Frase Sensata
del Mes

«El nuevo discurso de guerras globales indefinidas [...] define [...] un proyecto que es global y totalitario, y que se presenta administrativa y mediáticamente como un orden necesario, incuestionable y perfecto» (Eduardo Subirats, El Mundo, 5.4.02).
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Frase Insensata
del Mes

«Una democracia no puede dar carta de naturaleza a la existencia de comunidades porque eso es permitir la lesión de los derechos de la persona en su seno» (Enrique de Diego, Libertad Digital, 4.4.02).
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Mayo 2002
  "Apostillas / Abril de 2002". El contrapunto de La Excepción a la información de los medios, usualmente sesgada.
  "Lo que dicen y lo que en realidad quieren decir / Abril de 2002". "Traducción" de declaraciones de personajes públicos en las que dicen más de lo que parecen expresar.
  "Le Pen y otras amenazas". Los avances de Le Pen (y de la ultraderecha europea en general), siendo inquietantes, no constituyen la principal amenaza de la política europea y mundial.
  "Venezuela y manipulación informativa". La manipulación informativa en torno al golpe en Venezuela rebasa el marco de ese país. Es todo un signo de los tiempos.
  "Oriente Próximo y simplismo bipolar". Un conflicto envenenado que recibe más veneno cada día.

 

Apostillas / Abril de 2002
© LaExcepción.com

La información de los medios, usualmente tan sesgada, requiere un mínimo contrapunto. Aun a riesgo de introducir nuestros propios sesgos, en La Excepción hemos decidido dárselo.


El Pentágono proyecta invadir Irak y derrocar a Sadam en 2003
El Mundo, 29.4.02

[...] NUEVA YORK. Operación Tormenta del Desierto, segunda parte. De 70.000 a 250.000 soldados americanos en acción, cinco divisiones al completo. Hasta 1.000 vuelos diarios, con una descarga nunca vista de bombas inteligentes. Objetivo: invadir Irak y derrocar a Sadam Husein. Fecha prevista: primeros meses de 2003. [...]

George W. Bush, hijo, se propone ahora rematar la guerra que dejó inacabada su padre, y pretende hacerlo con la mitad de tropas de tierra, incluso menos. [...]

El máximo responsable del Ejército norteamericano en Asia Central quiere sacar todo el partido posible de las lecciones aprendidas en Afganistán, incluida la alianza con fuerzas rebeldes, el uso de los soldados de elite y el recurso a las tropas propias en las operaciones más delicadas. La CIA ha prestado también su máxima colaboración, aunque los seis golpes frustrados contra Sadam en los años 90 no son precisamente la mayor de las garantías. [...]

Los halcones de Defensa están presionando también a Bush para que desoiga las recomendaciones del Departamento de Estado, que ha sugerido dar un nuevo ultimátum a Sadam para que permita el paso a los inspectores de armamento. Según el Pentágono, la polémica sobre las inspecciones pasó a la historia.

La presencia militar en la zona del Golfo Pérsico ronda ya, hoy por hoy, los 70.000 efectivos. El Pentágono pretende ir agregando paulatinamente sus fuerzas, sin descuidar el frente abierto en Afganistán (donde se teme un posible reagrupamiento de los talibán) y las operaciones actualmente en curso en Filipinas y Yemen.

El cinismo desborda en un nuevo anuncio de agresión inexorable. Endiosados, los amos del mundo engrasan la máquina de la guerra sin miedo a reconocer («la polémica de las inspecciones pasó a la historia», parafrasea el cronista) que ya ni siquiera hará falta seguir fabricando excusas para consumar las nuevas masacres. Entretanto, el mundo calla, adormecido con fútboles y triunfomanías de toda laya... © LaExcepción.com


Acuerdo Turquía-Santa Sede para promover el diálogo interreligioso

«Declaración» sin precedentes con un país islámico

CIUDAD DEL VATICANO, 28 abril 2002 (ZENIT.org).- El viernes pasado la Santa Sede y el Gobierno de Turquía, país mayoritariamente musulmán, firmaron un decisivo acuerdo que tiene por objetivo promover el diálogo interreligioso. [...]

«No se suele hacer así y, de hecho, hemos recibido una autorización especial para hacer este acuerdo –revela–, pues en el mundo islámico no hay una gran diferencia o no hay una perfecta distinción entre autoridades religiosas y autoridades gubernamentales».

«Si nosotros buscamos un socio (partner) para el diálogo con los musulmanes en Turquía, este socio oficial es un exponente del Gobierno. Así se explica en este acuerdo», añade el prelado

Se trata de un acuerdo sin precedentes con un Gobierno. El Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso ha establecido acuerdos con instituciones islámicas para promover el diálogo entre creyentes de las dos religiones, pero no con instituciones propiamente gubernamentales. [...]

Según revela el obispo, el documento [...] «quiere apoyar la libertad de religión, la libertad de creencia, la libertad de conciencia. Me parece que es importante subrayar esta afirmación de la libertad», insiste. [...]

No nos cansaremos de advertirlo: El eufemismo ‘diálogo interreligioso’, en boca de la Falsa Sede, designa la búsqueda de la sumisión espiritual de las demás religiones al imperio político-religioso vaticano. En el cual, por cierto, no hay diferencia alguna “entre autoridades religiosas y autoridades gubernamentales”. Acostumbrados como están a medrar en las esferas políticas, resulta comprensible el gran gozo de haber hallado un “socio oficial” en un gobierno, en este caso turco y básicamente musulmán. © LaExcepción.com


Coitofilmes

Lara de Tucci
La Razón, 22.04.02

[...] El coito se ha convertido en algo sin el cual los realizadores y guionistas no sabrían sacar adelante con solvencia una cinta interesante, de esas que satisfacen plenamente a los entendidos espectadores. [...] La situación ya se hace cargante para los que gustan de la compostura moral y del estilo correcto. Cosa que resultará complicada por cuanto la gran masa de cinéfilos, al estar dominada por los hacedores del celulosexo, reclama ser servida en las pantallas con encuentros carnales cada vez menos comedidos, cada vez más aberrantes.

