Los hijos de Abrahán
© G. S. V. [guillermosanchez@laexcepcion.com] (30 de julio de 2002)

A pesar del 11-S, avanza el ecumenismo entre cristianos y musulmanes, al que se unen también algunos judíos.

En los últimos años se pueden apreciar en Occidente dos actitudes ante el islam. En primer lugar, la basada en el “choque de civilizaciones”, según la cual la civilización islámica es intrínsecamente opuesta a la occidental (o “judeocristiana”) y por tanto incompatible en todos los aspectos, de manera que la mejor defensa de Occidente es la protección contra el Islam por vías políticas, militares, sociales, legislativas... Según esta visión, el 11-S no es más que una confirmación de esta necesidad de combatir el islam. Defienden esta postura políticos e intelectuales entre los que se pueden hallar tanto judíos y cristianos (sobre todo católicos) como agnósticos y ateos (ver La Brigada Antiprogre).

Pero existe también un enfoque ecuménico, según el cual el diálogo y el conocimiento mutuo pueden favorecer a unas mejores relaciones entre ambas tradiciones religiosas, partiendo de sus elementos más positivos. Para ellos, el 11-S confirmaría la necesidad de un diálogo interreligioso fructífero. Esta postura es defendida por representantes de las tres religiones abrahámicas y por intelectuales y políticos de tendencia humanista.

En las instancias religiosas oficiales es más fácil percibir el segundo enfoque, si bien hay iglesias que no desdeñan instrumentalizar algunos de los postulados del “choque de civilizaciones”, sobre todo los que les permiten una supremacía (la propia de la civilización “superior”) en el proceso ecuménico. Las religiones occidentales no han declarado la guerra al islam, sino al integrismo, para lo cual desde Occidente se ve necesario promover el islam más moderado como forma de evitar la expansión integrista. Un amplio movimiento intelectual trata de valorar las dimensiones más humanistas del islam y conjugarlas con la cultura occidental.


Católicos y musulmanes

Desde el punto de vista religioso, el liderazgo en este diálogo, como ocurre en el ecumenismo cristiano, lo ostenta la Iglesia Católica Romana. Existen numerosos puntos de fricción y abismos insalvables entre el catolicismo y el islam, especialmente en materia doctrinal (la concepción unitaria de Dios frente a la trinitaria, la función de Jesús, etc.), pero también se han tendido muchos puentes. Es bien conocida la coincidencia del Vaticano y los países islámicos a la hora de tomar decisiones sobre algunos temas morales (mujer, contracepción, aborto) en los foros internacionales. Y no hay que olvidar que precisamente la concepción teocratista del poder no es exclusiva de los países musulmanes; el propio papado es un poder político-religioso y, aunque valora positivamente la separación de la iglesia y el estado en otros estados, extiende su jurisdicción canónica, y por tanto jurídica, a todos los territorios donde la legislación se lo permite. Esta concepción jerárquica del poder, junto con la identificación entre iglesia y sociedad, se reflejan en declaraciones como las del obispo católico de Túnez: «Yo me siento el pastor no sólo de mis veinte mil católicos, sino de los nueve millones de habitantes de Túnez. Casi todos musulmanes» (Zenit, 7.2.02).

El llamado del papa a los católicos y a otros fieles a ayunar conjuntamente con los musulmanes con ocasión del último Ramadán (diciembre de 2001), pocas semanas después de los atentados del 11-S, fue muy bien recibido por representantes musulmanes como signo de acercamiento religioso.

Sorprendentemente, también se abren perspectivas de diálogo en torno a la figura de María. Ya el Concilio Vaticano II destaca que los musulmanes «honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente» (Nostra aetate, 3). La publicación católica Ignatius Press recordaba en enero de 2002 los intentos ecuménicos que desde hace cincuenta años se vienen promoviendo en este campo a partir de algunos textos coránicos, donde hay hasta una posible alusión a la inmaculada concepción de María. Representantes musulmanes así lo aceptan. Por otro lado se considera que Fátima, la hija de Mahoma, podría concebirse como una “post-figura” de María que, invocada con ese nombre, supone una vía de atracción de musulmanes (de hecho, algunos de éstos peregrinan al santuario mariano portugués). En junio de 2001 se mantuvieron en Lourdes unos encuentros interreligiosos sobre la figura de María, en los que diferentes especialistas (incluido un musulmán) destacaron los aspectos que pueden acercar a la virgen a todas las religiones.

