Las máximas del “patriota”
© J. F. S. P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (23 de septiembre de 2003)

Decálogo que recoge sentimientos y convicciones comunes a una especie de patriotas muy extendida por ahí (por fortuna, no todos son de este tipo).

1. Si otro país deja en mal lugar al mío, se trata de un hecho inadmisible, y requiere de mi gobierno una enérgica respuesta, cuando menos diplomática (pero no demasiado diplomática). Si es mi país el que deja en mal lugar a otro, será porque éste se lo merece, y es prueba de que el mío tiene una digna y respetable presencia internacional.

2. Si otro país ocupa militarmente el mío, es una invasión intolerable que exige la inmediata resistencia bélica, por todos y cualesquiera medios a nuestro alcance, con vistas a expulsarlo y procurando, si es posible, masacrar a su ejército. Si es mi país el que ocupa a otro, se trata de una valerosa intervención tal vez llamada, quién sabe, a (re)construir un glorioso y heroico imperio nacional.

3. Si unos sujetos extranjeros o independentistas atentan contra la vida de compatriotas míos, se trata de terroristas despreciables, violentos asesinos, monstruos viles que merecen la mayor reprobación y la más horrenda de las suertes. Si es el ejército de mi país el que efectúa, o apoya, un ataque contra otra nación con resultado de víctimas civiles, se trata de una desgracia colateral a la noble causa (civilizatoria, preventiva, defensiva...) que ha movido a mi país a actuar allí.

4. Si pretende n llegar extranjeros a mi país, en particular si se trata de pobres con raza y/o cultura muy diferente a la nuestra, ha de controlarse y restringirse al máximo su entrada y, cuando les sea admitida, debe exigírseles una escrupulosa observancia de las normas de mi país, así como una plena e inmediata adaptación cultural a todas nuestras costumbres. Si son compatriotas míos los que emigran, deben ser tratados con el máximo respeto por el país de acogida, permitiéndoseles establecer todo tipo de casas nacionales, regionales o clubes patrióticos, cuando no colonias demográficas, a fin de facilitarles la preservación de su identidad nacional.

5. Si mi país es económicamente débil en todos o algunos sectores productivos, éstos deben ser amparados por medidas, cláusulas o uniones internacionales de corte proteccionista. Si mi país es fuerte en todos o algunos sectores, entonces respecto a ellos ha de establecerse el máximo grado de libre comercio internacional.

6. En cualquier conflicto de mi país con otra u otras naciones, deben prevalecer la verdad y la justicia salvo que, por culpa de ello, mi patria pueda resultar perjudicada política, económica o moralmente.

7. Si la selección de fútbol de otro país gana injustamente un importante partido a la del mío (por ejemplo, debido a erróneas decisiones arbitrales), se trata de un latrocinio que ha mancillado nuestro honor patriótico (a fin de cuentas, la selección de mi país es mi país), y debería apelarse a las más altas instancias internacionales competentes para que el encuentro se repitiese o, al menos, para que el árbitro se llevase una durísima sanción. Si es, en cambio, la selección de mi país la que obtiene el triunfo merced al arbitraje, lo importante es que se ha ganado, y todo buen patriota debería salir a la calle para celebrarlo.

8. Si la selección de fútbol de mi país gana de la manera que sea, pero sobre todo si es brillante, hemos ganado. Si pierde con toda justicia, vapuleada por un rival superior, vaya porquería de equipo tenemos... ¡Es intolerable que el seleccionador haya convocado a esos jugadores!

9. Si nuestro/a representante en el Festival de Eurovisión gana las votaciones, se confirma que nuestra canción era la mejor. Si queda en mala posición, es porque varios países se han coaligado contra el nuestro y se han votado entre sí.

10. En suma: mi país es bueno por definición, y es esencialmente puro, a pesar de ciertos accidentes temporales; por este motivo está llamado a un destino glorioso en la tierra, y cualquier obstáculo que se interponga en su camino ha de considerarse un agravio frente al cual todos los patriotas deben levantarse en el acto.

