La “derecha cristiana” estadounidense, contra la separación iglesia-estado
© Guillermo Sánchez Vicente
www.laexcepcion.com (1 de junio de 2008)

Si hay un país en el que el desarrollo material y tecnológico no ha relegado la religión a un segundo plano, éste es Estados Unidos. En él hace décadas que encontramos fenómenos sociorreligiosos que de un modo u otro vemos reproducirse en muchos otros lugares. En esta nación que, al nacer a finales del siglo XVIII, estableció como uno de sus principios fundamentales la separación de la iglesia y el estado, presenciamos tendencias que lo contradicen abiertamente. El discurso político de la civil religion ha estado en la boca de los políticos de este país desde sus orígenes; pero, lejos de moderarse con el tiempo, viene cobrando un protagonismo institucional cada vez mayor y adquiriendo tintes cada vez más confesionales.

Muestra de ello es el Día Nacional de Oración, establecido por el Congreso en 1952 y fijado para el primer jueves de mayo por Ronald Reagan en 1988. El presidente George W. Bush ha participado en él en los últimos años, haciendo gala de su recurso habitual a la oración: «Millones de estadounidenses buscan cada día orientación en la oración al Dios Todopoderoso; yo soy uno de ellos» (1.5.03). Tampoco pierde la oportunidad de predicar su particular “guerra santa”: «Oramos por las tropas que defienden nuestra libertad contra nuestros enemigos resueltos de todo el globo» (5.5.05).

Frente al carácter interconfesional de este acto oficial, la Iglesia Católica Romana (ICR) celebra su Desayuno Católico Anual de Oración, al que también viene asistiendo el presidente. El 7 de abril de 2006 aprovechó la ocasión para hacer, como es habitual en él, un encendido elogio del papado: «En algunos de los países más avanzados del mundo, algunas personas han dejado de creer que el deseo de libertad es universal; algunos creen que ya no se puede distinguir entre lo correcto y lo equivocado: la Iglesia católica refuta esa visión pesimista de la naturaleza humana y ofrece una visión de la libertad y de la dignidad humanas enraizadas en las mismas verdades que los fundadores de Estados Unidos». Según Bush, «el Papa Juan Pablo II instauró una de las más grandes revoluciones libertarias que el mundo jamás haya conocido». Refiriéndose a Benedicto XVI, reconoció que también él piensa que «la medida de una sociedad libre se basa en cómo ésta defiende y trata a los más débiles y a los más vulnerables de sus miembros». Agradeció a las organizaciones católicas su liderazgo en lo que llamó «nuestros ejércitos nacionales de compasión» y, recurriendo a una expresión acuñada por Juan Pablo II, afirmó que «en Estados Unidos estamos trabajando para fortalecer la cultura de la vida» (Zenit, 7.4.06).


La “derecha cristiana” contra la separación iglesia-estado

En los años 80 numerosos líderes e iniciativas de las iglesias evangélicas, abandonando su tradicional recelo, decidieron dar un salto a la política activa, incluso electoral (ver Reagan, Wojtyla y la “Santa Alianza”). Es la conocida como “derecha cristiana”. Desde entonces se han multiplicado los lobbies adscritos a esta corriente, que cuenta con organizaciones como la Christian Coalition of America, Faith and Values Coalition, Family Research Council, cuya influencia en instancias sociales y políticas (incluso en el Congreso y en el gobierno) ha crecido exponencialmente. El movimiento laicista, en cambio, no cuenta con un poder equivalente; organizaciones como Americans United for Separation of Church and State o American Civil Liberties Union (ACLU) –ésta, no hace mucho muy poderosa– son mucho más débiles.

Ciertamente, los separacionistas han obtenido algunas victorias legislativas en los últimos años, como conseguir que se retirara de unos juzgados un monumento a los Diez Mandamientos colocado por un juez de Alabama; pero esto no ha hecho más que rearmar a la “derecha cristiana”, cuyo peso social e influencia política resultan imparables. En uno de los países del mundo donde más libertad religiosa se disfruta (y si hay alguna discriminación, ciertamente ésta no la sufren los evangélicos), los líderes de la “derecha cristiana” exhiben sin ruborizarse un victimismo alarmante. Hal Lindsey, por ejemplo, escribe: «La mayoría de los estadounidenses han rechazado la Biblia, la cual es la misma base de la verdad en la cual se fundó nuestra nación. De modo que no creo que pase mucho tiempo hasta que se prohíba exhibir y citar públicamente la Biblia» (WorldNetDaily, 14.8.03). Pat Robertson llegó a afirmar: «Así como la Alemania nazi hizo con los judíos, de la misma manera Norteamérica está haciendo con los cristianos evangélicos» (cit. en GOLDSTEIN, 2002, p. 31).