Hay muchos otros males provocados por estos coitofilmes: el realizador, al introducir al espectador en los ámbitos más íntimos de la persona, provoca una confusión intencional entre el ámbito privado y el público, al igual que hacen los programas televisivos del tipo de ‘Gran Marrano’, a los que tanto se llegan a parecer, en contenidos visuales, algunas películas. Además, la ley de la oferta y la demanda empuja a los directores “de calidad” a premiar a sus seguidores con escenas calientes, en un estúpido afán de superarse unos a otros en ‘provocación’ o ‘transgresión’ adolescentes. © LaExcepción.com


Los grandes medios ‘fallaron’ en Venezuela

ICPress, abril de 2002

CARACAS. 20 abril 2002, Associated Press, Reuters, The New York Times and CNN son los principales ‘inculpados’ entre la práctica totalidad de los medios de comunicación globales por una cobertura de los acontecimientos de Venezuela cuando menos sesgada, según Al Giordano de Narco News, un portavoz muy crítico con los grandes medios.

La cobertura que realizaron del derrocamiento de Chávez y su posterior retorno al poder es juzgada como ‘bloqueo informativo’ que solamente rompieron unos cuantos pequeños medios digitales independientes. ‘No es tanto nuevas tecnologías contra viejas, se trata más bien de seres humanos, periodistas, auténticos periodistas que ahora pueden expresarse’.

¿“Fallaron”? Solamente en sus expectativas. Sus propósitos estaban y siguen estando claros: la manipulación; y en esta labor han resultado de lo más certeros. No hace falta ser chavista para verlo, y en ‘La Excepción’ no lo somos (ver Venezuela y manipulación informativa, donde analizamos el “fallo” de los medios de manipulación españoles). © LaExcepción.com


El paraíso castrista de Chávez

La Razón, 13.4.02

Luis María ANSON de la Real Academia Española

Once venezolanos de la Venezuela de Chávez ganan lo que un habitante de Bermudas. Eso lo explica todo. Ha bastado que el caudillo castrista aplicara unos años los procedimientos comunistas para situar a su nación al borde del precipicio. Chávez empujaba el muy felón para el derrumbamiento final y quedarse él ejerciendo la dictadura sobre el pueblo arrasado, como Castro, su maestro, en Cuba.

América ha vivido la penúltima aventura comunista. La última sigue siendo la del tirano Castro, alzado, él y su oligarquía, sobre la ruina del pueblo cubano. Creyó Fidel encontrar aliado en Venezuela y apoyó con todos sus medios al emergente caudillo Chávez. Pero se equivocó. El pueblo venezolano reaccionó a tiempo y todos, empresarios, sindicalistas, militares, Iglesia, artesanos y trabajadores, Fuenteovejuna todos a una, derribaron al dictadorzuelo, uno de los hombres más zafios que ha dado la política iberoamericana. [...]

Es sólo una muestra de cómo “informaba” la prensa española una vez consumado el golpe contra Chávez (y en realidad, cuando ya había fracasado: ver la fecha de esta cita). El texto rezuma triunfalismo golpista. Resultó luego que los venezolanos no resultaron ser “Fuenteovejuna todos a una”, sino un pueblo mucho más dividido de lo que nos estaban contando Ansón y compañía. Pero éstos jamás pidieron (¿ni pedirán?) excusas por sus “errores” (ver Venezuela y manipulación informativa). © LaExcepción.com


Detectan carne española con riesgo de infección de 'vaca loca' en Gran Bretaña

El Mundo, 12.4.02

LONDRES.- El miedo a las vacas locas volvió a apoderarse ayer de Gran Bretaña. Y todo, por culpa de un partida de carne procedente de España en la que se encontró material susceptible de estar infectado con encefalitis espongiforme. El suceso ha servido para poner en evidencia que la normativa aprobada en España, a fin de evitar la propagación de la epidemia, no está funcionando como debiera. [...]

La legislación europea obliga a retirar y a destruir la espina dorsal del animal en el mismo momento en que éste es sacrificado. Sin embargo, todo indica que en España esa normativa no se está cumpliendo con la contundencia con que se debiera. [...]

Una noticia de enorme gravedad tratada nuevamente como si fuera de orden secundario o anecdótico. ¿Qué medios se han hecho eco de ella y qué importancia le han dado? Durante la campaña contra las vacas locas del año pasado habría salido en las portadas de todos los diarios europeos. Si hoy varios grupos poderosos se hubieran encargado de repetirla en sus informativos, habría sido tema de tertulias y editoriales. Pero, pasada la moda, la inseguridad alimentaria vuelve al lugar informativo donde siempre ha pasado inadvertida. Lo cual prueba, una vez más, la voluntad de autoridades y consumidores de no querer saber, cuando el conocimiento puede implicar cambios revolucionarios en el sistema económico o en los hábitos personales. © LaExcepción.com


Por qué escribo de arte

Antonio García Trevijano
La Razón, 8.4.02

[...] Los gobernantes actúan de modo tan horrible como incompetente, pero los votamos. El sistema constitucional nos impide elegir algo menos malo, pero lo apoyamos. Los medios informativos restringen el espacio de la verdad, pero los compramos. El sistema judicial es un apéndice del poder, pero no lo separamos. La enseñanza fabrica títulos profesionales de la ignorancia, pero no la mejoramos. El cursus honorum premia el conformismo de la mediocridad, pero abominamos la rebeldía de la excelencia. Las clases dominantes ridiculizan la dignidad, pero nos integramos en ellas. Aparte del amor, la amistad y la Naturaleza, ¿qué nos queda de honorable o de bello en la vida cotidiana? ¿La vocación profesional, el arte o el deporte? Los hemos convertido en medios materiales de vida o de negocio.

La exclusiva voluntad de vivir no explica, ni justifica por sí sola, la noluntad de desarrollar la personalidad individual, en una sociedad carente de ideales, mediante una vida personal auténtica. En alguna otra parte instintiva debe encontrarse el motor que sigue empujando a la humanidad a producir exploradores de la verdad en el más allá (religiones) o en el más acá (ciencias). [...]

Lo peor que le ha sucedido al arte ha sido caer en las garras de la literatura ininteligible de la crítica profesional. La superchería es aquí tan consustancial como en el discurso político. Sólo puede verse con claridad desde fuera. Y percibo una necesidad social de que el arte retorne a la belleza.

