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Pedir cuentas al papa
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (8 de abril de 2012)

Muchos seguidores del papa se niegan sistemáticamente a atribuirle responsabilidad personal sobre sus conductas cuando encuentran que éstas son éticamente rechazables.

En el último viaje internacional de Benedicto XVI hubo dos polémicas sobre su conducta, una en relación con cada uno de lpaíses visitados, Méos dos xico y Cuba. En un caso y en otro, seguidores suyos, de signo tanto aperturista como conservador, procedieron a exculpar al papa de las actuaciones reprobables que protagonizó.


El viaje a México y las víctimas de Maciel

Es muy significativo el análisis de José Manuel Vidal, director de Religión Digital, de línea católica "progre", sobre su visita a México los días 23 al 26 de marzo de 2012:

«Benedicto XVI tuvo que cargar con la sombra alargada de Maciel. Una sombra que el Vaticano no supo gestionar in situ. […] El Papa no se reunió con las víctimas del mayor icono de la pederastia eclesial, el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. En una actitud de agravio comparativo a las otras victimas de abusos sexuales del clero, con las que el Papa siempre se reunió en sus viajes. ¿Es que las víctimas de Maciel son menos víctimas?

»Y esa decisión sentó muy mal a la gente y a los medios. Tanto que el propio portavoz vaticano, Federico Lombardi, tuvo que salir en rueda de prensa a defender al Papa actual y a su predecesor: Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI fueron "encubridores del padre Marcial Maciel". Y añadió: "El Papa actual es un descubridor de pederastas". Decepcionate defensa. […] Dijo que el tema de la reunión con las víctimas de Maciel no lo colocaron los obispos mexicanos en la agenda papal. Eso, para algunos medios mexicanos fue una prueba más de la connivencia clamorosa de los principales jerarcas mexicanos con Maciel y con su Legión.

»Por otra parte, ¿desde cuándo la agenda de los obispos prima sobre la del Papa? Los obispos, en los viajes, sugieren sus propuestas al Vaticano, pero es Roma la que decide. […] ¿Están desobedeciendo, de facto, los altos jerarcas mexicanos las indicaciones, claras y precisas del Papa en cuando a la tolerancia cero con los curas pederastas y al resarcimiento de las víctimas? ¿Sigue presionando y torciendo el brazo al episcopado mexicano la todavía poderosa Legión de Cristo, ya sin Maciel pero con mucho dinero, poder e influencia en sus arcas?

»Preguntas serias y graves que alguien, desde Roma, debería contestar. Y tomar nota, para que el Papa no tenga que cargar con culpas ajenas. Que ya tiene suficiente con la enorme cruz que lleva encima. Y es que, en tiempos de comunicación global, la excesiva prudencia o el silencio sobre temas determinantes, como el de las víctimas de Maciel, se interpretan como silencios cómplices e interesados.

»Queda una segunda parte en el viaje papal. Cuba estará en la agenda mediática […]. Ante el gran ojo mediático, el Papa puede lucirse y salir reforzado o hundir todavía más su imagen pública. Siempre que sus asesores hilen más fino que en México y le dejen ser quién es: un Papa anciano, frágil y humilde que, con sus mensajes esenciales, puede cautivar el corazón de la gente. Y hasta hacerse querer o, al menos, respetar, por la potente maquinaria mediática mundial».

Aunque comienza hablando de «una actitud de agravio comparativo» por parte del papa, observemos que, para Vidal, todos son responsables de lo que hizo (o dejó de hacer) el papa… menos el propio papa: fue el Vaticano quien «no supo gestionar» la sombra de Maciel; puede haber una «connivencia clamorosa de los principales jerarcas mexicanos con Maciel y con su Legión», pero Benedicto, jefe absoluto de esos jerarcas, queda libre de esa sospecha. Por supuesto, cuando en otros viajes Ratzinger se reunía con víctimas de abusos, siempre se interpretó como un gesto personal, valiente y firme, del papa que ha decidido "limpiar la iglesia de pederastas" (algo falso, además). Pero cuando el papa no quiere reunirse con estas víctimas, se entiende que «están desobedeciendo, de facto, los altos jerarcas mexicanos las indicaciones, claras y precisas del Papa», aunque se acaba de reconocer que «es Roma la que decide». Por eso, «alguien, desde Roma, debería contestar»; alguien, pero no el papa, claro. Sus actitudes en este asunto «se interpretan como silencios cómplices e interesados», pero todos sabemos, por fe, que Ratzinger es incapaz de algo así. Cuando habla claro es valiente; cuando su silencio es elocuente, no es cobarde, sino un pobre anciano víctima de los trapicheos de su entorno politiquero. Estas interpretaciones, además del sesgo ideológico (y afectivo) de quienes las hacen, denotan un desconocimiento de la naturaleza del papado (algo similar ocurre cuando se habla de la posibilidad de que renuncie a su cargo, como ya se hizo con Juan Pablo II; ver ¿Renuncia papal?).