Herederos de la doctrina del Destino Manifiesto, estos activistas religiosos hacen una lectura revisionista de los orígenes de su nación, según la cual los Padres Fundadores de ningún modo quisieron separar la iglesia del estado, sino que sentaron las bases legislativas y políticas para construir una “nación cristiana”. Randall Terry afirmaba en 1993: «Nuestro objetivo debe ser simple: debemos tener una nación cristiana construida sobre la ley de Dios, sobre los Diez Mandamientos. Sin excusas.» Declara también: «Quiero que permitas que una ola de intolerancia te bañe por completo. Quiero que una ola de odio te bañe por completo. Sí, el odio es bueno […]. Nuestra meta es una nación cristiana. Tenemos un deber bíblico: Dios nos llama a conquistar este país».

Su teología no sólo es radicalmente antibíblica, sino que además contradice flagrantemente el principio de separación de la iglesia y el estado y el liberalismo constitucional de Estados Unidos (un país donde, por otro lado, siempre existió la tentación teocratista). Algunos lo afirman sin ambages: «No debería haber absolutamente ninguna “separación entre iglesia y estado” en Norteamérica» (David S. Nelson). Otros van más allá: «Debemos usar la doctrina de la libertad religiosa para ganar la independencia para las escuelas cristianas hasta que formemos a una generación de personas que sepan que no hay neutralidad religiosa […]. Entonces se ocuparán de construir un orden basado en la Biblia, político y religioso, que finalmente niegue la libertad religiosa de los enemigos de Dios» (Gary North). «Si no somos constreñidos desde adentro por el poder de Dios, debemos ser constreñidos desde afuera por el poder del estado, que actúa como agente de Dios» (Cal Thomas; citados todos en GOLDSTEIN, 2002, pp. 45-46, 61-62, 41).

Desde su llegada al gobierno en 2001, George W. Bush promovió un programa conocido como Iniciativa Basada en la Fe (Faith-based Initiative) para la canalización de fondos públicos hacia organizaciones benéficas confesionales. El que fuera líder de la mayoría republicana en el Congreso, Tom DeLay, declaró respecto a esta iniciativa: «La veo como una gran oportunidad para volver a poner a Dios en las instituciones públicas de este país. Dios ha sido eliminado de todas nuestras instituciones públicas.» Y agregó: «No creo que haya una separación entre la iglesia y el estado. Creo que la Constitución es muy clara» (cit. por BLAKER, 2003; ver declaraciones similares de Pat Robertson en DeWITT, 2005).

El fiscal Dee Wampler en su libro The Myth of Separation Between Church and State (El mito de la separación de la iglesia y el estado), acusa a los liberals (izquierdistas) de revisionismo, al pretender borrar la verdad de que Estados Unidos «fue fundado como una nación cristiana» (Religion Today, 27.5.04).

No son ideas y acciones aisladas; constituyen una poderosa corriente social y política, estrechamente vinculada a la política exterior imperial y al extremismo religioso más fanático. En un encuentro del Family Research Council en 2005, David Limbaugh, dijo estar en guerra «no sólo contra los terroristas», sino también «contra los secularistas de nuestra propia cultura que han intentado suplantar la base de valores judeocristianos con su base de valores humanistas y seculares». Wellington Boone se pronunció contra la idea “antibíblica” de la separación de la iglesia y el estado y explicó que cuando se le acusa de ser fanático bíblico, responde: «Puedo ver a través de ti; sé que tras de ti está tu padre el diablo» (CONN, 2006).

Otra peculiaridad de estas corrientes es su acusado sentido escatológico. No sólo consideran que Estados Unidos como nación tiene una misión de defensa del cristianismo, sino que además identifican al Israel de la promesas bíblicas con el estado de Israel actual (tergiversando pasajes tan claramente contrarios a esta idea como Romanos 9-11) y esperan que un Armagedón militar en Oriente Próximo ponga punto final al mundo y traiga el Reino de Dios. Los reconstruccionistas, por su parte, defienden la “teonomía” (en realidad, “teocracia”): «La Biblia llegará a ser finalmente la fuerza dominante de la cultura. Los cristianos ganarán. No usarán la fuerza o el poder político para restringir a los no creyentes; simplemente participarán con Dios en una victoria que Dios ha prometido» (AMMERMAN, 1991, p. 53).

La “derecha cristiana” sabe que la Biblia expone en numerosos pasajes que la culminación de la historia se desarrollará en medio de una gran crisis de la humanidad, caracterizada por, entre otros elementos, una persecución hacia los verdaderos cristianos. Este panorama profético les ha llevado a creer que la persecución vendrá de mano de poderes políticos contrarios a la religión en general, y al cristianismo en particular. Pero una lectura atenta de estos textos indica claramente que el poder perseguidor instrumentalizará la religión. Jesús afirmó: «Llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios» (Juan 16: 2), y asoció la persecución final de sus seguidores con un contexto religioso en el que habrá «falsos profetas que engañarán a muchos» (Mateo 24: 9-11). Apocalipsis 18 presenta a la Babilonia escatológica (por paralelismo, equivalente a “la Bestia” blasfema del capítulo 13, que recibe un milagroso apoyo de una segunda Bestia) como un macropoder religioso con el que comercian los gobernantes. Ese mismo poder se describe en 2 Tesalonicenses 2 no como una fuerza atea, sino con rasgos claramente espirituales (él mismo «se sienta en el Santuario de Dios», y opera «con toda clase de milagros, signos, prodigios engañosos»).

