Cofradías y aborto: nueva victoria de la jerarquía eclesiástica
© Guillermo Sánchez Vicente
www.laexcepcion.com (5 de abril de 2009)

En el contexto del actual asalto al poder político por parte de la Iglesia Católica Romana en España, la Conferencia Episcopal ha propuesto a las cofradías de Semana “Santa” que sus miembros porten un lazo blanco durante las procesiones como signo de rechazo a la ley del aborto que está preparando el gobierno.

Algunas cofradías se han sumado a la iniciativa; otras la han rechazado. Desde el campo de la política ha habido reacciones diversas, en general contrarias a la propuesta episcopal. Algunos ayuntamientos y comunidades autónomas han anunciado que retirarán las subvenciones a las cofradías que se manifiesten contra el aborto. El cura Santiago Martín calificaba este anuncio de «vulgar y ruin chantaje» (La Razón, 1.4.09). Analicemos la situación: estas cofradías reciben subvenciones no por su naturaleza religiosa, sino por su carácter “cultural”; es comprensible que si cambian sus objetivos y se instrumentalizan para otros fines, cambien las condiciones de financiación. Al igual que ocurre con la financiación a través del IRPF, la Iglesia Católica Romana (ICR) pretende proclamarse independiente y con pleno derecho a la participación “pública” (es decir, política), pero a la vez beneficiarse de todos los privilegios, subvenciones y exenciones posibles.


Politización

Los actos de Semana “Santa” son un ejemplo de la naturaleza mixta y ambigua que intencionalmente mantiene la ICR: esta institución sostiene por un lado que las procesiones son fenómenos netamente católicos; en cuanto tales, la jerarquía tiene potestad para definir su funcionamiento. Por otro, los jerarcas destacan el carácter popular y tradicional de estos actos, en virtud del cual las autoridades han de recompensarlas con todo tipo de favores: ocupación casi permanente del espacio público durante días (sin necesidad de solicitar un permiso, como ocurre con cualquier otra manifestación religiosa, e incluso “cultural”), participación “obligada” de las autoridades políticas y militares, subvenciones, adaptación del calendario oficial, etcétera. La Semana “Santa” es un momento cumbre de la confusión entre iglesia y sociedad característica de la ICR, enemiga tradicional de la separación entre iglesia y estado (ver Pascua Pagana).

Este episodio de las cofradías sería una estupenda oportunidad para poner las cosas en su sitio, y promover la definición de estos fenómenos: si son culturales, que se sometan a las normas que rigen los eventos culturales; si son confesionales, que se pronuncien claramente por su independencia, que renuncien a las subvenciones y que exijan a los participantes la consonancia ideológica y religiosa con los postulados de esta iglesia.

Lógicamente, semejante definición no interesa ni a las autoridades ni a la ICR: ésta seguirá mostrando la faceta que en cada momento convenga (cultural para lo pecuniario y para su propósito de representar a “toda la sociedad”; confesional para utilizar los actos como plataforma de sus ideas). Las autoridades, por su parte, jamás se atreverán a marcar límites a un fenómeno de tanto arraigo popular. La prueba es cómo han reaccionado en el conflicto actual los numerosos cofrades favorables al aborto o al gobierno: no marchándose de las cofradías, sino exigiendo a “la Iglesia” que no sean politizadas.

Éste es en realidad uno de los objetivos de la jerarquía. Juan José Asenjo, arzobispo coadjutor de Sevilla, al preguntársele si los políticos caerían en un error si dejaran de asistir a los desfiles procesionales como protesta por el uso de lazos blancos, respondió que «probablemente sí se equivocarían» (Religión en Libertad, 24.3.09); es decir, que quieren que los políticos sigan participando en sus actos, aunque sean políticos abortistas. La cuestión es que, con lazos o sin lazos, “todos” sigan “procesionando” tras las imágenes idolátricas. La portavoz municipal del ayuntamiento socialista de Sevilla, Maribel Montaño, afirmó: «Si alguna característica esencial tiene la Semana Santa de Sevilla es que se trata de una celebración integradora y no excluyente», añadiendo que es un patrimonio «común» de todos los sevillanos «y así debe seguir siendo» (El País, 22.3.09). Quizá esta política no era consciente de que sus palabras sintonizan plenamente con los planteamientos episcopales.

Con la coartada “cultural” y “popular”, la ICR mantiene a izquierdistas y anticlericales en sus celebraciones (y para demostrar que son suyas, lanza esta propuesta-trampa del lazo blanco). Javier Valenzuela, desde la distancia del no practicante, evoca esta festividad: «Siempre tuve la impresión que más allá de la denominada “religiosidad popular” y de un sustrato confesional, había un fondo festivo, lúdico y de lugares comunes». Recuerda «los estrenos de ropa para el Domingo de Ramos», aunque hubiera que «dejar canina la economía familiar». Según él, «era un conjunto de símbolos, olores, imágenes y sonidos sobre los que destacaba el hecho de ver cómo todo un pueblo salía a la calle» (El Plural, 23.3.09). Progres a favor del ideal de cohesión social… en torno a las imágenes “sagradas”.