Como complemento a sus interesante análisis políticos (ver, por ejemplo, Gobierno secreto del mundo), García Trevijano viene obsequiando a sus lectores con breves pero enjundiosos ensayos periodísticos sobre arte, en los que traza los contornos éticos de la actividad creativa, con el mismo rigor y sensatez con que en sus reflexiones sociales reclama la virtud. Pero cuando un pensador libre y valiente ha derribado el último mito sobre el que se sustentaban las certezas colectivas y personales, cuando constata que ya no hay salidas posibles en este angustioso peregrinar, entonces entra en el paisaje vacío y solitario, en el secarral, y sólo encuentra una vía de escape: la estética. Es el último y destartalado refugio de los que no han querido traicionar a su coherencia. © LaExcepción.com


Israel ocupa los territorios palestinos

El País, 7.4.02

George W. Bush y Tony Blair pidieron ayer al Gobierno de Israel que retirara 'inmediatamente' sus tropas de las ciudades palestinas. [...] El problema de Irak quedó en suspenso, marginado por la inflamación del conflicto entre israelíes y palestinos. [...]

Para que no quedaran dudas acerca de que el presidente iraquí había ganado tiempo, pero nada más, George W. Bush subrayó que la política de su Administración, y 'la de la Administración anterior', consistía en acabar con Sadam Husein. 'O mejor acabar con el actual régimen iraquí, que suena más civilizado', bromeó. Blair se mostró de acuerdo en que la comunidad internacional debía 'enfrentarse' al problema planteado por un dictador que trataba de almacenar armas de destrucción masiva y constituía 'una amenaza real' para el mundo. [...]

Informaciones como ésta, y la propia lógica del asunto, dejan claro lo que pasó: Lo único que motiva la exigencia a Sharón de que ponga fin a su invasión de Palestina es la urgencia estadounidense por dar comienzo a su invasión de Irak (ver Oriente Próximo y simplismo bipolar).

Pero además, se agrega aquí una nota de prepotente humor negro: El dios de la política internacional no se recata en bromear sobre la suerte que correrán miles de iraquíes bajo la apisonadora norteamericana. Y el mundo calla, dormido... © LaExcepción.com


Las guerras del fin de la Historia

Eduardo Subirats
El Mundo, 5.4.02

[...] El final de la historia es, en realidad, una vieja consigna apocalíptica, formulada primero por el imperialismo cristiano español o refundido más tarde por el milenarismo nacionalsocialista alemán bajo el signo de la construcción de siempre repetidos órdenes mundiales y globales. En sustancia esta doctrina quiere decir que cuando todo el orbe sea cristiano o cuando todo el globo se haya convertido a la propaganda construida por la media corporativa, la Humanidad obediente alcanzará la felicidad, ya como consumidores del reino de Dios, ya como beatos del paraíso neoliberal. [...]

Bajo esta perspectiva me parece reveladora la definición oficial del nuevo discurso de guerras globales indefinidas como guerra de civilización, y que a esta guerra se le otorgue además la dimensión simbólica de una guerra trascendente del Bien contra el Mal, es decir, una guerra santa, una cruzada en el sentido del maniqueísmo cristiano más arcaico. Es una guerra que abraza no solamente una estrategia militar o una tecnología armamentista específica. Ella define además un proyecto civilizatorio. Un proyecto que es global y totalitario, y que se presenta administrativa y mediáticamente como un orden necesario, incuestionable y perfecto. Una guerra apocalíptica del cumplimento final de los destinos de la civilización cristiana y capitalista, de sus valores de libertad, de poder, de orden, de razón. [...]

El programa del final de la historia define también el estado de parálisis intelectual, la ausencia de proyectos artísticos o sociales, el vacío existencial que domina en los centros de decisión cultural global. Define un nihilismo integral ligado a la concentración de poder tecnológico y financiero. Este vacío exige un cambio radical en nuestra forma de pensar globalmente y en la definición de nuestro futuro.

Los analistas más agudos y críticos son conscientes de la perversión imparable en que se halla inmerso el mundo, cuyos proyectos avanzan a pasos agigantados hacia la nada. ¿Qué cambio radical se podría esperar “en nuestra forma de pensar globalmente y en la definición de nuestro futuro”? Desgraciadamente, la última palabra del intelectual horrorizado suele ser una afirmación voluntarista (ver ¿Fin del optimismo humanista?) cuyo fundamento último es igualmente la nada y, en ocasiones, un espiritualismo esotérico. ¿Existe alguna otra salida? Ver Una fecha y sus secuelas. © LaExcepción.com


«El mayor milagro de Isabel la Católica fue poner en marcha los derechos humanos»

La Razón, 3.4.02

Luis Suárez, historiador y Premio Nacional de Historia 2001, cree que la defensa de los más débiles prueba la arraigada fe de la Reina. La Iglesia ha relanzado su proceso de beatificación

Luis Suárez asegura que no interviene «en las gestiones para obtener la beatificación de Isabel», pero que «mi confianza en la Iglesia es tan absoluta que estoy convencido de que lo que disponga en este tema será lo más correcto». [...]

- En las vidas de muchos santos, los milagros están presentes en sus vidas. ¿Existe constancia histórica de que la Reina Isabel hiciera alguno?

- En algunos santos, pero no en todos. [...] ¿Quiere usted más milagro que poner en marcha la doctrina de la Iglesia sobre los derechos humanos?

- Bien; aunque es inevitable tratar el tema de Isabel la Católica y no hacer referencia a la expulsión de los judíos. Es cierto que España fue el último país de Europa en expulsarlos, pero, a todas luces, parece que fue una decisión injusta. ¿No revela este hecho una debilidad de la Reina; un no vivir heroicamente las virtudes, como se pide a todos los aspirantes a la santidad?

