La masonería, ¿una amenaza para la democracia?
© Guillermo Sánchez Vicente
www.laexcepcion.com (27 de junio de 2005)

En los últimos meses estamos presenciando en España una serie de ataques contra la masonería, a la que se le acusa de pretender imponer un “laicismo radical” en España y en Europa, y poco menos que de querer dominar el mundo. ¿Cuál es el objetivo de esta campaña?

Entre los propagandistas destacan periodistas como César Vidal o Luis María Ansón, historiadores como Ricardo de la Cierva o diversos colectivos católicos. Acusan a esta organización secreta de estar detrás de las medidas supuestamente anticristianas del gobierno de Rodríguez Zapatero.


La masonería

Desde nuestro limitado conocimiento de la masonería, no nos sentimos capacitados para hacer una valoración precisa y definitiva sobre la misma. Por otro lado, sintetizar en pocas frases un juicio hacia un movimiento tan variado y disgregado resulta no sólo temerario, sino también injusto. La masonería ha estado asociada, por ejemplo, a movimientos terroristas como la logia P-2 italiana; pero no por ello habría que atribuir los desmanes de éste al conjunto de los masones, ¡ni mucho menos! En cambio, comprobamos cómo hoy se procede a una descalificación global de estas sociedades y, lo que es peor, a la estigmatización de sus miembros en general, como se hiciera en otras épocas.

Ciertamente hay en ella aspectos inquietantes, como el carácter secreto (“discreto”, lo llaman ellos) e iniciático de sus celebraciones, y las conexiones con algunas categorías esotéricas, cuando no satanistas (el carácter satánico de ciertos ritos está reconocido abiertamente al menos por algunos Illuminati). Un aspecto que consideramos significativo es el hecho de que existan grados de acceso a las diferentes logias; de ahí que sin duda el conocimiento que gran parte de los masones tienen de la propia organización a la que pertenecen siempre ha sido muy desigual. En caso de que se concluyera que la masonería presenta perfiles oscuros, lo razonable sería asociarlos con sus principales dirigentes; la historia de famosos masones demuestra que su adscripción a la sociedad se limitó a su identificación con los valores que la masonería proclama.

Valores que, al menos desde una perspectiva humanista, son muy loables (respetables, en todo caso). Como es sabido, la mayor parte de las logias sólo exigen de sus miembros la asunción de ciertos ideales, como la fraternidad entre los hombres, la libertad, la promoción del ser humano, la cultura y la razón, etcétera. A estas mínimas señas de identidad normalmente se añade el reconocimiento de la existencia de un “Gran Arquitecto del Universo”, metáfora que en principio dejaría abierto el acceso a creyentes de cualquier religión, si bien esta “teología” se identifica en especial con el deísmo (no en vano la organización moderna de la masonería se produjo en pleno Siglo de las Luces, la época en que el deísmo se impuso en la filosofía europea).

Al indagar en las obras y declaraciones de los actuales antimasones españoles, comprobamos que gustan de destacar la pertenencia a logias masónicas de diversos personajes siniestros de la historia. Pero no suelen resaltar que muchas personalidades positivas para el progreso de los valores humanos fueron también masones. Es más, algunos de estos autores antimasones, adscritos a un colectivo que hoy pretende (y casi ha conseguido) adueñarse de la etiqueta de “liberales” (ver La Brigada Antiprogre), parecen querer olvidar que gran parte del liberalismo decimonónico (del que se proclaman herederos) tuvo raigambre masónica. Una muestra más de las diferencias entre aquellos liberales que promovieron avances sociopolíticos que hoy disfrutamos, y que en general fueron idealistas (con todos sus defectos, que no fueron pocos), y los “liberales” de hoy, mucho más sectarios y reaccionarios. Además, la identificación que estos autores (todos ellos derechistas) hacen entre “masonería” e “izquierda” traiciona por completo la realidad, dado que históricamente ha habido (y hay) muchos masones de derechas.