En esta línea ecuménica, el pastor luterano y gran teólogo Jürgen Moltmann proponía, tras los atentados contra Estados Unidos, que «podría ser justamente el Papa quien convocara a todos los líderes cristianos y musulmanes en un congreso mundial para llegar a algún paso concreto, con vistas a una nueva política mundial» que tenga como objetivo evitar el enfrentamiento (Zenit, 26.9.01; negrita añadida). El diálogo estaría por tanto condicionado por necesidades políticas, no por la voluntad de conocimiento mutuo (ver Diálogo).


Cristianos y judíos

En los últimos años se ha podido constatar un notable avance en el diálogo entre cristianos y judíos. Ya entre las comunidades evangélicas existía un acercamiento, sobre todo en Estados Unidos por su apoyo al estado de Israel. Desde Concilio Vaticano II el Vaticano abandona su tradición antisemita para promover también la aproximación a los judíos: «Si bien la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como réprobos de Dios y malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras» (Nostra aetate, 4).

Tras varios años de estudio sobre el tema, en marzo de 1998 el papa emitió un texto sobre el Holocausto en el que se eludía una responsabilización directa de las autoridades católicas en las masacres de judíos que desde la Edad Media alentaron en Europa. Se afirma que el antisemitismo nazi «hundía sus raíces fuera del cristianismo», lo cual es cierto ideológicamente, pero desvía la atención de la evidente línea de continuidad histórica entre los progroms de la cristiandad y el Holocausto. De ahí que algunos medios judíos consideraran tibias estas iniciativas. En los últimos años la polémica en torno al papa Pío XII y su consentimiento del nazismo ha sido ampliamente debatida, e incluso los historiadores judíos llegaron a retirarse de la comisión de investigación sobre el tema por la negativa del Vaticano a abrir todos los archivos.

Pero a pesar de ello el acercamiento ha seguido, con eslabones tan importantes como la visita del papa a Israel en 2000, donde nuevamente pidió perdón y fue cordialmente recibido tanto por judíos como por musulmanes. El prestigioso escritor israelí Amos Oz afirmaba que el papa «tiene el deber moral de fomentar la paz en la región y ofrecer su ayuda a todas las partes de todas las maneras posibles» (El País, 20.3.2000). Desde entonces el prestigio del Vaticano en la región ha ido creciendo (ver “Tierra Santa”), y los contactos interreligiosos se han profundizado.

El equipo vaticano que ha redactado el documento “El pueblo judío y sus Santas Escrituras en la Biblia cristiana” declara su propósito de caminar hacia «la concordia, hacia la unión» con el pueblo de Israel: «No sabemos cuándo se podrá realizar esta unión pero es nuestra meta y caminamos en esta dirección» (Zenit, 6.2.02; negrita añadida). El rabino de Roma Elio Toaff asociaba el ecumenismo con la escatología judeocristiana: «En el desarrollo del diálogo entre las religiones [...] podremos encontrar la paz del espíritu y convertirnos en “bendición” para el género humano. Y cuando todos los pueblos se consideren dignos los unos de los otros, entonces querrá decir que el Mesías habrá llegado» (Zenit, 12.2.02).

Durante 2002 varios documentos han insistido en este proceso ecuménico, como Dabru Emet (Decid la verdad), una declaración judía sobre los cristianos y el cristianismo, del National Jewish Scholars Project de Baltimore, redactada por cuatro catedráticos judíos y firmada por más de doscientos rabinos y profesores de esa religión en todo el mundo; o Auschwitz: historia y pensamiento, el primer documento conjunto de cristianos y judíos sobre el Holocausto.


Jerusalén

Además del ecumenismo de iniciativa cristiana con musulmanes y judíos, existen numerosos foros de encuentro de las tres religiones abrahámicas, en la línea del ecumenismo humanista. El proyecto de la UNESCO “Rutas de la fe” promociona este diálogo a tres bandas en torno a la idea de Jerusalén, «madre de todos los pueblos», como punto de confluencia de una gran peregrinación. Al margen del valor simbólico de este evento, es evidente el carácter sacralizador, tan alejado del espíritu del evangelio (Juan 4: 21, 23).

Nuevamente destaca el liderazgo católico romano. En septiembre de 2002, un año después de los atentados de Estados Unidos, se celebrará en Palermo (Italia) el encuentro de 350 exponentes religiosos y laicos del mundo judío, musulmán y cristiano bajo el lema «Hombres y Religiones». El portavoz de la Comunidad de San Egidio, Mario Marazziti, explica: «Queremos que el diálogo sea el remedio a corto, medio y largo plazo a la tentación de dividir el mundo, al muro que pretende separar el mundo occidental, judío y cristiano, del mundo árabe y musulmán» (Zenit, 16.7.02).

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