- Isabel veía en el cristianismo, no como ahora hacemos –una doctrina más entre las varias posibles a la que uno es libre para adherirse o no–, sino que para ella era la verdad absoluta. Así pues, ningún servicio mayor podía hacerse al hombre que conseguir que conquiste la salvación eterna. Ramón Lull, San Raimundo de Penyafort y San Vicente Ferrer habían llegado a la conclusión de que el modo de conseguir esto en los judíos –a los que ella había tratado siempre con fervor y benevolencia– era, tras una oportuna catequesis, brindarles la oportunidad de alcanzar el premio más valioso: la salvación. [...] ¿Estaba equivocada? Me parece que sí, pero era la norma que la Iglesia de entonces y los santos más conspicuos establecían. Ella obedeció los mandatos de la Iglesia. Pero es importante que los resentidos o los que no comparten su fe traten de comprender correctamente los motivos. Importa no volver a cometer errores. Para ello es preciso definirlos y delimitarlos en su verdadera dimensión; no caer en mentiras. [...]

La beatificación de una persona por parte del papado concierne, en principio, a los católicos romanos, por lo que parecería sorprendente las reacciones que este tipo de decisiones suelen provocar en otros colectivos. En este caso, por ejemplo, los judíos, que sufrieron directamente la política de Isabel. Ahora bien, estos procesos merecen el seguimiento y la reflexión por parte de toda la sociedad, en la medida en que la Iglesia Católica Romana sigue teniendo, como hace quinientos años, un proyecto de sociedad y de “evangelización” universales. Dado que las beatificaciones de cada momento histórico corresponden a políticas perfectamente organizadas (ver Rehabilitaciones vaticanas), y teniendo en cuenta que las virtudes privadas atribuidas a Isabel de Castilla son comunes en muchos otros personajes históricos sobre los que no se ha planteado la posibilidad de beatificarlos, cabría preguntarse por el sentido de este proceso. Y no dejan de sorprender y asustar las flagrantes contradicciones con que este historiador trata de explicar, en una descarada manipulación de la interpretación histórica, que transgredir los derechos humanos (¡y para colmo en nombre de Cristo!) es en realidad defenderlos (en una época, por cierto, en la que ya había en Europa autores y comunidades que defendían la libertad de conciencia). Por cierto, no se pueden equiparar los “derechos humanos” que cita el titular con “la doctrina de la Iglesia sobre los derechos humanos”, que es en realidad lo que dijo Luis Suárez. © LaExcepción.com

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Lo que dicen y lo que en realidad quieren decir / Abril de 2002
© LaExcepción.com

Numerosos personajes públicos hacen declaraciones en las que expresan una cosa pero implícitamente comunican algo distinto. En La Excepción nos permitimos "traducir" algunas de estas frases crípticas.

George W. Bush, sobre su política de “acabar con Sadam Husein”
«O mejor acabar con el actual régimen iraquí, que suena más civilizado» (El País, 7.4.02).
Traducción
«Tenemos tanto poder, los demás países son tan tontos, y además yo soy un cowboy tan chulo que, ¿para qué andarme con finuras diplomáticas? Pero si lo prefieren así...»

Enrique de Diego, colaborador de Libertad Digital
«No puede hablarse de acuerdos con la comunidad islámica porque ésta no existe. No hay Iglesia o jerarquía. Los que hablan en nombre de esa comunidad son grupos habitualmente integristas financiados por Arabia Saudí. Eso es lo que está sucediendo en España. Una democracia no puede dar carta de naturaleza a la existencia de comunidades porque eso es permitir la lesión de los derechos de la persona en su seno»(Libertad Digital, 4.4.02).
Traducción
«No puede hablarse de acuerdos con la comunidad islámica española porque no son católicos romanos, como lo revela el hecho de carezcan de iglesia o de jerarquía. Pero si eso no resulta convincente, recuérdese que se trata de musulmanes integristas, es decir, terroristas en potencia. Y si aun esto no bastara, tampoco se olvide que no es democrático el reconocimiento de comunidades, algo contrario a los derechos humanos (la existencia legal de la Iglesia Católica Romana, la Asociación de Víctimas del Terrorismo, el Real Madrid, mi comunidad de vecinos y un sinfín de otras comunidades no suponen más que alguna aislada excepción a esta regla, que debe ser escrupulosamente observada).»

Libertad Digital, en su sección de encuestas
«Nota: La pregunta del día no admite más que una votación por cada IP cada media hora. Sus votos reiterados no influirán en el resultado final de la votación» (Libertad Digital, abril de 2002).
Traducción
«La manipulación de nuestras encuestas es cosa que nos reservamos en exclusiva nosotros mismos y que aplicamos mediante la formulación de las opciones de respuesta que consideramos apropiadas.»

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Le Pen y otras amenazas
© G. S. V. [guillermosanchez@laexcepcion.com] /
J. F. S. P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (5 de mayo de 2002)

Los avances de Le Pen (y de la ultraderecha europea en general), siendo inquietantes, no constituyen la principal amenaza de la política europea y mundial. Las propias reacciones populares que suscita el fenómeno desvían la atención de asuntos aún más graves.

Numerosos autores ya han analizado ampliamente, tanto en la prensa española como en la internacional, la singularidad de los resultados de las elecciones presidenciales francesas: el ascenso de Le Pen ha sido menos significativo porcentualmente que en elecciones anteriores; la novedad radica más en la caída del Partido Socialista, pero el peculiar sistema electoral a dos vueltas ha dado a Le Pen un preocupante protagonismo; gran parte del voto del Frente Nacional viene del electorado tradicionalmente comunista; el auge de Le Pen está asociado al apoyo que le proporcionó el Partido Socialista Francés para restarle votos a la derecha; la corrupción anclada en el sistema ha impulsado a las ofertas antisistema; asistimos a la quiebra de la V República, o por lo menos de su sistema electoral...

Sin duda, el fenómeno Le Pen es altamente preocupante. Los electores no votan programas, sino personas, discursos, proclamas, eslóganes, y una estética. En este sentido, la cosecha de votos por parte de Le Pen significa que muchos electores no ven obstáculos morales para elegir a un personaje xenófobo, racista, desmedidamente ambicioso y personalista, y que en multitud de ocasiones ha protagonizado públicamente episodios de violencia verbal y física por los que ha tenido que rendir cuentas ante la justicia. No es que los otros candidatos resultasen éticamente ejemplares, pero se puede entender que, tristemente, muchos electores ignorantes se vean engañados por las formas bien guardadas o simplemente porque mantengan una aparente “presunción de inocencia”, como suele ocurrir con los políticos convencionales, incluidos los corruptos. En todo caso, resulta inquietante pensar que tan alto porcentaje de ciudadanos vote a alguien cuyos defectos no sean siquiera objeto de ocultamiento, sino más bien de exhibición.