Este mecanismo exculpatorio es muy similar al que las víctimas de los sistemas dictatoriales experimentan con respecto a sus líderes infalibles. Multitud de testimonios muestran cómo bajo regímenes como los de Hitler y Stalin, cuando alguno de sus seguidores sufría una injusticia, siempre la atribuía a los estamentos intermedios que les separaban del jefe. En cambio, todos los logros nacionales, todos los grandes proyectos, se debían al líder.


El viaje a Cuba y los opositores despreciados

En relación a la visita a Cuba que a continuación haría el jefe de la Iglesia Católica Romana (ICR), en medios católicos se despertó una gran expectativa respecto al gran impacto que tendría. El 15 de marzo un editorial de la cadena COPE, propiedad de la Conferencia Episcopal Española, decía: «Nadie esconde que la visita de Benedicto XVI a Cuba es extremadamente delicada. El viaje, aunque algunos no quieran entenderlo, es apostólico. Benedicto XVI no viaja para mediar como agente político, sino para acompañar a los católicos cubanos que de manera ejemplar resisten la tiranía castrista. Como bien dice Oswaldo Payá, el líder del Movimiento Cristiano Liberación, Benedicto XVI no es responsable del cambio político que los cubanos anhelan» (negrita añadida).

Como siempre en estos viajes, queda en el aire la pregunta: ¿En calidad de qué viaja el papa? Oficialmente, como líder religioso en viaje pastoral; en la práctica, como jefe de estado. Según el editorial, Ratzinger no es responsable del cambio político en Cuba; pero cuando se produzca ese "cambio", escucharemos a estas mismas voces atribuirle gran parte de los méritos a él.

El disidente Guillermo Fariñas escribió una carta a Benedicto XVI en la que le rogaba, entre otras cosas: «Para que usted no sea cómplice» de la dictadura castrista, «necesitamos solicite lo siguiente en las homilías públicas y conversaciones con las máximas autoridades gubernamentales: […] La libertad sin destierro de todos los presos políticos. […] El cese inmediato de las golpizas impunes contra los opositores pacíficos no violentos […]. Entrevistarse con ex prisioneros políticos, esposas de ex reos por sus ideas, opositores cívicos, periodistas y blogueros independientes» (negrita añadida).

Por supuesto, Ratzinger no cumplió nada de eso. Como siempre, se movió cómodamente entre los dirigentes del régimen. La excusa perfecta para reunirse con Fidel (encuentro que el Vaticano se resistió a anunciar oficialmente y que sólo se confirmó en el último momento) fue «saludar a la familia del presidente» Raúl Castro; así que Fidel es simplemente un familiar del actual presidente de Cuba... Y aunque ella se lo suplicó una y otra vez, el papa ni siquiera se reunió «un solo minuto» con Berta Soler, la líder de las Damas de Blanco (organización, por cierto, vinculada a la Fundación Nacional Cubano Americana y a la CIA).

¿Cómo reaccionaron estos opositores? Fariñas calificó la visita como de una "gran vergüenza". Si eso es cierto, ¿de quién fue la responsabilidad? De «la alta jerarquía católica cubana», especialmente del arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega. «Sabiendo que se estaba produciendo una ola represiva alrededor de toda la isla, fue incapaz de denunciarla públicamente». También dedicó algunas palabras al papa: «Tuvo la oportunidad de denunciar públicamente esto y no lo hizo». Pero no rescató su discurso previo a la visita, en coherencia con el cual debería haber repetido que Ratzinger se había convertido en un cómplice de la dictadura. Por lo visto, el papa fue una víctima más.

Según Berta Soler, «la Iglesia Católica se olvidó de escuchar un solo minuto a su rebaño». Ni una palabra explícita sobre el papa. Siempre que éste decepciona, el "error" se atribuye a su entorno, a sus asesores, a la Curia, como mucho a este o a aquel cardenal… Cuando se trata de éxitos, éstos corresponden en exclusividad a la sabiduría del "Santo Padre".

Durante la visita, Luis Fernando Pérez, director del medio de línea "ultra" InfoCatólica, escribía en su artículo titulado No sería cosa buena verse con el tirano y no con los que luchan por la libertad: «Hay modos y maneras de evitar que una visita pastoral se convierta en un acto de propaganda miserable de la dictadura». Por supuesto, le encanta que se convierta en un acto de propaganda del papado. Pero sigamos leyendo: «Encontrarse con Fidel Castro y no hacer lo mismo, siquiera sea un minuto, con las Damas de Blanco, muchos lo verían como un craso error que el Papa no debería cometer. Como todavía no sé lo que va a pasar hoy, adelanto mi parecer. Si ve al tirano, le ruego que vea a sus víctimas. Porque si no las ve, no tiene nada de extraño que muchos pidan que se explique la razón para no verlas partiendo del evangelio y la doctrina católica. […] No se puede dar la idea de que se compra libertad religiosa para la Iglesia en Cuba a cambio de silencio cómplice con la tiranía. […] No hay peor desprecio que no hacer aprecio. La Iglesia, y el Papa, deberían de tenerlo en cuenta. De lo contrario, cuando la dictadura caiga, y antes o después caerá, que nadie se queje si a los obispos católicos cubanos se les dice algo parecido a lo que se dijo de los obispos ortodoxos rusos que sobrevivieron a la URSS».

