.2.10), «la invitación no vino de Estados Unidos sino del elitista movimiento conservador. La explicación de la invitación se encuentra en un documento privado, titulado Creencias y Principios de La Familia, que el grupo emplea en sus cursos privados en la ciudad de Arlington. El punto 20 del documento declara: “Reconocemos el lugar y responsabilidad de los líderes laicos nacionales en la labor de hacer progresar el reino de Jesús”. En otras palabras, Zapatero tal vez no lo sepa, pero por el mero hecho de responder a la invitación del desayuno está reconociendo el poder de Jesús. No importa que no crea en Él». Obviamente, añadimos, no el papel del Jesús del evangelio (modelo de libertad, no coacción, determinación firme pero pacífica, rebeldía ante los sistemas de opresión…), sino el del falso Jesús teocon de estos activistas de la extrema derecha religiosa.

Pero hay otro inconveniente, no menos grave, en la presencia de Zapatero en Washington. A pesar de su discurso pseudopacifista y de algunos gestos dignos, como la retirada de las tropas de Irak al acceder al gobierno en 2004 y su promoción de la Alianza de Civilizaciones, su política exterior ha estado siempre sometida a las líneas básicas del Imperio de Washington. No sólo se mantuvieron las tropas en Afganistán, sino que se han aumentado sus efectivos. Se ha secundado (p. ej., mediante el incremento de la venta de armas al estado de “Israel”) la política sionista del Imperio. Se ha seguido de manera acrítica desde hace años la intervención imperialista en Haití y, últimamente, la ambigüedad frente a la situación hondureña, donde ya ha quedado claro que Estados Unidos, pese al doble juego de Obama, ha bendecido el proceso originado por el golpe militar contra el legítimo presidente, Manuel Zelaya.

En el propio discurso en Washington, como no podía ser menos, el presidente español aborda el asunto clave de la política internacional desde 2001, el “terrorismo islamista”, según la mitología de la intragable versión oficial: «Estados Unidos sabe, como también lo sabe España, que la utilización espuria de la fe religiosa para justificar la violencia puede ser enormemente destructiva, y qué mejor momento que este Desayuno de Oración para que recordemos juntos, para que honremos juntos, a nuestras víctimas del terrorismo, porque, juntos, también defendemos la libertad allí donde se ve amenazada.»

Si Bush mantuvo con Zapatero un distanciamiento personal (para irrisión y rabia de los españoles que conciben a Estados Unidos como el garante de un orden mundial seguro), con el fraude llamado Obama, ante este guerrero premio Nobel de la paz, el actual gobierno viene desplegando un servilismo patético. Parece evidente que Zapatero fue a Washington a escenificar un encuentro con su admirado Obama, quien por cierto no le hizo mucho caso, pues se limitó a darle un abrazo en público, y después le ignoró en los encuentros privados durante el desayuno; y esto tras rechazar la invitación de la presidencia española de la Unión Europea a acudir a la cumbre europeo-estadounidense que se celebrará en Madrid en mayo. Todo ello, pese a que en los mismos días del ya tristemente célebre “Desayuno”, Zapatero ha dado una vuelta de tuerca más en su prosternación ante Obama, solicitando la creación de "una nueva comunidad transatlántica" que incluya a Iberoamérica y África; en otras palabras, una todavía mayor incursión del atlantismo en esas dos grandes áreas del planeta (en el caso africano, apelando a la “extensión del extremismo islamista” en dicho continente, lenguaje muy del gusto del Imperio).


Pasando factura

Ya hemos visto que este encuentro está auspiciado por una organización de la derecha confesional estadounidense. Cada año hay un solo invitado destacado (en años anteriores han sido Teresa de Calcuta, el cantante Bono, Tony Blair…). Siendo que el presidente del país es una presencia fija, es comprensible creer que cuando menos “La Familia” le consulta sobre la persona invitada. ¿Por qué en esta ocasión se eligió precisamente a Zapatero?

A pesar de que la política religiosa de Zapatero ha favorecido una y otra vez a la Iglesia Católica Romana (ver Estado laico: carta a Zapatero), las eficaces campañas victimistas de esta organización religiosa han consagrado una imagen del gobierno de España como radicalmente antirreligioso, promotor de un laicismo agresivo y de un programa de ingeniería social dispuesto a destruir los tradicionales valores espirituales del país. Todo apunta a que las fuerzas teocon, que cada vez operan más a escala global y en estrecha sintonía “ecuménica” entre católicos y evangélicos (ver Ecumenismo cristiano), le han tendido una especie de trampa al presidente español, invitándole a participar en un acto no sólo confesional, sino confesionalista. El cebo era la presencia de Obama. Y Zapatero, por supuesto, no pudo resistir la tentación.

