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El conflicto en Siria (II/II): Paz vs. ¿"revolución"?
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www.laexcepcion.com (6 de abril de 2012). Adaptación del artículo publicado originalmente en El Blog de Cordura. Primera parte: El conflicto en Siria (I/II): El precedente  libio

Segunda parte (ver aquí la primera) de nuestro análisis sobre el conflicto sirio y cómo se interpreta a menudo. Con especial preocupación por la situación en ese país y ante la nueva guerra de agresión que sigue gestándose contra su pueblo. Y desde la convicción de que un crítico del sistema dominante tiene que contribuir a parar las guerras, no a facilitarlas.

Concluimos aquí el análisis de algunas posturas y, de paso, ofrecemos las nuestras. No nos ha guiado ningún afán polemista sino la preocupación por la verdad y, sobre todo, por el sufrimiento de los habitantes de ese país, contra el cual el Imperio Genocida lleva más de un año fijando sus ojos para destrozarlo igual que hizo antes con Afganistán, Irak, Libia y pretende también hacer con Irán. Conscientes de que nadie puede dogmatizar sobre lo que ocurre allí, hemos tratado de señalar las lagunas (más bien, océanos) y falsedades de buena parte de la versión dominante.

Como fondo, al igual que en los demás textos de este blog, siempre ha estado nuestra entrega a la causa de la paz. Estamos convencidos de que la mayoría del pueblo sirio, si bien rechaza la opresión, detesta aún más la guerra (de origen interno –"civil"– o externo), que es siempre un compendio de toda la barbarie humana. Por ello rechazamos radicalmente la cosmovisión de aquellos para quienes pareciera que es más importante una (improbable, por no decir inverosímil) victoria "revolucionaria" que las vidas de los millones de personas que forman la nación siria. Frente a la propaganda bélica del signo que sea, oponemos la cultura de la paz. Decir no a la locura de la guerra es parte destacada de nuestros objetivos.


Demonización al gusto del Sistema

Un rasgo primordial de todas las campañas bélicas del Imperio, particularmente desde el 11-S, es la demonización del representante del bando supuestamente enemigo. Bin Laden, los talibanes, Sadam, Gadafi, Merah..., todos ellos fueron degradados a niveles de suprema abyección, gracias al monocorde griterío mediático, antes de ser convenientemente machacados y/o eliminados (de forma real o supuesta). La moraleja es clara y terrorífica: ser declarado un demonio es el paso previo a ser exterminado. Desde luego, Ahmadineyad y Jamenei (líderes iraníes), Asad (sirio) y Kony (el ugandés que protagoniza –antagoniza– el último show imperial-hollywoodino) no deben de sentirse muy cómodos ante semejante ley de hierro, siendo como son ya demonios oficiales.

Supongamos, incluso admitamos, que ninguno de esos tipos es un bendito. Aun así, cabe preguntarse si la imagen que se ha creado de ellos no resulta desmesurada hasta lo grotesco. Recordemos que a Osama se le atribuyó el 11-S sin mostrar jamás una sola prueba, a Sadam armas de destrucción masiva (inexistentes) y vínculos con Al Qaeda (tan falsos como absurdos), a Gadafi bombardeos aéreos contra manifestantes (jamás probados e incluso desmentidos), al régimen iraní se le imputa un programa nuclear bélico (contra los informes de las propias agencias de seguridad estadounidenses)...

Demasiados precedentes. Quizá ya deberíamos estar prevenidos. Traigamos un ejemplo doméstico para fijar aún mejor las ideas: la hoy agonizante ETA sin duda lleva décadas acreditando ser una banda terrorista. Llena de tipos objetivamente perversos. Blanco, y con razón, de las iras ciudadanas. Aun así, ¿es lícito cargarle con lo que no ha hecho, o al menos nadie ha probado que hiciera? Algunos aquí se pasaron años intentándolo con el 11-M, pese a lo inverosímil de la acusación y a la absoluta falta de pruebas.