Quizá el mayor peligro del protagonismo político de Le Pen no esté tanto en sus posibilidades de gobernar (que sí suponen una amenaza, pero son todavía remotas a nivel nacional), como en el efecto que su ascenso puede provocar sobre los demás partidos, tanto franceses como europeos. En la medida en que la política se concibe como mecanismo de captación de votos, se puede considerar que acaba de comenzar la batalla por ganar al electorado que ha expresado su hartazgo por los partidos tradicionales.

Asimismo, ya se han oído las voces “liberales” de la Brigada Antiprogre señalando que, como la derecha de nuestro país no asuma una política más directa contra la amenaza inmigratoria, se estará sembrando el caldo de cultivo de fenómenos similares al francés.

Pero, con ser la xenofobia el rasgo más llamativo y el eje central del programa del Frente Nacional francés, no es su única propuesta. Directamente conectadas con ella, las proclamas por la seguridad ciudadana han calado hondo en el clima de angustia e incertidumbre que la sociedad del espectáculo no consigue ahogar. De hecho, recién derrotado Le Pen en la segunda vuelta electoral, ya se ha anunciado la creación de un ministerio específicamente consagrado a la seguridad ciudadana, asunto éste que ha supuesto un auténtico filón de votos para dicho candidato. Dato que se enmarca, en realidad, dentro de un discurso que todos los partidos europeos han asumido en una u otra medida, y que incluye también una creciente obsesión por la seguridad nacional (con motivaciones étnicas y otras basadas en el pánico al terrorismo). Hipotéticas nuevas crisis nacionales o internacionales podrían acentuar estas preocupaciones. No tardará en generalizarse también la defensa de la pena de muerte como medida disuasoria en casos extremos.


Extrema derecha y globalización

La derecha “liberal” ha acusado al llamado “movimiento antiglobalización” de sostener posturas cercanas a Le Pen, y de coincidir en una misma corriente antisistema. Es cierto que tras algunos pretendidos antiglobalistas se ocultan intereses nacionales, especialmente en Francia (piénsese, por ejemplo, en el líder agrario ultraproteccionista José Bové). Pero el grueso del “movimiento antiglobalización”, típicamente izquierdista, está en realidad a favor de la globalización (ver Antiglobalistas por la globalización). Hoy en día, la auténtica antiglobalización está representada por la extrema derecha en sus múltiples manifestaciones ideológicas y nacionales.

Por ejemplo, la “derecha cristiana” norteamericana, partiendo de una base distinta de la europea, mantiene posturas aislacionistas similares a las de algunos líderes del Viejo Continente. Aquí hemos visto cómo, por ejemplo, ante la propuesta del líder ultraderechista austríaco Haider de promover una federación de partidos de esta tendencia en Europa, el presidente del partido belga Vlaams Blok, Frank Vanhecke, afirmaba: «Nosotros somos nacionalistas nacionales. Estamos en contra de una Europa federal y por tanto no veo el interés de un partido federal» (El País, 30.4.02).

Precisamente uno de los aspectos que más llaman la atención del programa del Frente Nacional francés es que incluye la denuncia de los tratados de la Unión Europea. El nacionalismo de Le Pen arranca de la añeja tradición chovinista francesa, que tantos frutos ha dado en el campo de la política, incluidos no pocos ilustres fascistas en el pasado. Y ahora emerge, precisamente en el momento histórico en el que la humanidad se encuentra ante la aceleración de un proceso globalizador de múltiples y complejas ramificaciones.

Le Pen, por tanto, representa el nacionalismo contrario a la globalización. En última instancia, la extrema derecha, al igual que los nacionalismos emergentes desde la caída del muro de Berlín, anuncia el resurgir del estado-nación que en realidad nunca se fue y que se niega a morir, a pesar de los cantos fúnebres que le entonan los creyentes en la globalización.

En la medida en que los partidos europeos con opción real de gobierno pretendan asumir parte de las propuestas de la extrema derecha, ¿veremos acentuarse el nacionalismo en sus programas? Es difícil creer que así sea, pero, dado el descrédito de las instituciones comunitarias, no resulta imposible. La misma Unión Europea responde, en realidad, a un proyecto a la vez “transnacional” y “nacionalista” (ver Los estados-nación ante la globalización).

Alguien podría pensar que quizá otra perspectiva se abra camino: los sustos que viene provocando la ultraderecha europea traerían una reacción de los partidos tradicionales, y de los propios ciudadanos, con un renovado entusiasmo por la política (si es que en esta era del desengaño todavía quedan reservas de ilusión...), como el aparentemente suscitado en Francia contra Le Pen. Así, además del enemigo exterior (el integrismo islámico), Occidente podría contar con un enemigo interior (la extrema derecha) frente al que cohesionarse, previa asimilación de las propuestas electorales que pudieran atraer a los votantes.

Ahora bien, este análisis presenta ciertas debilidades. Tal entusiasmo tiene mucho de teledirigido y posmoderno. Se expresa en manifestaciones típicamente progres, es decir, festivas (auténticas celebraciones), aunque sobre el papel sea un motivo dramático el que las convoca. Responde más bien al obsesivo afán de alicientes vitales que caracteriza al ser humano contemporáneo, y no es probable que provoque una “reideologización” de los franceses ni del resto de los europeos. Las viejas ideologías, tanto los “ismos” como los “antis”, están hoy agotadas y, para bien o para mal (seguramente, más para lo último), hoy la capacidad de reilusonamiento social sólo tiene una fuente, nos guste o no: la religión. (Pero recuérdese que en La Excepción sostenemos la convicción de que la Época Neorreligiosa ya está aquí...).

El fenómeno Le Pen delata también las frágiles fronteras entre la derecha y la izquierda tradicionales que, en su lucha por el centro político, comparten cada vez más posturas similares, sobre todo cuando les toca gobernar (ver Bipartidismo). La Tercera Vía de Blair y el Nuevo Centro de Schröder así lo demuestran. Pero tampoco la Francia de Jospin ha sido mucho más “de izquierdas” realmente, sino que sus políticas peculiares responden más a la tradición “nacionalista” (en el sentido de proteccionista, antiliberal...) de Francia, que engloba a toda la clase política. De ahí que algún analista de derechas afirmara que ni siquiera en la primera vuelta se presentaba un candidato propiamente liberal.