Cuando un poder político recurre a motivaciones religiosas para desarrollar su tarea, se abre la puerta a la imposición y la conculcación de la libertad de conciencia. De ahí que la misma Escritura, previendo estos riesgos, advierta contra la unión de la religión y la política (ver Mateo 22: 21 y 2 Corintios 6: 14-18).


Alianzas “cristianas”

La aproximación entre católicos y evangélicos se ha acelerado asombrosamente en las últimas décadas (ver Ecumenismo cristiano); dejando al margen diferencias doctrinales, las mayoritarias corrientes conservadoras de diversas iglesias (a las que se unen conservadores no religiosos o de otras confesiones, como judíos) han formado un frente común en la defensa de los valores de la familia y la “supremacía cultural” de Occidente. Han construido un enemigo multiforme en el que amalgaman a los “enemigos del país”, entre los que cuentan a los partidarios del aborto o de la eutanasia y a los promotores del matrimonio homosexual y de una moral laxa, pero también a los laicistas (muchos de ellos cristianos o judíos “liberales”), a los críticos con la política exterior del país (considerados “antipatriotas”) y a los musulmanes.

La Iglesia Católica Romana, que libra en el Viejo Continente su particular batalla por el reconocimiento de las “raíces cristianas de Europa”, en Estados Unidos se había venido manifestando hasta hace no mucho de manera relativamente más discreta en la cuestión iglesia-estado. Pero ya en 1994 destacados dirigentes de ambos grupos religiosos (incluido algún cardenal) firmaron el trascendente documento Evangelicals and Catholics Together, donde se afirma que «unidos por Cristo y su causa, también lo estamos para contender contra todo lo que se oponga a Cristo y su causa. […] La furia de los principados y poderes podrá crecer a medida que se acerque el final, pero el desenlace de la contienda está asegurado» (nº 26). En palabras que recuerdan mucho al uso papal del concepto de “ley natural”, afirman: «Juntos contendemos por la verdad de que la política, la ley y la cultura deben establecerse por medio de la verdad moral» (nº 29), y «por una renovada visión del lugar de la religión en el experimento norteamericano» (nº 34).

El cardenal Avery Robert Dulles, por su parte, se mostraba cercano a las tesis revisionistas: «Algunas personas interpretan erróneamente la disposición contenida en la Primera Enmienda de la Constitución americana, que prohíbe legislar con relación a un establishment of religion, como si ello significara la exclusión de la religión de la vida pública. En realidad, esta disposición se orientaba a asegurar la libertad de la Iglesia de la interferencia del Estado» (Zenit, 6.9.04). Pero más significativos que las declaraciones son los hechos: la configuración del Eje Washington-Vaticano llevada a cabo por Wojtyla-Ratzinger y los Estados Unidos de George W. Bush, una fuerza conjunta mundial que va todavía más allá de la “Santa Alianza” de Wojtyla y Reagan de los años ochenta (ver La Visita (I): Para qué fue B16 a Estados Unidos).

Por otro lado, estos ataques a la separación iglesia-estado no son un fenómeno exclusivo de Estados Unidos, sino que se están produciendo, siguiendo modelos de actuación y discursos que se ajustan a la idiosincrasia de cada país, en muchos lugares: en Iberoamérica, en la Francia de Sarkozy, en Italia, en España, etcétera.


Referencias

AMMERMAN, Nancy T. (1991), "North American Protestant Fundamentalism", en Martin E. Marty y R. Scott Appleby [eds.], Fundamentalisms Observed, Chicago, The Chicago University Press.

BLAKER, Kymberly (2003), “The Reshaping of America... Theocratic Dreams”, Liberty, julio/agosto 2003.

CONN, Joseph L. (2006), “All in the Family”, Liberty, Marzo/Abril 2006.

DeWITT, Sonia (2005), “An American Agenda”, Liberty, noviembre/diciembre 2005.

GOLDSTEIN, Clifford (2002): ¿Una nación bajo la autoridad de Dios?, Buenos Aires: ACES.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
© LaExcepción.com

[Página Inicial] | [Presentación] | [Índice General]
[Actualidad] | [Asuntos Contemporáneos] | [Nuestras Claves] | [Reseñas]

copyright LaExcepción.com
correoe-e laexcepcion@laexcepcion.com
Es nuestra intención contestar todos los mensajes recibidos en LaExcepción.com.
Dado que nos llega mucho correo-basura, es posible que alguno de ellos se pierda,
por lo que si no se recibe respuesta en un plazo breve,
rogamos se insista e incluso se escriba a varias de nuestras cuentas a la vez.