Aforismos sobre nuestro tiempo / 4
© Guillermo Sánchez Vicente [guillermosanchez@laexcepcion.com] (26 de agosto de 2003)

Alarma y alarmismo. El alarmismo, que consiste en crear alarma cuando no hay motivos para ello, es dañino y peligroso. Pero, usando esta verdad como excusa, se silencian las denuncias ante lo que es verdaderamente alarmante. Con el eslogan “todo irá a mejor” se neutraliza la capacidad de alarma y de reacción ante la barbarie.

Arte y diseño. El arte nace como aplicación de procedimientos estéticos a objetos funcionales (de uso religioso, cotidiano, militar...); es decir, nace como decoración. La historia de su emancipación, hasta que el arte se convierte en algo autónomo, es larga. Pero las vanguardias (especialmente las de tipo no figurativo) vuelven a someterlo a la condición de diseño. Y paradójicamente, pese a que gracias a la mecanización provista por la revolución industrial se democratizaron los precios de los objetos de diseño, los productos de ese “arte” con valor meramente decorativo (cuando lo tienen) ven dispararse sus precios a niveles astronómicos, superando a veces el valor de las obras auténticamente artísticas y únicas. Pura vanidad snob.

Hacia la nada. Desde los años 60 el arte occidental, de la mano de movimientos como el minimalismo, ha ido avanzando inexorablemente hacia la nada, aunque convive con estilos abigarrados, como los garabatos espasmódicos del expresionismo abstracto. Quizá estas dos tendencias contrapuestas reflejen las dos realidades esenciales de la sociedad actual: el ruido superficial (espontáneo, vital) y el vacío de fondo (intelectual, racional). Dos caras de la misma moneda.

Cine para adolescentes. Muchas de las películas míticas de las últimas décadas son historias para el eterno adolescente que se niega a crecer. Quizá las de antes, las clásicas, también lo eran. Pero ahora el gancho es la violencia ritual, que es lo que más gusta a los adolescentes, mientras que entonces era, sobre todo, el (pseudo)romanticismo. El cine clásico está dirigido al espectador ingenuo; el moderno, al espectador embrutecido.

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Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com


Aforismos sobre nuestro tiempo / 3
© J.F.S.P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (10 de julio de 2003)

Posmodernidad televisiva. Es la inversión de los valores, aunque ignoro si Nietzsche esperaba esto: debates serios sobre temas frívolos; debates frívolos sobre temas serios.

La Modernidad y su “libertad”. Un ciego que despide primero a su lazarillo, luego mata al perro, después arroja su bastón y, finalmente, se saca los ojos. (Acaba, claro está, ciego, paralítico y loco: i.e., posmoderno).

Inercias humanas. Inercia física: hacia la decrepitud y la muerte. Inercia moral: hacia el pecado y la condenación. Inercia (pos)moderna: hacia la nada… Irrupción neorreligiosa: hacia el totalitarismo (o hacia la nostalgia de la nada versus la nostalgia del Todo, ya sin zonas grises).

Nacionalismo. Españolista, antiespañolista, regionalista, separatista, europeísta, imperialista… Cualquier nacionalismo lleva en sí el germen del fascismo (violencia + racismo + totalitarismo al fin), y es sólo cuestión de tiempo que ese germen se actualice. Cierto: no todo nacionalista es fascista; es la dimensión colectiva del nacionalismo la que asegura en él semejante germinación; y la inercia moral humana la que garantiza la presencia del germen.

Tristeza. Por extraño que parezca, la tristeza es signo de esperanza. Pero cuando se seca la fuente de las lágrimas (interiores o exteriores), aquélla ha terminado. El alma deviene un completo secarral, incapaz hasta de sufrir… Nuestro tiempo llevaba ese camino. Pero ya se está cruzando en él la Era Neorreligiosa, que truncará la indiferencia. Para bien y para mal.

Revolución. En política, se agotó. Quien aún sueña con ella es –paradoja– un completo reaccionario, sólo atento al pasado. Hoy es, en todo caso, tiempo de reacción (fin de la historia). Y de revolución espiritual.

Buscadores de polvo y muerte. Hace siglos que algunos eruditos rebuscan en las páginas del Libro afanosos por descubrir errores, interpolaciones, dislates e incongruencias. Pasan (pisan) precipitadamente sobre la paz, el amor, la dulzura, la sencillez, el gozo, la justicia… y la plenitud, para lanzarse sobre aquella presunta escoria. Son como alguien que sumerge la cabeza en un cofre repleto de joyas y piedras preciosas para, después de retirarlas, tragarse el polvo que desprenden.

