Las “raíces cristianas” de Europa: una exigencia confesional
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Estimados amigos:

Considerad si merece la pena conocer y difundir esta información.

Desde hace años el Vaticano protagoniza una campaña para que la inminente Constitución Europea reconozca explícitamente las “raíces cristianas” de Europa. La exigencia, en principio, parecería una cuestión de justicia histórica, pero la forma en que se está efectuando atenta contra el principio democrático de separación entre iglesia y estado. El Vaticano, monarquía absoluta teocratista que no pertenece a la Unión Europea, reivindica en una clara injerencia en asuntos ajenos, no el reconocimiento de su presente (la línea aperturista del Concilio Vaticano II), sino el de su historia, durante la cual se alzó como poder contrario a las libertades.

En realidad, es anticristiano el que un territorio se pueda considerar “cristiano”, pues Cristo se presenta en el evangelio como salvador personal, y jamás como una especie de patrón colectivo de una comunidad política, como pretende la jerarquía romana.

A la campaña vaticana se han sumado muchas voces, tanto católicas como de otras confesiones cristianas o incluso de procedencia aconfesional. Seguramente gran parte de estas personas apoyan esta solicitud movidas por nobles intenciones de querer ver reconocida una realidad histórica, cual es el peso del cristianismo en la historia de Europa. Es evidente que las influencias de un cristianismo genuino han sido positivas en la historia europea; pero no es precisamente la negra historia de la Iglesia Católica Romana (la que el Vaticano quiere reivindicar) la que representa, ni remotamente, ese cristianismo genuino.

Por ello, es necesario comprender que esta exigencia responde a un proyecto confesional, y no a pretensiones de justicia histórica. Ello se hace más evidente leyendo las declaraciones que en los últimos años han pronunciado destacados jerarcas católicos, comenzando por su jefe. La siguiente selección es significativa:

«Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes» (Juan Pablo II, Santiago de Compostela, 9.11.82).

«A la luz de las desventuras derramadas sobre el siglo XX se comprende que los derechos de Dios y del hombre se afirman o caen juntos» (Juan Pablo II, 17.12.00).

«El “viejo” continente necesita a Jesucristo para no perder su alma y no perder aquello que lo ha hecho grande en el pasado y que todavía hoy lo presenta a la admiración de los demás pueblos» (Juan Pablo II, 26.2.02).

«La Iglesia tiene una responsabilidad universal, una responsabilidad misionera para anunciar la nueva evangelización. Forma parte de esta tarea la llamada a las raíces cristianas de Europa» (cardenal Ratzinger, 3.3.02).

Los representantes católicos y ortodoxos griegos buscarán «coordinar esfuerzos para que Europa siga siendo un pueblo cristiano» (comunicado de prensa del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad, 7.3.02).

«Los grandes movimientos y tradiciones religiosos, espirituales e intelectuales deberían ser reconocidos como una herencia viva de Europa» (obispos católicos a la Convención Europea, 24.5.02).

«La Iglesia católica no busca privilegios, sino que sólo busca cumplir con su misión a favor de toda la sociedad». «Sin reducir nunca la fe a la cultura, la Iglesia se esfuerza por dar un fondo cultural a la vida de fe para que ésta inspire toda la vida privada y pública, la realidad nacional e internacional» (Juan Pablo II, 3.6.02).

«La ampliación al Este no es otra cosa que la reunificación de los pueblos europeos. [...] La entrada en la UE de países con una fuerte tradición católica, como Polonia, Eslovaquia, Lituania, podrá ser de gran ayuda y una aportación formidable para la recuperación de la dimensión comunitaria y espiritual de Europa, contra la lógica dominante del individualismo y del materialismo» (cardenal Glemp, 7.10.02).

«Europa, al inicio de un nuevo milenio, ¡abre de nuevo tus puertas a Cristo!» (Juan Pablo II, 14.11.02).

En Europa «se tiene que oír la palabra cristiana, sobre todo teniendo en cuenta que existe un cuerpo doctrinal de la Santa Sede que debe ser conocido» (cardenal Ricard M. Carles, 6.12.02).

Debemos «intensificar nuestros esfuerzos para que la unificación de Europa llegue a cumplimiento [y] hacer lo posible para que se conserven íntegras las raíces y el alma cristiana de Europa» (Declaración Común de Juan Pablo II y Christodoulos, arzobispo de Atenas y de Grecia, 11.2.03).

«“La fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo español”, dije cuando peregriné a Santiago de Compostela. Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas!» (Juan Pablo II, Madrid, 4.5.03).

Los cristianos de España deben «permanecer fieles al Evangelio, defender y promover la unidad de la familia, [...] custodiar, y renovar continuamente la identidad católica que es orgullo de la nación. […] Gracias a los valores perennes de su tradición, ese noble país podrá ofrecer una propia contribución eficaz a la edificación de la nueva Europa» (Juan Pablo II, 7.5.03).

«La evangelización de España, de Europa y del mundo, a la que Juan Pablo II ha convocado de nuevo a nuestras iglesias y a España, presupone y exige el contacto permanente con las fuentes cristianas de la vida interior, sin rebajas, sin desconfianzas, y siempre con generosidad. No hay evangelización sin vida interior» (Antonio M. Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal Española, 16.6.03).

«La cultura europea da la impresión de ser una apostasía silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera» (Juan Pablo II, 13.7.03).

«Este día [el domingo] es símbolo por excelencia de lo que el cristianismo ha representado y representa para Europa y el mundo: la perenne proclamación de la buena noticia de la resurrección de Jesús […]. Custodiando el sentido cristiano del domingo, se ofrece a Europa una contribución notable para la tutela de una parte esencial del propio patrimonio espiritual y cultural» (Juan Pablo II, 18.8.03).

«Los países europeos sufrieron desde el siglo XVI numerosos zarpazos en su fe católica por parte del protestantismo, países tan católicos incluso como Francia e Italia, pero España se libró de esos zarpazos. […] La apostasía silenciosa que vivimos actualmente es peor que el paganismo, porque los paganos aún no se han encontrado con Cristo, pero los apóstatas sí, y es más difícil que éstos vuelvan a la fe. […] La historia de Europa ha transcurrido por caminos diversos de la fidelidad a Cristo. […] Nadie va a conseguir instaurar los principios católicos en la sociedad a base de negar su identidad y de esconderse» (Antonio M. Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal Española, 30.9.03).

«Entender la Inmaculada Concepción como plenitud de armonía sería volver con verdadera novedad a las raíces de la cultura cristiana europea« (cardenal Lozano Barragán, 12.2.03).

«Oremos para que, también en nuestros días, el mensaje universal de Cristo, confiado a la Iglesia, sea luz de verdad y fuente de justicia y de paz para los pueblos del continente y del mundo entero. Lo pedimos por intercesión de María Virgen y de los santos y santas que invocamos como patronos de Europa» (Juan Pablo II, 15.2.03).

«La unidad de Europa no se puede construir sólo con la economía; Europa tiene necesidad de un alma, de alma cristiana, que fue implantada en vuestro país [Rusia] por los santos Cirilo y Metodio. Así, la unidad de Europa hace urgente también la unidad de la Iglesia» (cardenal Walter Kasper, 18.2.03).

Es necesario que los europeos seamos conscientes de las consecuencias que para la libertad religiosa podría tener el éxito papal. De momento, una forma de hacer campaña consiste en difundir masivamente esta información a través del correo-e, foros, webs, tablones de anuncios, etcétera, a fin de que mucha gente esté informada de las auténticas intenciones del Vaticano, y así podamos darlas a conocer en distintas instancias, incluidas las representativas.

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