Ser un terrorista implica ser muy malo, sí. Pero no implica ser el responsable de todos los atentados a su alcance.

Un dictador es también alguien muy malo. Ahora bien, eso tampoco implica –y la experiencia lo demuestra– que sea culpable de todo lo que se le acusa.

Pero en eso consiste la demonización. Una vez aplicada con éxito, el "demonio" de turno tiene que cargar con todos los "mochuelos", reales o simplemente atribuidos. De alguien taaaannnn malo, todo lo que se diga es poco. Qué fácilmente olvidamos que es, a fin de cuentas, una persona y, como tal, titular de unos derechos inalienables. Incluso llega a ser (cuasi)tabú atreverse a cuestionar que sea responsable de todos los crímenes que se le imputan. "¿Estás negando que es un dictador?", te espetarán enseguida los demonizadores de tres al cuarto (para regodeo de los verdaderos demonios, humanos y no humanos, que han gestado todo el juego).

Este juego satanizador, realizado recientemente con Gadafi (lo vimos en la primera parte de este análisis) se aplica ahora a Bashar el Asad. El discurso más común, en la práctica, se puede resumir en que si Asad es un dictador "brutal", "feroz", "sanguinario" (u otros calificativos que aplica a Bashar o a su régimen), entonces sin duda ha de estar exterminando a su pueblo desde que este, supuestamente, se levantó contra él en marzo de 2011. Para ello, se recordarán pasadas masacres protagonizadas por esa «dictadura feroz transmitida por vía sanguínea [heredada por Bashar de su padre, Hafez] que durante 42 años ha reprimido, encarcelado y torturado a su pueblo». Como si el hecho de haber cometido crímenes en el pasado implicara que son ciertos todos los que se atribuyan en el presente, los cuales en ningún momento vemos que se demuestren o documenten mínimamente.


El conflicto de fondo con el estado sionista

Hay quienes, puestos a descalificar al régimen sirio entre los suyos, no dudan en cuestionar que este sea realmente antisionista o que al estado de "Israel" le interese de verdad acabar con ese régimen. Llegan a poner en duda, incluso, que los sirios sigan reclamando como suyos los Altos del Golán y les echan en cara que no haya más «tensiones» con el estado sionista por ese motivo.

La realidad es muy distinta y apunta a unos claros intereses por parte "israelí" de acabar con el gobierno de Asad. Para empezar, lo cierto es que este nunca ha renunciado a ese territorio. En los últimos años (2007, 2008, 2009, 2010...) el tema ha surgido de manera recurrente entre ambos estados, por lo general a través de mediadores. La condición "israelí" para devolver los Altos siempre ha sido que Siria cortase lazos con Irán (y Hezbolá), algo que su gobierno se ha negado a hacer. Pero es que, además, pensar en atacar al estado con nombre de pueblo elegido sería, hoy por hoy, una locura suicida. No estamos hablando de un enemigo pequeño, ni mucho menos lo son sus aliados. De hecho, al menos de unas décadas a esta parte, suele ser ese estado la potencia agresora, y los árabes sus víctimas.

Esos críticos también parecen olvidar que la guerra sionista contra el Líbano en 2006 involucró los Altos del Golán, y Hezbolá y sus aliados en ella implicados (como el FPLP y Amal) contaron con el respaldo sirio en su defensa frente a la agresión. Damasco, la capital siria, alberga la sede de la dirección política de Hamás en el exilio, lo que dice mucho de su apoyo al sector más coherente, al menos hasta ahora, de la resistencia palestina. Algo, desde luego, muy diferente de la actitud del Consejo Nacional Sirio (CNS), la oposición militarista siria, cuyo presidente ha declarado que, de llegar al poder, romperán con Hamás, así como con Hezbolá y con Irán.

Las mayores evidencias –del pasado y del presente– apuntan al lógico interés sionista por acabar con su viejo enemigo. Entre otras razones, por su aludida obsesión contra Irán, cuyo régimen se quedaría completamente aislado en la región sin Asad. Lo cual explica que "Israel" sea uno de los países que están detrás de las revueltas sirias.