Manipulaciones

La obra reciente más destacada en la línea que señalamos es Los masones: la historia de la sociedad secreta más poderosa de César Vidal, gran éxito de ventas, como la mayor parte de las publicaciones de este ilustre miembro de la Brigada Antiprogre. Este libro ha sido valorado muy críticamente por no pocos especialistas (ver por ejemplo el breve pero documentadísimo artículo de Víctor Guerra, César Vidal y sus masones, en el que se exponen los plagios y errores documentales de la obra). Vidal además saca a relucir de forma oportunista (e inoportuna) sus sempiternas fobias, dedicando algunos capítulos a grupos religiosos cuya vinculación con la masonería es nula (caso de los adventistas del séptimo día) o remotísima (caso de los testigos de Jehová), para repetir acusaciones (y varias falsedades) que en otras de sus obras ya publicara hace tiempo. Por otro lado, se esfuerza por desvincular por completo de la masonería los orígenes de la democracia estadounidense (en los que las conexiones masónicas son bien conocidas), llevado por su admiración acrítica hacia el país norteamericano. De paso, quizá debido a que Vidal se dice evangélico, olvida mencionar los protestantes españoles que fueron masones; y a la vez, como apoya incondicionalmente a la Iglesia Católica Romana (para la cual trabaja en la cadena Cope), no hace mención a las oscuras vinculaciones entre ciertos sectores de ésta y algunas logias masónicas (por no mencionar los indudables vínculos de la masonería inicial con ciertas órdenes católicas romanas, como los templarios). Tampoco destaca la militancia juvenil de George W. Bush (y de John Kerry, por cierto) en la sociedad secreta Skull and Bones.

La tesis de Vidal, De la Cierva y similares es que la masonería no sólo pretende, sino que en gran medida ha conseguido dirigir la política mundial con oscuros intereses. Una tesis inverosímil a partir de los vagos datos con que pretenden apoyarla (el propio De la Cierva reconoce que en España no hay hoy más de 3.000 o 5.000 masones, en lo que coincide con Victor Guerra, que ofrece la cifra de 4.000 en “¿Qué es esto de la masonería?”, Política, mayo-junio de 2005). El “brigadista” Federico Jiménez Losantos hace meses que ve masones por todas partes: «Hay muchas clases de masonería. Nada que ver la blanca y antigua con la negra y moderna de tipo mafioso, como aquella en la que ingresó Mario Conde. Lo que sí me sorprendió, y creo que fui el único en comentarlo, fue el discurso típicamente masón de ZP» (chat en Libertad Digital, 28.4.04). Según este propagandista, la asociación Jueces para la Democracia constituye una «masonería judicial, quintaesencia del sectarismo» (chat del 26.5.04)

Hasta han llegado a vincular de forma peregrina a la masonería con los atentados del 11-M de 2004 en Madrid. Como recuerda el masón liberal y católico Alberto Acereda en su artículo El 11-M y los ataques a la masonería, «Jiménez Losantos explica cómo la juez antiterrorista Laurence le Vert informó a José Blanco a través de Margarita Robles de que iba a haber detenciones de islamistas el 13-M. Según Jiménez Losantos era el 12 de marzo y Blanco estaba cenando con el periodista de TVE Miguel A. Sacaluga y con Alfredo Rubalcaba. Uno de los comensales propuso que fueran a celebrarlo a su casa. Jiménez Losantos comenta los detalles de aquella cena y añade datos sobre las fuentes de le Vert, casada –según el periodista– con el grado 33 de la Masonería francesa». A Vidal también le gusta recordar (p. ej., en Zenit, 27.1.05) que ¡el abuelo! de Rodríguez Zapatero era masón (¿Habrá que deducir acaso las verdaderas convicciones de Vidal a partir de la filiación religiosa o política de sus abuelos?).

La fijación de estos sectores con la masonería recuerda bastante a las obsesiones de Franco con la “conspiración judeomasónica”; claro que la mayoría de los cazamasones de hoy prescinden de aquella abominable judeofobia, pues son en general sionistas (hay excepciones). Este revival neofranquista se aprecia en otras expresiones típicas de tiempos de la dictadura y recuperadas ahora, como ‘separatistas’ para aludir a los nacionalistas vascos (que ciertamente lo son, en general), el uso de ‘comunista’ como insulto, el de ‘moro’ en tono despectivo, etcétera. Es digno de destacar el tono ofensivo con que pronuncian estos calificativos.

El semanario católico Alba titulaba así una entrevista con Ricardo de la Cierva: «Rodríguez Zapatero es masón» (12.5.05). Leyendo la entrevista no se encontraba semejante afirmación por parte del historiador. Pero sí hacía declaraciones de este tenor: «La política ferozmente anticristiana y anticatólica de Zapatero en temas como las relaciones con la Iglesia, el ‘matrimonio’ homosexual, la reforma educativa, etcétera, está dirigida a erradicar la influencia de la Iglesia en la sociedad. Eso es la masonería.» Interesante, pues se trata de un buen indicio de que en realidad esta campaña antimasónica no está dirigida tanto a atacar a esta organización “fantasmal”, cuanto a defender a la Iglesia Católica Romana. Más adelante afirma: «Ahora Zapatero está un poco más moderado, porque ha visto la reacción mundial tras la muerte de Juan Pablo II y la elección del cardenal Ratzinger como nuevo Papa. Y por si esto fuera poco, ha visto cómo la prensa masónica española se ha rendido a la evidencia de que Juan Pablo II poseía aquellas cualidades que ellos más veneran: dominio de las masas, profundidad espiritual y proyección universal».

