Miradas hacia Oriente
© G. S. V. [guillermosanchez@laexcepcion.com] (30 de julio de 2002)

Desde el siglo XIX existe en Europa una fascinación por la religiosidad oriental. Numerosas personas, sobre todo intelectuales, se han convertido al hinduismo o al budismo, y gran parte de las prácticas religiosas y supersticiones asiáticas se han difundido por Occidente. También existe un movimiento de aproximación ecuménica entre las espiritualidades occidental y oriental.

Los principales promotores son los diversos organismos ecuménicos internacionales e interreligiosos (ver Ecumenismo humanista). Además, la Iglesia Católica Romana está dando significativos pasos de aproximación. El Concilio Vaticano II ya afirmaba que «la Iglesia católica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo» (Nostra aetate 2).

A diferencia de otras ramas de la cristiandad, más cercanas a la concepción bíblica del hombre y de la religiosidad, el catolicismo, dada su naturaleza sincrética, presenta algunos rasgos comunes con la religiosidad oriental: la tradición monástica, la veneración de imágenes, el dualismo antropológico (ver Dualismo antropológico griego y judeocristianismo). Si existen reservas del papado hacia las religiones orientales, en éstas, mucho más sincréticas todavía, se asume la integración de gestos característicamente católicos, sobre todo aquellos de menor raigambre evangélica. Por ejemplo, en noviembre de 2001el Dalai Lama visitó el santuario de Fátima, donde tuvo lugar una meditación ecuménica por la paz con la presencia de representantes de varias religiones; allí depositó una flor a los pies de la estatua de María. No son pocos los contactos del papa con este líder que, por cierto, representa a un sector minoritario del budismo, pero cuya proyección política y espiritual es de gran influencia internacional.

La oposición al aborto y la eutanasia y sus implicaciones políticas son otro punto en común entre católicos y orientales. El cardenal Arinze, presidente del Consejo Pontificio por el Diálogo Interreligioso, con motivo de la tradicional fiesta de Vesakh, la más importante para los budistas, declaró que «uno de los valores más importantes es sin duda el derecho a la vida, que debe ser protegido desde la concepción hasta el momento de la muerte natural» (Zenit, 9.4.02).

A pesar del rechazo de algunos sectores, el viaje del papa a la India en noviembre de 1999 cosechó importantes frutos ecuménicos. Destacadas personalidades del mundo hindú han valorado positivamente la figura del papa, al que cada vez más se contempla en oriente como «un gran líder espiritual» y «un gran santo» (Zenit, 20.6.02).

Ahora bien, a pesar del sincretismo católico, la aproximación de Roma a Oriente, como ocurre con el resto de las religiones y confesiones (ver Ecumenismo cristiano), se hace partiendo del esquema según el cual la verdad plena está en posesión de la ICR, que sería la única institución que extiende su gracia hacia la humanidad a modo sacramental (ver Ecumenismo y autoridad). Lo expresa perfectamente Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares, al hablar de sus encuentros con líderes hinduistas: «La Iglesia no se mide sólo por el número de los católicos sino que, como Jesucristo ha muerto por todos los hombres, hay que medirla por el número de todos aquellos por los que Él ha muerto, es decir la humanidad entera. Por tanto, en cierto modo, la Iglesia está también “fuera de sí misma”. Con el diálogo se abre a aquella parte de “sí misma que existe fuera de sí” y que está presente en las semillas del Verbo. Pero el Verbo es el Verbo de Dios. Y Jesucristo, Verbo encarnado, es “nuestro” ĄDebemos, por tanto, considerar a estas “semillas” como también “nuestras!”» (Zenit, 9.2.01).

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