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«Es muy difícil ponerse en el pellejo de quien, en mitad del combate, tiene por misión averiguar información de un preso de cuya declaración puede depender en cuestión de horas la vida de miles de personas. Lejos de mí justificar las torturas, pero lejos de mí también la casta de los puros» Cristina López Schlichting, periodista ; La Razón, 21/5/2004).
«Lo de Irak no son torturas» Federico Jiménez Losantos, director de La Mañana de la COPE ; , 21/5/2004).
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Junio 2004
 
Nueva derrota electoral del Partido Popular
Y ya van dos en tres meses... Las elecciones de alcance nacional empiezan a serle sistemáticamente esquivas al PP (Partido de la Prepotencia), el mismo que llegase a creerse inmune a la derrota. Pero aún tiene que aprender a perder.
 

Nueva derrota electoral del Partido Popular
© Juan Fernando Sánchez
LaExcepcion.com (15 de junio de 2004)

Y ya van dos en tres meses... Las elecciones de alcance nacional empiezan a serle sistemáticamente esquivas al PP (Partido de la Prepotencia), el mismo que llegase a creerse inmune a la derrota. Pero aún tiene que aprender a perder.

El 13 de junio, fecha de las elecciones europeas en España, el llamado “Partido Popular” (!?) volvía a salir derrotado en unos comicios de alcance nacional. Y esta vez, sin atentado de por medio.

Los líderes del PP y sus voceros mediáticos venían asegurando, desde el 14-M (fecha de la anterior derrota de este partido), que los resultados de las generales habían obedecido al efecto en la población del terrible macroatentado del 11-M, así como a la gestión que del mismo hizo, sobre todo en la víspera de la cita electoral, el entorno del PSOE. El miedo a los terroristas, por un lado, y la manipulación del grupo PRISA (afín al PSOE), por otro, habrían sido los factores responsables del supuesto vuelco electoral del 14-M, caracterizado, según esta tesis, por una rendición de buena parte de los votantes al chantaje terrorista y a la manipulación del “comando Rubalcaba”.

Por supuesto, se trataba de una lectura parcial e interesada que intentaba deslegitimar la victoria de un partido distinto del PP. Ignoraba, por ejemplo, la escandalosa tergiversación informativa a cargo del gobierno de Aznar en las horas y días inmediatamente posteriores al 11-M, así como lAa percepción que de la misma llegó a tener la mayor parte del electorado (ver Apuntes tras el 11-M). A pesar de ello, la idea llegó a cuajar en buena parte de los votantes de la derecha sociológica, que esperaban, a partir de ahí, una inversión de los resultados del 14-M en cuanto expirase el “efecto 11/13-M”; es decir, en cuanto quedase claro para la mayoría que buena parte del voto dominante de aquella cita electoral había sido fruto del shock emocional y de la manipulación de PSOE-PRISA. Se admitía, más o menos tácitamente, que para la fecha de las elecciones europeas, el 13 de junio, dicho efecto ya estaría superado.

Pues bien, esa fecha llegó y, con ella, la nueva derrota del PP. Sin atentado y sin “efecto 11/13-M”. Ciertamente, la penosa actuación del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ayudaría, de manera paradójica, a mitigar el alcance y la percepción de esa derrota. Pocas semanas antes del 13-J, una encuesta del CIS auguraba una participación del 77% de los electores en las europeas y una aplastante victoria del PSOE, que obtendría cerca del 10% más de votos que el PP. Si el CIS estuviera trabajando para este último partido (?) seguramente no lo habría hecho “peor”.

Ya antes de aquello era de prever que las elecciones europeas, tradicionalmente poco atractivas para el electorado (no sólo en España), contarían con un alto índice de abstención. Y era de suponer que ésta, además, perjudicaría especialmente al voto del PSOE. Los votantes fieles del PP, enrabietados por la inesperada y “fraudulenta” derroAta de su partido el 14-M, acudirían en masa a votar el 13-J. En cambio, los nuevos votantes llegados al PSOE en las últimas generales podrían darse por satisfechos con haber desalojado del poder al Partido de la Guerra, y quizá sentirse indiferentes ante las europeas. Salvo, claro está, que comprendiesen la importancia de estas últimas como reválida, al menos de cara a la galería, de los resultados del 14-M. Fue en este contexto en el que los resultados de la encuesta del CIS vinieron para lanzar un balón de oxígeno al PP gracias al efecto relajación (desmovilización) que, sin duda, provocaron entre muchos electores que el 14-M habían votado al PSOE: si iba a votar cerca del 80% de la gente y el PSOE iba a ganar por paliza, entonces –pensaron– puede que “mi voto”, sólo uno entre tantos, no resulte decisivo.

Naturalmente, hubo otros factores en la enorme abstención del 13-J (el buen tiempo, incluido), verdadero síntoma de una construcción europea efectuada al margen de los europeos. Fueron también millones quienes, habiendo votado al PP el 14-M, se abstuvieron de hacerlo en junio. Pero es de rigor admitir que la abstención, por las razones susodichas, resultó más perjudicial para el PSOE.

Y, sin embargo, fue el PSOE el partido ganador. Por más que el entorno PP-COPE (y compañía) se resista a admitirlo, no fue el Partido de la Prepotencia el triunfador del 13-J. Naturalmente, esa resistencia se debe a que aceptar la verdad obvia (la victoria del PSOE) les obligaría a reconocer que sus análisis post14-M fueron erróneos (por usar una palabra suave) y/o interesados (para decirlo con más precisión). Es asAí como el entorno belicista, y muy particularmente su sección episcopal (cadena COPE), vuelve a cuestionar, en la práctica, la legitimidad de unos resultados electorales. Y a hacerlo, de nuevo, por la sencilla razón de que no les han sido favorables, aunque esta vez para ese cuestionamiento recurran al grotesco expediente de negar la realidad matemática resultante del escrutinio electoral. Apañados estamos con semejantes demócratas (cuyos representantes políticos, por cierto, siguen impunes tras los crímenes bélico-terroristas en los que han sido partícipes en los últimos tiempos).

En su delirio simulador, el señor Jiménez (rutilante estrella matutina de la COPE) llegaba a recordar a los incautos que, a fin de cuentas, el Partido Popular Europeo había derrotado por aplastante mayoría al Partido Socialista Europeo. Ergo… en España había ganado el PP. Pero ésta no es sino la lógica habitual de las estrellas de la cadena obispal, que ahora se usa para negar la derrota de los suyos igual que antes sirvió para llamar al ejército estadounidense “libertador de Irak”.

Concluyamos. Que nadie se llame a engaño: ni una sola de las líneas previas busca sacar la cara por el PSOE y su gobierno, la mayor parte de cuyos pasos desde el 14-M no hacen sino confirmar nuestros peores pronósticos tras su victoria (ver Zapatero presidente: ¿Más de lo mismo?). Aquí no se pretende otra cosa que el esclarecimiento de la verdad, la denuncia de la manipulación (de uno y de otro lado) y, de paso, el sueño de que el Partido de la Prepotencia siga aprendiendo a perder.

Para escribir al autor: juanfernandosanchez@laexcepcion.com
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