Conclusiones

El gran error sería interpretar la aplastante victoria final de Chirac frente a Le Pen (que experimentó, pese a ella, una cierta subida de votos en la segunda vuelta) como un entusiasmo real de la mayoría del pueblo por el sistema. Si algo cabe extraer del fenómeno lepenista es que cada vez más gente se atreve a mostrar su hartazgo de la manera más descarada. La extrema derecha asusta al resto –sobre todo cuando muestra una faz tan cínica y agresiva–, y de ahí, sólo de ahí, el alto porcentaje que acabó votando a Chirac.

Pero la corrupción política y su impunidad, la ausencia de ideologías en los partidos, y la mediocridad moral de sus dirigentes (ver Políticos mediocres) son el caldo de cultivo perfecto –sobre todo en presencia de altas cuotas de inmigración– para el auge de posturas ultrarreaccionarias. A fin de encararlas, los políticos del sistema, no sólo en Francia, deberían extraer la lección de que sus ciudadanos están, en el fondo, absolutamente desencantados con el sistema. Pero no la extraerán: seguirán medrando, con mayor o menor disimulo, por los cauces legales, paralegales y extralegales del entramado partitocrático que ellos mismos se han montado, con el pasivo consentimiento de la gente; y continuarán utilizando la “voluntad popular” como mera excusa para materializar su afán de poder. Siempre fue así, y así lo será siempre. Antes de Hitler y después. Antes de la amenaza de Le Pen, y una vez conocida. Que nadie espere otra cosa.

Por lo demás, que tampoco sobreestime nadie este fenómeno, por peligroso que parezca. Mal que le pese a su grandeur, hoy Francia es una potencia menor. En nuestros días, y a pesar de lo que han dicho algunos analistas, este país no marca la pauta europea como lo hacía en siglos pasados. Mucho menos, la mundial. Tampoco su ethos laico se halla acorde con los signos de los tiempos. Éstos revelan, más bien, un mundo global unipolar, con una sola potencia hegemónica; y la emergencia de la ya mencionada Época Neorreligiosa...

Por eso, cuando uno recuerda que la campaña “Maldad Duradera” sigue en marcha y que anuncia con desfachatez sus nuevas tropelías (se indica a Irak como el próximo destino), tanto énfasis en Francia, Le Pen y compañía desvía la atención de las principales amenazas globales. La mayoría de los que ponen el grito en el cielo contra el peligro lepenista, de lo más incierto todavía, callaron miserablemente ante las masacres hegemónicas en Afganistán, y siguen haciéndolo mientras escuchan las que se preparan. La gente parece tener más miedo a Le Pen que a las mucho más graves perspectivas políticas que afronta la humanidad: la globalización unipolar emergente en un mundo de incertidumbre, en el que el terrorismo y la guerra (¡tan difíciles de distinguir!), junto con todas las manifestaciones de violencia, se alimentan mutuamente en una espiral de horror y destrucción.

© LaExcepción.com

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Venezuela y manipulación informativa
© J.F.S.P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (12 de mayo de 2002)

Aparte de los aspectos más trágicos, el efímero golpe del pasado 11 de abril en Venezuela sirvió para poner en evidencia la capacidad manipuladora del sistema. Algo que puede admitirse sin necesidad de defender a uno u otro sector en conflicto.

Los medios de comunicación del sistema, casi al unísono, han completado un nuevo hito en su labor manipuladora con ocasión del reciente golpe en Venezuela. Ha quedado al descubierto, de paso, que esa labor ya era previa: llevaban meses presentándonos, de un modo groseramente unilateral, una realidad venezolana bastante diferente a la que ahora ha podido constatarse. A tal grado llegó su meticulosidad en esa tarea que no ha de extrañar la hipótesis de que estaban, de hecho, colaborando en la gestación del golpe.

Por convicción personal y fidelidad a nuestros principios, en La Excepción no tomaremos partido por ninguno de los sectores enfrentados. Extrema es nuestra desconfianza hacia cualquier dirigente político de la tierra, y no lo es menos cuando éste enarbola un programa con tintes mesiánicos, por muy buenas intenciones que lo animen.

Ahora bien, ni siquiera este radical recelo hacia todo poder humano puede conceder a nadie el derecho de falsificar la realidad relativa a cualquier gobierno. Y eso es lo que ha venido pasando con la Venezuela de Chávez. Así, ya mucho antes del golpe, desde los medios informativos españoles se nos estuvo diciendo de manera machacona que éste tenía contra él a todo el pueblo y a la mayor parte del ejército (incluso después de varias consultas electorales en las que los resultados indicaban más bien lo contrario). Una vez producido el derrocamiento de Chávez, se interpretó como la evidencia definitiva de la versión oficial de los medios. El problema llegó cuando, apenas día y medio después, los golpistas tuvieron que retirarse ante la presión de buena parte de la población y la mayoría del ejército. Para protegerse de su sensación de ridículo, los elementos más recalcitrantes del sistema crearon la hipótesis del autogolpe. Poco importaba que la principal cabeza visible del golpe fuera el líder de la patronal venezolana, Pedro Carmona. Tampoco pidieron excusas esos “informadores” cuando el prestigioso semanario estadounidense Newsweek (poco chavista, que se sepa) afirmó que la orquestación del golpe había corrido a cargo del magnate Gustavo Cisneros (amigo de Bush padre, de Carlos Andrés Pérez... y de Felipe González), junto con dos altos militares norteamericanos.

Nada de ello impidió que el sistema siguiese fabricando mentiras, muchos días después del golpe fallido. Así, con motivo del Primero de Mayo se informó que las manifestaciones antichavistas habían concitado a veinte veces más participantes que las favorables a Chávez (80.000 frente a 3.500, según El País). Algo fácil de desmentir con sólo mirar las fotos aéreas de tales actos, disponibles en Internet, pero vedadas en los grandes medios del sistema. Es así como, pese a todo, la masa de la población española sigue ignorando las dimensiones de la manipulación.