Observemos cómo Pérez dice que "la Iglesia, y el Papa, deberían de tenerlo en cuenta"; pero, previendo una decepción, anticipa que las quejas deberían formularse… "a los obispos católicos cubanos". ¿Y al papa? Ese mismo día terminó la visita papal; lectores católicos insertaron comentarios al post discutiendo si era correcto criticar al papa por no haber recibido a esas damas. Pérez mantuvo su posición: "No creo que sea pedir mucho que el Vicario de Cristo reciba a las víctimas de una de las tiranías más largas de la era moderna. Quizás otros sepáis darme una razón conforme a la fe católica para que no lo haga. Soy todo oídos". Los lectores insisten en el carácter pastoral de la visita, en que esas damas pueden asistir a las misas y ver allí al papa, en que hay que confiar en el criterio de Benedicto… Pérez replica agudamente: "¿O me vais a decir que, siguiendo vuestros argumentos, reunirse con Castro no es cosa política sino pastoral?". Muchos ven mal que el director de InfoCatólica critique al papa: "¡Quién sabrá más de diplomacia que el Vaticano!". Pérez responde: "La fe católica no consiste en estar de acuerdo con las decisiones políticas de la Secretaría de Estado". ¿De la Secretaría de Estado? ¿El papa no decide nada?

Ratzinger vuelve a Roma habiéndose exhibido con los hermanos Castro y sin tener el más mínimo gesto hacia los opositores. Es el momento de sacar conclusiones sobre el papa. Los comentarios a esa entrada del blog se cortan abruptamente (algo común en esa publicación): «Todas las posturas están claras. Punto final a los comentarios a este post. Los comentarios están cerrados para esta publicación». Recordemos lo que decía el artículo que los precedía: si no ve a las Damas de Blanco, «no tiene nada de extraño que muchos pidan que se explique la razón para no verlas partiendo del evangelio y la doctrina católica». Desde InfoCatólica, que nos conste, no se ha pedido que se explique esa razón. Y mucho menos a la persona que se negó a recibir a esos opositores.

Como muy bien señala Pérez: «Se compra libertad religiosa para la Iglesia en Cuba a cambio de silencio cómplice con la tiranía». Así es: la ICR siempre exige "libertad religiosa" para sí misma; rara vez exige que se aplique a todos los demás. No es de extrañar, dada la peculiar comprensión de este concepto por parte del papado (ver ¿Qué debemos entender por libertad religiosa según el Magisterio de la Iglesia Católica?). De momento, el Vaticano ha logrado que permitan construir un nuevo seminario católico y transmitir las más importantes misas a través de la televisión nacional, así como que el "Viernes Santo" sea declarado festivo (es decir, que el estado se empiece a regir según los criterios litúrgicos de una confesión concreta). Es evidente que el papado está preparando su papel hegemónico en el panorama religioso-político tras la caída del castrismo.


Pasividad del papa ante el abortismo de algunos católicos

En cuanto a la exculpación del máximo líder, el mismo Luis Fernando Pérez la viene aplicando repetidamente en relación con la pasividad papal frente al tema del aborto: «Algunos llevamos pidiendo desde hace tiempo que el Papa dé un paso al frente y decrete la excomunión de los políticos que apoyan con su voto el aborto. Pero desde luego, mientras no se tome esa medida, lo menos que cabría esperar es que al menos se les prohibiera comulgar», escribió en 2009. Pero el papa no le hizo mucho caso; de hecho, poco antes había acogido «con respeto» al abortista Tony Blair, tras "convertirse" al catolicismo. "Solicito la intervención de Roma ante las declaraciones del Abad de Montserrat", clamaba Pérez en 2010, a raíz de unas afirmaciones de este abad en relación con el aborto; pero Roma tampoco tomó cartas en el asunto. En 2011: "Voy a escribir a la Santa Sede ante la situación de la Javeriana de Bogotá". Y escribió, advirtiendo a sus lectores de que no se trataba de una campaña, sino de un gesto personal; pero no me consta que se supiera más del asunto.

Y así continuarán algunos osados de entre estos sectores papistas, clamando por que el papa tome las riendas en tal o cual asunto, pero sin llegar a sacar las conclusiones pertinentes cuando ven la terrible incongruencia de su líder. Su fidelidad ciega a quien consideran "Vicario de Cristo", el autoengaño de atribuir esa incoherencia al bloqueo por parte de jerarquías subalternas, y su incapacidad de reconocer el Principio de Sí Contradicción mediante el cual el papado consolida su objetivo, que es el Poder, les impiden llevar sus reclamaciones a las últimas consecuencias.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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