Quizá, entonces, para estos mismos autores el auténtico poder fáctico mundial, tal y como ellos desean, es el papado (ver 2-A: Demostración de fuerza vaticana), y en realidad la masonería no sea tan feroz como dicen. De hecho ésta, al igual que el islam, no es más que uno de sus chivos expiatorios.

Pero, ¿es Zapatero masón o no? Unos días después (revista Época, 20.5.05), De la Cierva escribía: «Agradezco a José Luis Rodríguez Zapatero que no haya encargado respuesta alguna a la entrevista que me acaba de publicar el semanario Alba en la que me pareció necesario comunicar mi convencimiento de que el señor presidente está vinculado a la masonería. Con este silencio ha frenado, por el momento, mi ya preparada réplica en la que pensaba informar sobre los miembros de su Gobierno y de su partido que están afectados por la misma vinculación, según fuentes masónicas fiables. De esta forma podré profundizar, matizar y completar esa lista, para que la opinión pública pueda comprender mejor los orígenes y los cauces de esa política indudablemente masónica que se está realizando en España» (cursiva añadida). Curiosa amenaza de outing, al más puro estilo del lobby gay.


El auténtico poder fáctico

La manipulación es permanente. En una entrevista de Periodista Digital a Josep Corominas i Busquetta, presidente de la Gran Logia de España, a la pregunta de si dijo o no que ocho ministros españoles son masones, responde: «Eso es una mentira, nunca he dicho tal cosa. Para que veas cómo se crean las mentiras, un buen día Federico Jiménez Losantos publicó en una columna que había ocho ministros masones, y Ricardo de la Cierva dice que yo lo he dicho durante unas conferencias en Vigo. Pero si yo no he estado en Vigo desde hace más de ocho años.» A pesar de este desmentido, varios medios dieron por cierta la afirmación de De la Cierva.

Entre ellos está el periodista Luis María Ansón, quien escribía en La Razón (1.6.05): «Como ser masón no constituye delito y la masonería es una organización más sin problemas de funcionamiento en un país democrático, los servicios de información de Moncloa deberían aclarar si lo que afirma el tal Corominas es verdad o no. Hay que despojar de misterios y veladuras estas cosas. Los españoles tienen derecho a saber si sus ministros son masones o no y en qué grado y circunstancias.»

También dio por válido lo de los ocho ministros masones el Movimiento Cultural Cristiano, que publica la revista Autogestión y la web www.solidaridad.net. Tradicionalmente antifranquistas, izquierdistas y pacifistas, desde hace un tiempo este colectivo católico se ha especializado en colaborar con gran contundencia verbal en la campaña de acoso y derribo contra el gobierno de Zapatero, a la vez que defiende a capa y espada las posiciones más audaces de la Conferencia Episcopal Española y del Vaticano, tratando además de hacer pasar al papado por el principal defensor de la justicia y la equidad en el mundo (!!!).

En un artículo del 31 de mayo de 2005, un anónimo autor clama: «ZAPATERO... ¿eres masón? ¡Díselo a los electores!, tienen derecho moral a saberlo». Parece olvidar un principio constitucional: «Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias» (art. 16).

Es muy interesante leer el resto de sus argumentos y aplicarlos a su Iglesia Católica Romana: «Una asociación secreta no es democrática nunca.» ¿Es democrática la ICR? ¿Y acaso no representa ésta a un estado extranjero que interfiere permanentemente en los asuntos internos de nuestro país?

«Todos sabemos en España que la masonería fue clave en la Guerra Civil española.» Todos sabemos que muchísimo más lo fue la ICR. «En un bando y en otro.» Ídem: recordemos el clero de Euskadi (y pensemos en los paralelismos actuales en relación con el nacionalismo vasco…).

«El Jefe del Alzamiento Nacional, en los tres meses primeros de guerra, fue un masón: el general Cabanellas. ¿Pretenden hoy los masones situados en el PSOE hacer lo mismo? Es claro que todo militante de una organización secreta, y la masonería lo es, por naturaleza es antidemócrata.» Franco, el “Caudillo” del Alzamiento, era católico romano, y, como ya hemos apuntado, también es antidemocrática la ICR (y secretas algunas de sus actividades); tiene, por cierto, todo el derecho a serlo de puertas adentro.