Consciente desde el primer momento de dichas dimensiones, el autor de estas líneas envió, en nombre de La Excepción, la siguiente carta a numerosos medios españoles de manipulación:

Una lección nada desdeñable

Estimados amigos:

Lo acontecido en Venezuela (caída y regreso de Chávez en poco más de 24 horas) debería suscitar profundas reflexiones sobre el modo en que se viene informando y, pretendidamente, uniformando a la opinión pública española.

Personalmente, como es mi costumbre, no tomo partido por ninguno de los dos bandos en conflicto: chavistas y opositores. Pero eso no me impide contemplar la realidad con ojos críticos.

Y en virtud de ello, he observado en los últimos días (en los últimos meses también) cómo la casi totalidad de los principales medios de "información" españoles (la excepción es un programa de una radio minoritaria, aunque influyente) hablaban de que Chávez había perdido el respaldo de toda la población y el ejército. La tergiversación llegó incluso a negar u omitir que hubiera habido manifestaciones chavistas en la jornada previa al golpe de estado, dándose a entender que todas eran contrarias al "comandante".

En LaExcepción.com, revista electrónica próxima a cumplir un año, venimos denunciando la ultratendenciosa manera de informar por parte de la inmensa mayoría de los medios españoles e internacionales. Nos encontramos ante un caso más, en la medida en que, con independencia de la ulterior evolución de los acontecimientos en Venezuela (y la situación, en absoluto se adivina estable), ha quedado demostrado que Chávez tenía mucho más apoyo popular y militar que el que se nos decía, de manera interesada o seguidista, desde los medios deformativos españoles. Todo ello, naturalmente, no le da la razón a Chávez (como tampoco se la quitaba la tergiversación previa), pero sí deja en entredicho la penosa conducta de dichos medios.

Algunos, como el "liberal" Federico Jiménez Losantos, había venido promoviendo el golpe desde hacía meses sobre la base de esa información sesgada, a la que él y su programa tanto contribuyen. Y lo celebró el viernes pasado con amplio repicar de campanas. Pero es sólo un ejemplo. Pues todos los demás grandes medios, así como los partidos políticos (con la única excepción de Izquierda Unida), aplaudieron el golpe de estado con la misma falta de sonrojo con que se llenan continuamente la boca repitiendo, y manchando, la palabra 'democracia'.

Insisto: aquí no intento defender a Chávez, pues yo no creo en iluminado alguno, sea del signo que sea (y llámese Sharón, Felipe González, Arafat, Bush, Jomeini, Chávez o Jiménez Losantos). Simplemente me parece de rigor exigir el fin de tanta manipulación. Pues hay en ella el germen de una grosera amenaza a las libertades de todos, y a esa tan manida como maltratada democracia.

¿Servirá lo ocurrido de lección? ¿Admitirá algún medio sus errores en este affair? ¿Será, incluso, capaz de pedir perdón y de rectificar de aquí en adelante?

Me gustaría pensar que sí, pero mi razón me dice que, si ocurre, siempre será la excepción.

Cordialmente,

Juan Fernando Sánchez Peñas
Corresponsable de contenidos de LaExcepción.com

Por supuesto, y hasta donde sepamos, ni uno sólo de los medios ha rectificado públicamente, ni mucho menos han pedido perdón por sus escandalosas tergiversaciones previas, seguros como están, sin duda, de que el poder del sistema que ayudan a sostener es tal, que muy pocos ciudadanos se habrán dado cuenta de ellas.


Conclusiones

Es deber de todo amante de la verdad denunciar la manipulación informativa. Recordando a Brecht, si hoy no lo hacemos en beneficio de otros, antes o después la que se manipulará será una información que a nosotros nos afecte. Pero aunque eso no llegara a ocurrir, seguiría existiendo el imperativo categórico a desenmascarar la barbarie.

No ignoramos, sin embargo, que conocer la verdad exacta en este u otros casos no es tarea fácil. Hemos leído lo siguiente: «Chávez no había mandado disparar contra los manifestantes como lo clamaron mentirosamente algunos canales de televisión (me refiero al montaje trucado y falseado que Venevisión difundió mundialmente)» (Ignacio Ramonet, El País, 17.4.02). Pero nos cuesta creer que el “antiglobalista” Ramonet, aun cuando estuviera en Caracas y con Chávez en los días previos al golpe, hable con mucho más conocimiento de causa que los de la Brigada Antiprogre cuando achacaban todas las muertes de manifestantes a los seguidores de Chávez.

En La Excepción hemos de declarar, honestamente, que carecemos de suficiente información directa. Tenemos informadores venezolanos chavistas y antichavistas (a quienes, por cierto, agradecemos su valiosa información; en particular, entre los primeros, a Felipe García, por la amistad con que nos honra y por el valioso contrapunto que sus datos nos aportan). Pero ni residimos en Venezuela ni poseemos unos poderosos medios técnicos y personales para la investigación de los hechos.

De modo que, como a tantos otros, nos resultaría ilusorio pretender conocer toda la verdad. Ahora bien, saber sin sombra de duda que en este asunto se han deslizado groseras mentiras es algo que la historia reciente acaba de enseñarnos.

Junto a estas evidencias de manipulación, un signo más del totalitarismo creciente, hay otro detalle no menos alarmante en todo lo que ha pasado. Me refiero al apoyo al golpe que esos mismos medios de manipulación otorgaron enseguida. Una prueba palmaria de que el sistema defiende la “democracia” cuando le conviene, y refrenda los golpes de estado en virtud de idéntico criterio. Sin esperar a que sea el mismo pueblo que encumbró a Chávez quien lo derroque, alientan a los poderes fácticos (ejército, empresariado...) a derribarlo, y los bendicen una vez que lo han hecho. Es llamativo observar, por cierto, que tales golpistas aparecen por igual entre la Brigada Antiprogre, que entre los progres polanquistas.

© LaExcepción.com

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Oriente Próximo y simplismo bipolar
© J.F.S.P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com]

Sin ser, ni con mucho, el principal conflicto del mundo presente, la sangrienta discordia entre israelíes y palestinos conmueve al mundo como ninguna otra, tanto por su intensidad como por su ya larguísima duración. Pero las reacciones que suscita raramente consiguen otra cosa que envenenarla aún más.

