Cuba, ¿de comunismo a oligarquía?
© José Luis González Ribera, colaborador de www.elmanifiesto.com y de www.laexcepcion.com (19 de agosto de 2007)

Recientemente, en un importante discurso con motivo del aniversario de la toma del Cuartel de Moncada, el pasado 26 de julio, Raúl Castro habló de la necesidad de cambios estructurales en la economía cubana. Hacía un año de la crisis de salud de su hermano Fidel. Todos coincidimos en la necesidad de cambios políticos y económicos en Cuba. Pero el lenguaje empleado en el discurso, las experiencias pasadas y el hablar de la economía, y no de la política, hacen pensar en un modelo a lo chino, en el que se pasa a un capitalismo salvaje, pero se mantiene el poder político de la oligarquía comunista. Este contrasentido no va en una dirección de mayor justicia, y opera en la lógica de que el sistema comunista era la única alternativa, y al fracasar ésta se cierra la Historia, legitimándose el pensamiento único (que bajo el nombre de la libertad, no admite la capacidad del hombre de crear sistemas más justos), o la falta de libertad del homo economicus, el patrón antropológico del capitalismo.

Parece que va a haber cambio en Cuba, aun cuando el mando real siga estando en Fidel y no en Raúl. Los padres de la patria del liberalismo deberían estar contentos. Han seguido una estrategia inteligente. Se ha declarado, como herencia intelectual de la Guerra Fría, que el comunismo era la única alternativa. Se ha declarado como alternativa algo que no era, que no podía ser una alternativa. prueba es que cuando a alguno de los adoradores de Mammon, estos mismos que dicen no obedecer a ninguna ideología, se les hace una crítica en profundidad del capitalismo o de la cultura de masas, casi con seguridad nos tildarán de comunistas, o como mínimo de socialistas o “rojos”. Véase un ejemplo de lo dicho, para los pocos que no hayan tenido esa experiencia en su vida cotidiana, en: http://anghara.blogspot.com/2007/07/gonzlez-ribera-en-el-manifiesto-sobre.html, donde se me lanza un apelativo semejante. Por otro lado, agradezco la cita.

Realmente, el comunismo puede ser perfectamente una forma de capitalismo de Estado, como mostró la sociedad soviética, de modo que dudo que se haya salido nunca del capitalismo. Con la conversión de Cuba en una China (que, como ésta, no perderá de lado el sistema autoritario comunista, al mismo tiempo que introducirá progresivamente el capitalismo salvaje), los neoliberales podrán hablar de la superioridad moral de las sociedades occidentales. Para elogiarse a sí mismos sin concesión a la autocrítica combinan la imagen del comunismo totalitario clásico (el de Mao y de Stalin, el otro comunismo no era propiamente un totalitarismo según la definición canónica de Hannah Arendt, sobre todo por falta de medios, es decir, por cutre, lo cual no quiere decir que fuera un pelo mejor) y del nuevo comunismo.

Por supuesto, hay problemas económicos, y de modo derivado problemas sociales, en Cuba, que, sin duda, requieren de otros modos de organización económica y de una racionalización del trabajo. Pero no podemos olvidar tampoco que la racionalización mínima que debe haber en toda labor no puede ser una llamada a la medición del hombre en cuanto a su productividad, como se hace en el modelo del homo economicus, que hay alternativas entre el capitalismo de Estado y el capitalismo privado –quizás una combinación de cooperativismo y pequeña propiedad privada-, que muchos de los problemas de la economía cubana derivan del embargo, o de la imposible adecuación de economías no neoliberales a los procesos económicos mundiales. Tampoco se puede olvidar, aunque las palabras de Raúl Castro suenen a una apertura moderada, la experiencia de la llegada del modelo neoliberal a Rusia, a China o a algunos países del Este de Europa, o de qué modo quedó frustrado el experimento de la perestroika de Gorbachov, que sin duda tenía algún interés. Creo que estamos todos de acuerdo en que en Cuba, igual que en cualquier otro país autoritario, debe haber un importante cambio social, político y económico. Pero no creo que nuestras sociedades sean un modelo ni perfecto ni conveniente, desde el momento en que en ellas cada vez tiene más importancia el poder económico, y es cada vez más dudoso el buen funcionamiento del sistema democrático.

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