La trama imperial que no cesa

Desde el veto chino-ruso a una resolución de la ONU que habría autorizado, siquiera indirectamente, la intervención militar externa en Siria, el Imperio –cabreado–, se dedica desacreditar, incluso a amenazar más o menos veladamente, a esos dos países; a la vez, sigue tramando para llegar al mismo puerto por otros caminos "diplomáticos" (como las reuniones de los "Amigos de Siria", un remake de la versión igualmente siniestra de los "Amigos de Libia"). Nada de lo cual debería extrañar a nadie, dado que, a fin de cuentas, lo que hizo el veto fue, precisamente, impedir una resolución de la ONU que abriera el camino a la invasión.

Como parte de esa trama, es ineludible mencionar el caso del trascendental informe de los observadores de la Liga Árabe, emitido a finales de enero del presente año (puede leerse íntegro aquí) y correspondiente a su estancia de algo más de tres semanas en Siria para analizar el conflicto sobre el terreno. Como denunció claramente uno de los observadores, dicho informe fue «sepultado» y hurtado al mundo por la propia presidencia (catarí) de la Liga Árabe –la misma que lo había encargado y enviado a tales observadores–, debido a que sus conclusiones no favorecían sus intereses antisirios, totalmente coincidentes con los del Imperio. De hecho, la descripción de los informantes se ajustaba mucho más a la versión de los hechos que, desde el principio, viene ofreciendo el gobierno sirio –levantamiento terrorista de origen externo–, difundida en particular por la agencia SANA.


Presencia de mercenarios extranjeros en Siria

El "Ejército Libre de Siria" (ELS; el grupo principal de los "rebeldes" armados), existe como tal por lo menos desde julio de 2011 y está estrechamente conectado con el CNS, la matriz violentista –controlada por miembros de los Hermanos Musulmanes– que dirige sus operaciones desde el principio. El CNS ya tenía (según Wikipedia) 270 miembros en febrero de 2011 (es decir, antes incluso de la fecha de comienzo de las revueltas sirias –15 de marzo de 2011–), aunque su presentación ante la "comunidad internacional" fuera en el mes de agosto. De hecho, ya desde antes de la aparición oficial del ELS diversos medios internacionales, todos ellos sistémicos, reconocían que había protestas armadas (lo hacían de manera incidental y como a regañadientes, pero lo hacían). Son demasiados indicios como para pensar en que la violencia contra Asad estuviera realmente alejada del comienzo de las "protestas".

En cuanto al asunto de los desertores procedentes del ejército oficial sirio, con los cuales a menudo pretende resumirse la formación del ELS, cuesta creer en un fenómeno realmente masivo (se habla de muchos miles). Sin negar que haya habido deserciones, cabe suponer que, de ser tan abarcantes, la descomposición militar del régimen habría sido bastante rápida, dado el contexto internacional hostil. Lejos de ello, lo que venimos presenciando en todos estos meses es una consolidación militar de Asad incluso en las zonas donde más fuertes se habían hecho los "rebeldes".

Pero es que, además, hay clara constancia de la presencia de "islamistas" libios, de alto rango, alistados en el bando "rebelde" sirio para brindarle a este su valiosa experiencia criminal. Esto es algo que dio a conocer, entre otros, una fuente tan poco sospechosa como el ultrasistémico diario español ABC. La crónica, de Daniel Iriarte, es de diciembre pasado y muestra las conexiones directas de dichos "islamistas" con la CIA (revelando así, por si aún quedasen dudas, a quién obedecieron al luchar contra Gadafi). No menos llamativo es que el periodista informe de la adscripción a Al Qaeda de uno de esos combatientes de primer nivel. Todo lo cual confirma las acusaciones sobre la presencia en Siria de mercenarios extranjeros que, desde hace muchos meses, viene realizando el admirable reportero crítico Thierry Meyssan desde su Red Voltaire (ver también).

