La orgía de la codicia
© J.F.S.P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (22 de diciembre de 2002)

España, 22-D y 6-E, apoteosis de la miseria vestida de plata de ley.

«Todo está al servicio de la barbarie que se aproxima,
todo, incluso el arte y la ciencia de este tiempo.»

(F. Nietzsche, Consideraciones intempestivas, III, § 4)

Siempre fueron las humanas almas sedientas de satisfacción. Atrapadas entre la espada de la conciencia y la pared de su naturaleza (ver La gran paradoja humana), anhelaron una salida realmente liberadora, pero de ordinario la buscaron mal. La larga historia del hombre no ha sido sino una recurrente búsqueda en lugares equivocados, y el presente confirma que el progreso en muchos campos ha dejado indemne tendencia tan secular. Ocasionalmente algunos vieron, por momentos, su avidez saciada, y se entregaron a una curiosa danza para mostrar su inmensa gratitud...

Adoradores del baal de rostro áureo, sacudidos hasta el trance por el frenesí más desenfrenado, descorcharon sus botellas en orgasmos jubilosos y pretendieron hacer de su fiesta la fiesta de todos. Las cámaras de televisión ya estaban preparadas, ya tomaban sus imágenes, pero ellos (tímidos o no, daba igual) no experimentaron la menor vergüenza.

Sorbieron el éxtasis hasta la heces, gozándose en que no sería sino el primero de una larga cadena, de una vida entera de embriaguez en honor a su Mamón. Cumplieron, aquellos baalitas, el rito obligado de la ostentación obscena ante un público mayormente envidioso de su suerte, y del que esperaban –por alguna extrañísima razón– compartiese su alegría. Pero el milagro acaeció, y el país de charanga y pandereta, dirigido por sus líderes mediáticos, les seguía y jaleaba desde el otro lado de las pantallas.

Vendrá luego la resaca, sí, pero será fácilmente conjurable mientras la cuenta corriente se mantenga rebosante tras el golpe de suerte. Y el goce, radical enemigo del más puro gozo, seguirá rigiendo las vidas de los nuevos opulentos hasta que la ruina física, económica o moral, les sobrevenga. Acaso muchos de ellos no se percaten de la falsía de su fortuna hasta ese momento en que la verdad llegue para delatarla. Para reprocharles su ingenua sumisión a un ídolo que promete dicha sólo para alejarlos de ella cuanto más le sea posible.

España, 22-D y 6-E, apoteosis de la miseria vestida de plata de ley: uno de los espectáculos más tristes y denigrantes de la condición humana que a unos ojos sensibles le es dado contemplar.

© LaExcepción.com

[Página Inicial] | [Índice General]
[Actualidad] | [Asuntos Contemporáneos] | [Nuestras Claves] | [Reseñas]

copyright LaExcepción.com
laexcepcion@laexcepcion.com