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Para escribir al autor:
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Aforismos sobre nuestro tiempo / 2
© Guillermo Sánchez Vicente [guillermosanchez@laexcepcion.com] (20 de mayo de 2003)

Alzar los brazos. ¿Qué es más patético: el líder que alza los brazos, o los miles de acólitos que lo aclaman?

Esperanza. ¿Se puede creer a quien promete esperanza? ¿Hay proyecto político capaz de transformar una vida humana más allá de unos minutos de euforia? Pero más trágico que llegar a creerlo es la impermeabilidad de quienes nunca llegan al desengaño; y, desbaratadas todas las promesas, traicionados los últimos falsos ideales, seguirán clamando vanamente: “Esperanza”.

Soluciones. Las ideologías políticas prometen solucionar muchos problemas que, o bien no tienen solución, o bien requieren la imposición de un sistema (traicionándose, en este caso, los principios de las ideologías que afirman defender la libertad). Por eso, jamás podrán cumplir lo que prometen.

Mayúsculas. Estado, Patria, Pueblo, Nación. Se comienza por escribir los conceptos sociopolíticos con mayúsculas, y se van tornando amenazantes, hasta someter a la persona a un colectivismo despersonalizador. Atención a la extensión de esta práctica hacia conceptos más nobles: Humanidad, Libertad...

Triunfo. Escribió Ernesto Sabato: “El triunfo tiene siempre algo de vulgar y de horrible”. Y de trágico. Cuando, logrado el triunfo, nos atribuimos los méritos a nosotros mismos, la exaltación se torna ridículo; la victoria, parodia de sí misma. Sólo el triunfo ajeno nos redime, sólo la victoria otorgada nos libera.

Buena gente. “Yo soy una buena persona”, decimos cuando nos acusan injustamente. Pero al expresar o sugerir esa idea levantamos sobre nosotros mismos una grave acusación: la falta de humildad. ¡Qué contraste con quien, siendo perfecto, dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Ninguno es bueno, sino sólo Dios»!.

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Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com


Aforismos sobre nuestro tiempo / 1
© J.F.S.P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (2 de febrero de 2003)

Pensamientos en unidades temáticas cerradas y autosuficientes.

Dioses fabricados en cadena. «Hace un dios y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla ante él» (Isaías 44: 15). El profeta Isaías denunció la insensatez de los formadores de imágenes de talla: «Todos son vanidad.» Aludió a los hombres que cortaban cedros para obtener leña con que calentarse, y luego de la sobrante hacían un dios: «Se postra ante él, lo adora, y le ruega diciendo: “Líbrame, que mi dios eres tú.”» (44: 17). No muy diferente es la presente generación. Estimulada por el márketing televisivo, encumbra a seres vacíos (almas de Dios, en cualquier caso) y los hace ídolos sobre quienes saciar su sed de adoración. Así ocurre con “los chicos de OT” y con los glamourosos actores, las estrellas futboleras, ciertos líderes políticos... O los famosos de medio pelo. No tendrá estatuillas de piedra o madera –que también–, pero la idolatría, hoy industrial, es en el fondo la misma de siempre. Los propios diosecillos, sin saberlo, son las primeras víctimas...

Racismo esencial. La sed humana de adoración... Nuestra sociedad no puede librarse del racismo, el hombre está encadenado a él. La exaltación de una raza está basada en una presunta superioridad genética. Comúnmente eso hoy, con semejante formulación, merece las más claras reprobaciones (¿por cuánto tiempo...?). A la vez, sin embargo, las mentes quedan deslumbradas por el fuerte, la bella, el rápido y habilidoso, la inteligencia brillante, la elocuencia... Los genes, otra vez. La propia meritocracia, por lo general, aúpa y ensalza talentos naturales más que los méritos del esfuerzo, de la lucha frente a la adversidad, de la coherencia entre los actos y las ideas. Tiene la gente anhelo de líderes, y lo usual es que los halle entre quienes prevalecen sobre sus semejantes en una u otra faceta. La publicidad, pero también la propaganda, nos lo recuerdan cada día con sus imágenes y mensajes.

Tolerancia. Cuando al respeto se le llama tolerancia, en un tiempo de permisividad moral y de exaltación de la fuerza, ¿qué otro horizonte nos espera sino el totalitarismo? Por acción y por reacción...