Dice el arzobispo Asenjo: «Las cofradías no están politizando este tema, en todo caso serán otras instancias quienes politizan». Pero a la vez la jerarquía está permanentemente reclamando su derecho a la participación “pública” (es decir, política, en el sentido amplio del término, que no se limita a lo partidista). Según Asenjo, ellos no van «contra nada y contra nadie», lo cual se contradice con declaraciones diarias de los obispos en contra del nuevo proyecto de ley y contra el gobierno (es el clásico recurso al Principio de Sí Contradicción). Las declaraciones son legítimas; la negación de su carácter político, engañosa, como mínimo.

Dice Santiago Martín: «¿Qué sentido tiene salir en una procesión para acompañar al Crucificado y a su Santísima Madre si, a la vez y por omisión, se está apoyando la matanza de inocentes que es el aborto?». El planteamiento totalitario que subyace a esta declaración es escandaloso: para este sacerdote, no sumarse a una estrategia concreta de protesta frente al aborto significa apoyar la matanza de fetos. Quien no se adhiere su campaña, es abortista. Es obvio que esta gente sigue considerando que ostenta el monopolio moral sobre las conciencias. Concluye su artículo: «Y no se puede quedar uno al margen ni tampoco servir a dos señores. O con Cristo y con la vida o con sus enemigos y con la muerte». Como si los obispos fueran Cristo…


La cuestión de fondo

Con el asunto de los lazos blancos, los obispos lanzan un nuevo pulso al gobierno, al laicismo constitucional y a la sociedad en su conjunto. Van midiendo fuerzas, estudiando las reacciones y marcando el paso a la sociedad. Consiguen además estar permanentemente en el candelero, otorgándose a sí mismos y a su institución un protagonismo pretendidamente sacro, con la excusa blasfema de “la Verdad” y el “testimonio cristiano”.

En cuanto a la cuestión del aborto en sí, son respetables quienes en conciencia combaten la ideología abortista, incluidos los fieles católicos, siempre que lo hagan a su vez con el debido respeto. Sin duda hay entre los manifestantes auténticos idealistas. Sería deseable que comprendieran que, si bien su conciencia rechaza cualquier tipo de aborto, deberían contemplar la posibilidad de que otras personas, en conciencia, puedan considerarlo aceptable. (Las que son inaceptables son algunas declaraciones, como las de José Blanco, vicesecretario del PSOE, en las que, según recoge ReL el 1.4.09, decía que los socialistas no quieren para España «la hipocresía», que, a su juicio, practican «aquellos que por la puerta de atrás abortan y luego van en la cabecera de las manifestaciones». Y no lo son porque, sobre la base de la supuesta actitud de algunos, da la impresión de que busca descalificar a todos los antiabortistas; o al menos, a todos los que siguen la corriente a la ICR).

La posición teológico-moral actual de la ICR está clara, y es respetable. Pero en cuanto a su posición política, una vez más resulta obvia la instrumentalización que se hace del asunto. Como ejemplo, recuérdese cuando la “Santa” Sede acogió “con respeto” al abortista Tony Blair como “converso” de honor. O compárese la campaña actual con el silencio de los mismos jerarcas durante los ocho años del gobierno de Aznar, en los que no sólo se mantuvo la actual ley despenalizadora, sino que aumentó el número de abortos en España. Tampoco se han utilizado previamente las procesiones, ni ningún otro acto religioso, como plataforma para lanzar campañas morales ante otras agresiones a la dignidad humana, como la invasión de Irak (ver Juan Pablo II: ¿el “papa de la paz”?)

El rechazo de los lazos blancos por la mayoría de las cofradías ha sido interpretado como una derrota de la ICR. Pocos se han dado cuenta de que es el típico ejemplo de que la ICR gana siempre, pues ha conseguido, cuando menos, una reivindicación general de sus particulares procesiones idolátricas. Y, aun ganando, hará como que protesta, para ganar aún más. Pues el objetivo último, como venimos señalando desde hace años, es doblegar al estado.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
© LaExcepción.com

[Página Inicial] | [Presentación] | [Índice General]
[Actualidad] | [Asuntos Contemporáneos] | [Nuestras Claves] | [Reseñas]

copyright LaExcepción.com
correoe-e laexcepcion@laexcepcion.com
Es nuestra intención contestar todos los mensajes recibidos en LaExcepción.com.
Dado que nos llega mucho correo-basura, es posible que alguno de ellos se pierda,
por lo que si no se recibe respuesta en un plazo breve,
rogamos se insista e incluso se escriba a varias de nuestras cuentas a la vez.