«Los electores del PSOE no saben si a los que votan son masones o no.» Ni tienen por qué saberlo. Sobre dos de los ministros del gobierno de Aznar se rumoreaba que estaban vinculados a los Legionarios de Cristo (grupo católico romano); ¿habría que haberles forzado a pronunciarse sobre ello? Otro pertenecía abiertamente al Opus Dei, una organización católica en gran medida secreta; ¿eso le deslegitimaba para gobernar? La respuesta a ambas preguntas es “no”.

Finalmente, el anónimo autor proclama: «Los demócratas tenemos el deber de defender la democracia. […] Las dictaduras son malas con Franco y con Cabanellas y eso, las haga la derecha o la izquierda. Es igual.» Curiosamente, su web no tiene reparos en publicar textos del franquista Ricardo De la Cierva (él mismo dixit en la publicación neofalangista Minuto Digital), en uno de los cuales negaba que la insurrección de Franco fuera un “golpe militar fascista”.

En la contraportada del número de junio-julio de 2005 de Autogestión figura en grandes caracteres: “ZAPATERO ¡MENTIROSO! DE LA IGLESIA ERES MOROSO”. Las dos aes del apellido del presidente aparecen transformadas en el símbolo masónico de la escuadra y el compás. Se ofrecen a continuación las siguientes cifras: “Contribución del estado a la iglesia: 30,2 millones de euros. Contribución de la iglesia al estado en sanidad, atención social, educación y costes de infraestructura: 31.000 millones de euros” (ver nuestra apostilla a este tipo de argumentos).

Otra de las líneas de la campaña vino a raíz de la Constitución Europea, redactada por la Convención que presidió Valery Giscard d’Estaing, quien por lo visto es masón. Estos sectores, en sintonía con el papado, acusaron al lobby masónico de suprimir la mención a las “raíces cristianas de Europa” en el Preámbulo de la Carta Magna (cuando en realidad sí se menciona la «herencia cultura, religiosa y humanista de Europa»; ver Las “raíces cristianas” de Europa: una exigencia confesional).

Se pretendía hacer creer que el artículo I-52 es “anticristiano” (es decir, anticatólico), al mencionar el reconocimiento «en los Estados miembros, en virtud del Derecho interno, a las iglesias y las asociaciones o comunidades religiosas» (negrita añadida), además de respetar el «estatuto reconocido» a las «organizaciones filosóficas y no confesionales». La clave, alegan, es que sitúa en el mismo plano a las iglesias “tradicionales” y a otras organizaciones (algo esencial en un estado aconfesional, por cierto) y «somete las iglesias a las distintas naciones pero libra de esa obligación a las "organizaciones filosóficas"» (César Vidal en Zenit, 27.1.05). Además de ser esto falso (el Derecho interno se menciona para todas las organizaciones: las religiosas en el punto 1 y las no confesionales en el 2), desvían así la atención de la verdadera clave, que reside en que, al subordinar a la Constitución europea con respecto al “Derecho interno” de cada país, se está forzando a mantener los concordatos del Vaticano con los estados, muchos de los cuales contienen elementos contrarios al derecho democrático e incluso a las constituciones aconfesionales de diversos países. En realidad el papado salió ganando con esa Constitución (con razón el Vaticano la apoyó, aunque con la boca chica, pues lo quieren todo), cuya vigencia, por otro lado, es muy precaria hoy tras el “no” en los referéndums de Francia y Holanda. No sería extraño que el fracaso actual trajera una reformulación, esta vez sí con “raíces cristianas” incluidas.

Ya en 1983 el entonces prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy papa Joseph Ratzinger recordaba que «los fieles que pertenecen a las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden acceder a la Santa Comunión» (Declaración sobre la masonería). Según Webislam (citando a Religión Digital, 18.2.05) el todavía cardenal Ratzinger explicó «a no pocos obispos españoles de visita ad limina en Roma que la masonería está controlando casi todo "en y desde" Bruselas. […] Cree el cardenal teutón, guardián de la ortodoxia, que la masonería quiere usar España como banco de pruebas para lograr arrancar del todo la influencia del cristianismo en Europa.»

En conclusión, y sin que afirmarlo tenga que suponer simpatías hacia la masonería, es evidente que hay una campaña orquestada desde el Vaticano que cuenta con múltiples y variados colaboradores (seguramente, algunos de ellos bienintencionados y asustados por la “amenaza masónica”). El objetivo es convertir a la masonería en chivo expiatorio de los males de la sociedad y la política, el cual sirva como cortina de humo para ocultar ante la opinión pública la identidad del verdadero poder fáctico que, actuando tanto en la sombra como a plena luz, pretende imponerse en todos los órdenes: el papado y la estructura jerárquica dependiente de él. Atacan en distintos frentes (moral sexual, legislación, medios de comunicación, educación, política exterior…) y se han propuesto doblegar al estado.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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