Lo dijo Jesús. «A los pobres los tendréis siempre con vosotros» (Mateo 26: 11). Lo dijo el mismo que se hizo pobre y que llamó al mundo a suplir las carencias del necesitado. Sabía que, hasta su retorno, regiría incontestable el axioma “Los ricos son invencibles”. Pero esta realidad implicaría la vigencia de la pobreza..., ¿cuándo aprenderán esto los revolucionarios?

Simplismo bipolar. “Como no me das toda la razón y le das una porción de ella a mis adversarios, eres mi enemigo. Serás parte de mis fobias, por tanto. Ya no te veré como persona, te veré como idea peligrosa. Algún día acabaré contigo.” (Ésta es la lógica del sistema).

Los grandes ignorados. En toda la terrible farsa en torno a Irak, hay algo que me llama sobremanera la atención. Es un detalle que casi siempre se oculta en el debate: los muertos. Incluso muchos opositores a la guerra raramente los mencionan... ¿Por qué? Se trataría de un argumento demasiado pacifista. Casi todos parten de que hay guerras justas, que implican no menos “daños colaterales” que los que causará esta guerra, tenida por injusta. Pero que alguien muera injustamente en una guerra “justa” no es mucho más tranquilizador para la conciencia que si lo hace en una injusta. Por eso, en la medida de lo posible, es mejor olvidar a los muertos que pronto llegarán...

Voluntad de exterminio. Un informe de la CIA de hace varios meses estimaba del todo improbable una vinculación entre Sadam y Al Qaeda. Contradecía así al presidente de Estados Unidos, quien con ocasión de una de sus típicas bravatas había establecido esos lazos. No importa: en vista de que el trabajo de los inspectores no ha tenido los frutos esperados, ahora se rescata ese “dato”. Y el presidente del gobierno español, José María Aznar, se apresta a enfatizarlo. Cuando un hombre carece de ideología, como el Aznar que llegó al poder primero en su partido y luego en el gobierno, acaba careciendo de principios éticos. En su lugar, son consideraciones de eficacia las que mandan, aun cuando impliquen el exterminio.

Jóvenes y neonazismo. La juventud es, todavía, la época de los ideales. El futuro es para el joven más extenso que el pasado, o así lo percibe él. Nos recordaba Schopenhauer: «Las horas del muchacho son más largas que los días del viejo.» «Desde el punto de vista de la juventud la vida es una infinitud...» Y a poco que sea mínimamente sensible, anhelará la pureza y la verdad (lo que él llama “autenticidad”). Detestará la hipocresía de sus mayores, en especial la de los políticos profesionales. Si le falta una religión que lo ennoblezca, según ocurre en nuestros días, y si, joven como es, le atrae la estética de los símbolos... ¿a dónde irá? Agréguese a ello la sociedad crecientemente multiétnica (que no es, en absoluto, un mal en sí misma). Por último, si los ojos del joven se han acostumbrado a la violencia desde niño... He ahí la ecuación del tiempo presente. Despejar la incógnita es muy sencillo.

El escándalo de las naciones. Miremos a las naciones y a sus “señores”. Limitándonos a las más influyentes, encontramos en una a un maquiavélico criminal amnistiador de corrupciones previas; en otra, a un pícaro entusiasmado con la guerra que un tercero le propone; en otras dos, a un par de corruptos, el uno convicto y el otro no; en una quinta nación, a un mujeriego que se mueve, como todos, a impulsos electorales; en la sexta, a un hombre sin principios que finge honestidad mientras es lacayo de la séptima; y en ésta, al fin, a un loco genocida. Todos ellos se llaman demócratas, pero utilizan a sus pueblos cuando no actúan a sus espaldas. «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor» (Mateo 20: 25-26). Así les habló Jesús a sus discípulos. El escándalo viene al comprobar el poco caso que le han hecho tantos cristianos...

Violencia fascinante. Un año más, el Día Mundial de la No Violencia (30 de enero) ha pasado sin pena ni gloria. La Década de la Cultura de la Paz y la No Violencia (2001-2010) es un arcano para la inmensa mayoría. Difícilmente la auspiciarán los amos de la tierra, empeñados en una campaña de signo opuesto y mucho más afín a la naturaleza humana. La violencia, la confrontación, el combate... nos excitan mucho más que la paz y la armonía. Nuestro corazón es belicoso, y somos «por naturaleza hijos de la ira» (Efesios 2: 3).

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