En un artículo del 18 de marzo, Santiago Alba Rico habla de «la apuesta cada vez más impudorosa del CNS por la intervención militar» extranjera en Siria. Es cierto que pocos días antes ese organismo "rebelde" reclamó una intervención «urgente». Pero Alba no puede ignorar que el CNS lleva en realidad mucho más tiempo mostrando nítidamente –"impudorosamente"– ese anhelo (ver 1, 2 y 3). De hecho, ya en septiembre de 2011, sectores opositores internos al régimen de Asad se desmarcaban públicamente de los del CNS por considerar que estos eran «favorables a una intervención extranjera para resolver la crisis en Siria».


Los "islamistas" emergentes

Los "islamistas" sirios son básicamente, de nuevo, los Hermanos Musulmanes, cuya sede mundial está en Londres, y que –como ya hemos visto– son quienes controlan el CNS. Allí se encuentra también la sede del llamado "Observatorio Sirio de los Derechos Humanos" (fuente primordial, por no decir única, de la "información" mediática que venimos padeciendo), y cuyo portavoz es, según Meyssan, miembro de la misma Hermandad (ver también), aunque él lo niega.

Los Hermanos Musulmanes no exhiben hoy la animosidad antioccidental que mostraban en el pasado, sobre todo en el terreno político. Ha de reseñarse su evolución desde el yihadismo, e incluso desde una especie de fascismo inicial, hacia la defensa de una democracia de corte occidental (tan denostada en el pasado por líderes e ideólogos tan emblemáticos como Sayyid Qutb). Quizá por ello no es raro que hoy la crème de la crème del Imperio le dé a este grupo su visto bueno. Así, ya en 2007, la influyente revista Foreign Affairs –la voz del poderoso Council on Foreign Relations–, parecía recibir a "La moderada Hermandad Musulmana" con los brazos abiertos, señalando significativamente que «los responsables políticos [estadounidenses] deberían reconocer» que esa organización «representa una notable oportunidad». Sobre esta base, ¿a alguien puede extrañarle que el Imperio haya reconocido ya al CNS, emanado de aquella?

[La extraña evolución actual de Hamás (ver por ejemplo) y la intensificación de sus relaciones con el emirato pro imperialista de Catar (ver 1 y 2), país que financia también a los Hermanos Musulmanes –de los que proviene históricamente la propia Hamás–, podría tener algo que ver con todo esto, pero no parece prudente asegurar nada de momento.]


Observaciones finales

Dejaremos, por fuerza, infinidad de datos en el tintero. En este último apartado nos limitaremos a un repaso muy somero de algunas de las muchas evidencias adicionales que ponen en entredicho la visión de los medios dominantes. He aquí unas cuantas:

–Es sencillamente innegable, guste o no, el enorme apoyo popular que conserva Asad (ver 1, 2 y 3), y que se evidencia en las casi continuas manifestaciones masivas a su favor (reconocidas incluso por medios tan bellacos como El Mundo, que en su momento presentó la foto de una concentración pro Gadafi como contraria a este; aún se puede ver en la segunda imagen de esta página). No cabe recordar un fenómeno comparable a favor de Ben Alí (el déspota tunecino) o de Mubarak (el egipcio). Sí, en cambio, del líder libio después asesinado.

–Al menos desde el 11-S, Al Yasira siempre ha sido funcional a los intereses del Imperio, pero no es menos cierto que antes disimulaba mejor. Desde su campaña contra Libia, su sesgo ya resulta pintoresco de puro descarado. Por eso no debiera sorprender demasiado que hayan aparecido filtraciones sobre serias discrepancias entre su personal debido a lo que parte del mismo considera «sesgada y poco profesional» la cobertura dada al conflicto sirio.