Ahora que se ha exhibido públicamente en aquel púlpito antilaicista, los partidarios del sometimiento del estado a “la Iglesia” ya le están pasando la factura correspondiente a Zapatero, pidiéndole que, en coherencia con su visita al famoso desayuno, se monte en el carro de la “laicidad positiva” al estilo Sarkozy. Así lo ha manifestado el arzobispo Julián Barrio, al comentar la diferencia entre «una laicidad buena y una laicidad que no es sana» (InfoCatólica, 6.2.10). Incluso horas antes del discurso de Zapatero, el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (de adscripción católica) aseguró «aplaudir» la presencia del Jefe del Ejecutivo en el Desayuno Nacional de Oración al que ha sido invitado, al tiempo que le exhortaba a «que actúe en consecuencia y con coherencia paralice la reforma de la ley de Libertad Religiosa que, como se ha podido conocer por filtraciones a la Prensa, prohibiría realizar un acto similar en nuestro país» (ReL, 4.2.10).

El portavoz del Partido Popular de Galicia, Antonio Rodríguez Miranda, recordó con sorna a los socialistas que tienen «una oportunidad excepcional de explotar el recién estrenado fervor cristiano de Zapatero para que el presidente ponga interés en promover el Año Santo Compostelano». En su opinión, varios gobiernos extranjeros están haciendo más por el Xacobeo que el gobierno español, que «desprecia con su indiferencia un acontecimiento de trascendencia mundial» debido a «motivos religiosos» vinculados a la política laicista del presidente del Gobierno, por lo cual confía en que «la devoción que estrenó en tierras americanas» se traduzca ahora en un cambio de actitud hacia el Xacobeo (ReL, 6.2.10).

De modo que no es difícil pensar que el gesto religioso de Zapatero comprometerá todavía más al actual gobierno en su sumisión a los dictados de la Iglesia Católica Romana y las corrientes confesionalistas españolas. Los torpes análisis de muchos han llevado a creer que porque este gobierno aprobara el matrimonio homosexual, porque implantara la asignatura de Educación para la Ciudadanía, porque haya desarrollado un proyecto de ley sobre el aborto o porque esté gestando una nueva ley de libertad religiosa, ha atacado a los puntos más sensibles de esta milenaria institución.

Nada más lejos de la realidad. En primer lugar, la ICR tendrá su visión sobre esos asuntos, como cualquier otra iglesia u organización, pero no son patrimonio suyo, por mucho que se erija en intérprete de la “ley natural”. En segundo lugar, el móvil fundamental de esta iglesia-estado no son tanto las cuestiones de moral y costumbres, sino el poder. Y con respecto a éste, en los seis años de gobierno de Zapatero se puede decir que ha crecido notablemente. Las constantes presiones vaticanas y episcopales (acompañadas del cada vez más activo lobby católico, compuesto por medios de comunicación y organizaciones variadas) han puesto contra las cuerdas a este gobierno, hasta el punto de que en varias ocasiones sus representantes han asegurado que no se tocarán los Acuerdos con la “Santa” Sede, que son la fuente de todas las injerencias de esta iglesia en el ámbito público (ver Se veía venir: ¡No corren peligro!). Ha sido precisamente el gobierno de Zapatero quien acordó el modelo de financiación más generoso con la ICR de toda la etapa democrática, convirtiendo el sistema (que, según acuerdos anteriores, debería haber cesado en 1990) en algo estable. Fue Zapatero quien designó como embajador ante el papa a Francisco Vázquez, que en la práctica actúa como auténtico embajador papal ante el gobierno español. Miembros de este gobierno han acudido servilmente al Vaticano (o a Valencia cuando el papa visitó España en viaje eclesial), y se han exhibido una y otra vez en actos religiosos de la ICR, incluidas unas polémicas “beatificaciones” (ver Estado laico: carta a Zapatero). Bajo la presidencia de Zapatero se ha consolidado la asignatura de Religión Católica en los centros públicos, y los profesores de la misma han alcanzado una situación equivalente a los que acceden al cuerpo mediante oposición. Pero todo esto es insuficiente: seguirán presionando hasta doblegar al estado, pues lo quieren todo.

Y tras la plegaria americana de Zapatero, es de temer que les resulte más fácil conseguirlo.

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