© LaExcepción.com

Para escribir al autor: juanfernandosanchez@laexcepcion.com y laexcepcion@laexcepcion.com


Las máximas alternativas
© Guillermo Sánchez Vicente [guillermosanchez@laexcepcion.com] (7 de octubre de 2003)

A instancias de un lector, nos hemos animado a redactar una versión “en positivo”, mostrando opciones alternativas a las máximas del “patriota”.

1. Tanto si otro país deja en mal lugar al mío como si es mi país el que deja en mal lugar a otro, habrá que analizar fríamente las razones por las que ha ocurrido así, y comprobar en qué medida han sido afectadas las personas de uno u otro país (muchas veces el que un país “deje mal” a otro no implica más que una herida en el “orgullo nacional”, sin repercusiones reales más que para los “patriotas”). En la mayoría de las ocasiones lo más sensato es no tomar partido ni por uno ni por otro, a fin de no incurrir en el indeseable simplismo bipolar.

2. Si otro país ocupa militarmente el mío, buscaré en Dios la templanza de ánimo y las fuerzas para asumir el mayor de los heroísmos en tiempo de guerra: apostar por la paz de forma activa, aun a costa de arriesgar mi vida. (Quienes toman las armas ponen en riesgo su vida y la de sus compatriotas, con resultado seguro de numerosas muertes. Cuando la población colabora con acciones de resistencia pacífica, aun produciéndose bajas por la exposición desarmada al ejército invasor, son mucho menores que cuando el pueblo toma las armas para repeler al agresor). Si es mi país el que ocupa a otro, exigiré que se detenga la matanza.

3. Si unos sujetos extranjeros o independentistas atentan contra la vida de compatriotas míos, se trata de terroristas despreciables, violentos asesinos, monstruos viles que merecen la mayor reprobación y un castigo justo conforme al estado de derecho. Si es el ejército de mi país el que efectúa, o apoya, un ataque contra otra nación con resultado de víctimas civiles, los crímenes serán considerados de la misma gravedad que en el caso anterior.

4. Si pretenden llegar extranjeros a mi país, ha de aplicarse una legislación que busque el difícil equilibrio entre respetar sus derechos (entre los que nunca figurará cualquier actividad que lesione los derechos fundamentales recogidos en nuestra Constitución; es decir, se aplicarán las mismas normas que a los nativos) y exigirles responsabilidades (como ha de exigírsenos a los nativos, cosa que no siempre se hace). Si son compatriotas míos los que emigran, deberían seguir (y aplicárseles) en el país de destino esos mismos principios enunciados.

5. Tanto si mi país es económicamente débil como si es fuerte en todos o algunos sectores, deberá fomentar entre los demás países un sentido de la responsabilidad global ante problemas globales, tratando de respetar los derechos básicos (empezando por la subsistencia alimentaria) de todo el mundo.

6. En cualquier conflicto de mi país con otra u otras naciones, deben prevalecer la verdad y la justicia a pesar de que, como consecuencia de ello, mi patria pueda resultar perjudicada política, económica o moralmente.

7. Tanto si la selección de fútbol de otro país gana injustamente un importante partido a la del mío, como si es la selección de mi país la que obtiene el triunfo merced a un arbitraje dudoso, aplicaré al fútbol la reflexión que Groucho Marx hizo sobre la caja tonta: “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro”.

8. Si la selección de fútbol de mi país gana brillantemente, es una buena ocasión para que los aficionados al fútbol de cualquier país hayan disfrutado de este entretenido deporte; si pierde por los méritos del equipo contrario, los verdaderos aficionados al fútbol (son poquísimos; ver ¡Qué poco gusta el fútbol!) habrán disfrutado en la misma medida por la calidad del juego.

9. Tanto si nuestro/a representante en el Festival de Eurovisión gana las votaciones como si queda en mala posición, aplicaré los principios establecidos en los puntos 7 y 8, según me guste más (punto 8) o menos (punto 7) este tipo de canciones.

10. En suma: ningún país es mejor que otro esencialmente; si acaso circunstancialmente. Pero como lo de “país” es en gran medida una abstracción, mi atención se dirigirá sobre todo a las personas que accidentalmente habitamos en uno u otro (personas de toda raza, tribu, lengua y pueblo), considerando la dignidad de todas ellas igualmente preciosa.

© LaExcepción.com

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com

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