–La verdad de las matanzas perpetradas por los "rebeldes" sirios viene siendo avalada también por sectores cristianos de Homs, según la vaticana Agenzia Fides (por desgracia, pero previsiblemente, eso no hace que el Gran Tapado se distancie pública y enérgicamente de las mentiras imperiales sobre el conflicto). La comunidad cristiana, tradicionalmente integrada en el tejido social del país, vive con temor el conflicto generado en Siria, que podría poner fin a la libertad de culto de que han gozado bajo el régimen de los Asad. Por eso se oponen al nuevo colonialismo occidental que implican estos ataques, algo también silenciado sistemáticamente en la prensa occidental (ver también 1, 2 y 3).

–Las versiones que imputan toda la violencia, o el grueso de la misma, al gobierno sirio han quedado desafiadas al conocerse la guerra interna dentro de la diplomacia francesa a raíz de que su embajador en Damasco, Eric Chevallier, se rebelase contra la manipulación de sus informes por parte del ultrabelicista ministro de Asuntos Exteriores, Alain Juppé.

–Frente al supuesto desinterés en intervenir de Occidente, Luiz Alberto Moniz Bandeira sintetiza en un párrafo las razones de su interés: «La caída del régimen sirio tras el derrocamiento de Muammar Gadafi en Libia eliminaría la presencia de Rusia de sus dos bases navales (Tartus y Latakia), cortaría las rutas de suministro de armas para las organizaciones pro chiíes Hezbollá, en el Líbano, y Hamás, en Palestina, detendría el progreso de China hacia las fuentes del petróleo, y aislaría completamente y estrangularía a Irán, con la consiguiente eliminación del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad. El resultado de la ecuación, al modificar por completo el equilibrio de fuerzas en el Oriente Próximo, sería el establecimiento por Estados Unidos y sus socios de la Unión Europea de una full-spectrum dominance es decir, la supremacía completa territorial, marítima, aérea y espacial, así como la posesión de todos los activos del Mediterráneo. Y los recursos naturales (petróleo y gas) de la zona.»

–El gobierno estadounidense, a la vez que finge respetar el plan de Kofi Anán, no se recata en erigirse como jefe supremo de los "rebeldes" sirios al instarles «enérgicamente» a presentar «una posición unificada». No debiera quedar dudas sobre a quién sirven aquéllos.

–Como ocurrió en el caso libio, hay fuerzas especiales de Occidente –particularmente británicas y francesas– entrenando a los "rebeldes" sirios del "Ejército Libre de Siria" (ver también). Además han aparecido filtraciones que probarían su presencia incluso en territorio sirio.

–Existe abundante evidencia de que múltiples "periodistas" occidentales son en realidad, o son también, colaboradores de los servicios de inteligencia o de los ejércitos de sus países en las tareas de desestabilización de Asad.

–Hay serios indicios de armamento "israelí" en manos de los "rebeldes" sirios (ver 1 y 2).

–Respecto a la tendencia de ciertos sectores de izquierda a solidarizarse con estos, hay que señalar que, si bien el minoritario Partido Comunista Obrero de Túnez se opone a Asad, los dos principales partidos comunistas sirios siguen apoyando a su gobierno (el Bakdash y el Unificado).

Y muchos detalles más..., pero ya lo dejamos aquí.

Y lo hacemos renovando las exigencias de paz en Siria que todo ser humano debería suscribir. Sistemáticamente boicoteadas por los señores de la guerra imperiales (ejemplo), como cada vez que el gobierno ha buscado negociaciones con la oposición no violenta siria. Las cuales han llevado, por cierto, a la aplicación de reformas, aprobadas por el pueblo en referéndum, que a su vez se empezarán a concretar en las elecciones parlamentarias convocadas para el próximo 7 de mayo. Todo lo cual viene siendo sistemáticamente despreciado por los medios convencionales, a pesar de que son hechos que muestran evidentes señales de cambio en el régimen y podrían alumbrar horizontes de paz.

Unos horizontes que, a nuestro modo de ver, son lo que más debería preocuparnos.

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