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Abusos policiales: ¿Es ya España una dictadura?
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www.laexcepcion.com (20 de agosto de 2011). Publicado previamente en El Blog de Cordura

Era de esperar que la represión se incrementara conforme las medidas antipopulares del gobierno generasen una creciente respuesta social. Con todo, tanta brutalidad –manifiesta asimismo en otro tipo de protestas, como las de los laicistas frente a la visita papal– parece apuntar a que hay algo más.

Sabíamos ya que los mercados internacionales dictan a España su política económica y laboral. Y que no cabe hablar, por tanto, de soberanía del pueblo español. De democracia, vamos.

Sabíamos también, incluso antes, de oscuros planes sistémicos a rebufo del 11-S que persiguen arrebatarnos las libertades y ya llevan tiempo restringiéndolas.

Al hilo de ello, era de prever que antes o después el Poder enseñaría directamente los dientes a sus ciudadanos para que las esperables convulsiones sociales fueran encauzadas sin que peligre el Sistema. Sería ya la etapa visible, para todo el mundo, del avance totalitario.

¿Estamos entrando en esa fase?


El gobierno de Zapatero-Rubalcaba, policía mediante, se dedica a aterrorizar a la gente

Según la delegada del gobierno en Madrid, María Dolores Carrión, la actuación policial de estos días ha sido «correcta y proporcional». Los agentes se habrían conducido «con prudencia, determinación y respeto a la legislación vigente». Descripción avalada igualmente por el ministro portavoz del gobierno, José Blanco.

En este punto se le ocurren a uno muchas cosas que decir, porque le constan los abusos perpetrados por una serie de esbirros de la señora Carrión y de los que están por encima de ella. Barbarie que explica, por ejemplo, que Izquierda Unida haya pedido su dimisión y la comparecencia del ministro del Interior por su incapacidad para proteger el derecho de manifestación el pasado día 17. También, por las gratuitas palizas que tan esforzados agentes se dedicaron a propinar estos días a ciudadanos que más bien deberían esperar su protección.

Indicaba antes que podríamos decir muchas cosas, pero creo que es mejor que las imágenes hablen por sí mismas. Se trata sólo de cuatro vídeos que circulan hoy por la Red, pero es fácil encontrar al menos otros tantos en relación con hechos similares de estos días.

[Nota previa: Es cierto que en algún caso el contexto –si se mostrase entero– introduciría ciertos atenuantes en la actuación policial. También lo es que no pocos manifestantes incurren en la necia e inmoral costumbre de insultar gravemente a la policía cuando ésta aún no ha cargado. Pese a todo ello, resulta evidente el carácter cuando menos desproporcionado de dicha actuación.]

Brutalidad contra manifestantes.

Abuso de poder e intimidación violenta contra la periodista Patricia Horrillo.

Violencia contra una joven y contra un fotógrafo que hacía su trabajo. (Ver también el relato del segundo en su blog).

Hasta la respetable emisora ultraderechista Intereconomía se topa –¿muy a su pesar?– con que una de sus reporteras subraya en directo la gratuita violencia policial. (No menos sorprendente es cómo informó de la arbitrariedad policial-gubernamental otro medio derechoso).

A esto le llamaron la señora Carrión y el señor Blanco actuar de manera "correcta y proporcional", "con prudencia, determinación y respeto a la legislación vigente". Habría que preguntarles si pensarían lo mismo en caso de ser ellos los agredidos por esos energúmenos tan valientes.

Pero ocurre que no hablamos de hechos aislados, pues ya hubo agresiones similares en diversos desalojos de indignados del 15-M (Barcelona, Málaga, Valencia, Madrid...). Es justamente tamaña reiteración, ya demasiado frecuente, lo que al fin debiera disparar nuestras alarmas.


Rubalcaba "corrige" al gobierno

Ciertamente, luego llegó Rubalcaba –el candidato del PSOE a la presidencia del gobierno– y cayó en la cuenta de los perjuicios que tanta violencia puede traer a sus ya de por sí exiguas posibilidades electorales (basadas, además, en ganarse el voto de la izquierda real y del 15-M). Y, de repente, le llevó la contraria al gobierno que domina desde fuera, pidiendo una investigación de los "posibles excesos policiales". Una cosa es rendirse de nuevo ante el papa, en la JMJ. Otra, aunque difícil de evitar dado dicho entreguismo, permitir que éste arruine por completo el futuro político del partido en el gobierno.

El problema –el suyo, pero aún más el nuestro– es que éste que ahora pide una investigación es el mismo Rubalcaba que –como ministro del Interior– ya reprimió con excesos a manifestantes aunque luego jugase a ser blando con ellos, el mismo del "¡Identifícate!", el mismo que militarizó a los controladores aéreos. Y el mismo que no ha tenido escrúpulos tampoco en usar policías infiltrados para reventar manifestaciones de protesta (por cierto, ¿volvió a ocurrir esto en la marcha laica, aunque fuera ya con Rubalcaba "sólo" en el papel de factótum externo al gobierno?).

La policía española no tenía tan mala imagen desde hace años. En su seno, no obstante, ya cabía observar actitudes que no encajan bien con el esperable respeto a los derechos de los ciudadanos como valor esencial de su trabajo. Así puede apreciarse desde hace años en sus foros públicos de Internet (véase éste de 2006, donde se tiende a cuestionar, en tono chulesco e insultante, algo tan obvio como su deber de identificarse ante los ciudadanos a los que sirven). Así continúa ocurriendo en esos mismos foros actualmente, donde, con similar prepotencia, no pocos agentes son capaces de justificar o minimizar la agresión a Patricia Horrillo. ¿No es consciente el gobierno de Zapatero-Rubalcaba de tales actitudes? Ya sólo un vistazo a esos foros debiera servirle para comprender que con ellas no puede esperarse una conducta menos ruda si se les deja intervenir a tiempo y a destiempo. ¿Con muertos, no tardando mucho?

Mientras llegan los muertos, es comprensible la sensación de indefensión que experimenta el ciudadano, sobre todo el crítico con el Sistema, ante la creciente violencia policial. Si otro ciudadano te agrede, se supone que puedes ir a la policía. Pero si lo hace un agente de ésta, ¿adónde vas? ¿A otro agente?

Ese desamparo es justamente lo que mejor define a un estado dictatorial. Es el fin del estado de derecho. Quienes, se supone, están ahí para protegerte –gobierno y policía– se dedican a perseguirte y agredirte. Para colmo, el contexto internacional abona esa tendencia. Lo estamos viendo en Inglaterra en las últimas semanas: un homicidio policial desencadenó bárbaras revueltas de la gente, que de manera extraña se extendieron demasiado en muy poco tiempo. Y una vez sofocadas, entre anuncios gubernamentales de mayor dureza policial y recorte de libertades, se produjo otro homicidio policial del que además los medios, por ejemplo en España, se hicieron relativamente poco eco.


¿Qué opciones le quedan al movimiento español por la dignidad?

Lo que está ocurriendo confirma que, pese a lo que algunos querían hacernos creer, no basta con retocar el Sistema. Ilustra la resistencia de cualquier Poder a todo cambio real, y más si se interfiere –como sucede en la visita papal– objetivos sistémicos de mayor calado que pocos aciertan a vislumbrar. Atestigua igualmente, seamos honestos, la universalidad de la maldad, pues hay un margen de culpa en los necios provocadores de la brutalidad policial. O en los que estos días han molestado, de modo tan contraproducente como intolerable, a los peregrinos pacíficos de la JMJ.

Frente a ese panorama, hay que mantener la cabeza fría y recordar la tríada de valores dignidad-fraternidad-ejemplaridad. Admirable resulta, en ese sentido, la propuesta de Democracia Real Ya (DRY) de conformar estos días una plataforma común JMJ-15M. Se reafirma así la transversalidad del movimiento dejando claro que se rechaza la fractura social venga de donde venga. El peligro es que alguien aproveche esa iniciativa para reconducir a conveniencia el rumbo del 15-M.

Concluyendo, no pocos signos indican que estamos entrando en una fase decididamente fascista en el peor de los sentidos. A partir de ahora se ha de ser aún más consciente de la necesidad del pacifismo a ultranza, de respetar a los policías en cuanto personas y de no caer en provocaciones externas o internas (insistamos en los infiltrados...). Firmeza activa, sí. Violentismo, por acción o reacción, jamás. Sólo así los luchadores por un mundo mejor podrán, al menos, mejorar personalmente. No es poco.

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