Los últimos episodios (secuestro de Arafat en su propio cuartel general, salvajes atentados palestinos, brutales incursiones israelíes en territorio árabe) han vuelto a llevar el asunto al primer plano internacional, pero con una importante novedad: la resurrección del fantasma antisemita (donde ‘fantasma’ puede tener un sentido ambivalente, según se crea que es una amenaza real o invocada con espurios intereses). Volveremos a ello, pero antes haremos un rápido análisis, que no descripción, de lo ocurrido.


Breve análisis del escenario reciente y actual

A resultas del 11-S, y contra lo que muchos pensaban, Arafat salió fortalecido. Interesado en garantizarse el apoyo del mayor número de países árabes y/o musulmanes para su “Maldad Duradera”, Estados Unidos se apresuró a manifestar algo que hasta entonces nunca había hecho: su disposición a reconocer el estado palestino. Al mismo tiempo, Sharón, envalentonado con un 11-S que permitía poner la etiqueta de terroristas a sus enemigos seculares, sintió llegada la hora de acabar con la continua amenaza de los grupos violentos palestinos (Hamás, Yihad... y los directamente vinculados a Al Fatah).

Los palestinos no supieron aprovechar la coyuntura favorable. Se condujeron como un pueblo desunido, con numerosos elementos ultrafanáticos en su seno, y guiado por un líder a quien pareciera que sólo importase, en el fondo, su propia perpetuación en el poder. La situación terminó enconándose hasta los extremos que ya resultan tristemente familiares, sobre todo en un mes de abril lleno de sangre y dolor. En lugar de aprovechar su oportunidad histórica, los palestinos, o los más violentos y descerebrados entre ellos, habían expuesto a su pueblo a las feroces represalias israelíes provocadas por sus atentados suicidas. Arafat no había mostrado el coraje, o la sincera voluntad, de aferrarse a esa ocasión de oro aunque para ello hubiera tenido que enfrentarse con los más recalcitrantes entre los suyos. Y Sharón se había lanzado, finalmente, a una ambiciosa operación de búsqueda y captura de todos los terroristas palestinos, a sabiendas de que ello ocasionaría innumerables víctimas entre la población civil.

Entretanto, Estados Unidos contemplaba la escalada del conflicto como un fastidioso obs­táculo para la prosecución, según lo planificado, de su campaña “Maldad Duradera”, ámbito conflictivo mayor y mucho más relevante hoy que el de árabes e israelíes. Asistimos, así, a una situación hasta entonces inédita: el presidente estadounidense dando órdenes públicamente al primer ministro israelí para que se retirara de Palestina. En el contexto mencionado, hay buenas razones para pensar que tanto la CIA como los halcones del Departamento de Estado y el Pentágono, con Bush a la cabeza, se sentían contrariados con la invasión israelí del territorio árabe. Sin embargo, las presiones de la mayoría de los congresistas y senadores norteamericanos, con sus declaraciones institucionales pro Sharón, desnivelaron la balanza a favor del implacable dirigente israelí. Éste pudo así dar al mundo entero la impresión de que desobedecía los dictados, nunca demasiado duros, del emperador. (Algún día habrá que hacer un análisis en profundidad de los motivos, religiosos en gran medida, que animan a tantos políticos norteamericanos en su acérrima, incluso incondicional, defensa del estado de Israel).

El final de la reclusión forzosa de Arafat se obtuvo a un precio doblemente favorable para el gobierno de Sharón: como requisito oficial, la entrega por la Autoridad Nacional Palestina de los asesinos de un ministro israelí; y como condición oculta (pero en la práctica, no menos notoria), la admisión norteamericana, con la correspondiente presión a su marioneta Kofi Anán, de que la comisión de investigación de la ONU no llegase a iniciar su labor para esclarecer lo acontecido en Yenín. Lo cual se consumó no sin que antes Simón Peres, ministro de Asuntos Exteriores israelí, hubiese declarado su total disposición, presuntamente exenta de miedos, a que dicha comisión efectuase su trabajo.


Sobre las diferentes reacciones suscitadas

Lo recordado hasta aquí, y en particular lo relativo a Yenín (tanto la matanza allí producida como las reacciones a la misma), proporcionan valiosas enseñanzas sobre la condición humana y, concretamente, la de los humanos de nuestro tiempo. Y ello no porque Yenín haya sido el único episodio nefasto de las últimas escaramuzas (durante la ocupación israelí ha habido muchos muertos también en otras zonas antes, durante y después de Yenín). Pero sí por su carácter emblemático que, aun cuando no debiera servir para olvidar lo demás, resume bastante bien las actitudes morales de quienes han reaccionado ante ello.

Profundamente inmoral ha sido la actitud tanto de los progres como de los sinceros revolucionarios que, una vez más, han bendecido incondicionalmente al bando palestino, y se han mostrado incapaces de una visión sosegada y ecuánime del problema. La defensa del débil (y Palestina, en tanto que bando, es el débil en esta odiosa guerra) nunca debiera llevar a conclusiones injustas, ni siquiera para el fuerte (Israel). Esa incapacidad para el análisis, nacida de acendrados prejuicios, sólo sirve para polarizar aún más el conflicto. A su vez, tales prejuicios se fundan en una visión colectivista del asunto, que no tiene en cuenta el sufrimiento individual que conlleva cada muerte (sea palestina, a resultas de un ataque del ejército hebreo; o sea israelí, como consecuencia de un atentado suicida). Por desgracia, para la mayoría de los pro palestinos, importa más la idea que defienden (a la que llaman “causa palestina”) que las vidas humanas en peligro.

La ya indicada actitud israelí deja a las claras su deseo de ocultar lo acontecido en Yenín. Algo que nunca es buena señal, y que seguramente delata la gravedad de lo que se desea ocultar. Sólo por ello se debería desconfiar de quienes defienden, también incondicionalmente, la causa sionista. Un sector, por cierto, cada vez más poderoso en todo el mundo; reforzado por las brigadas antiprogres que van formándose al socaire tanto del 11-S como de la ausencia de un análisis mínimamente justo y ponderado en el lado opuesto; y que, en un execrable ejercicio de manipulación de los términos, “confunde” antisionismo con antisemitismo. Difamando así a cualquiera que discrepe con la actuación de Sharón.

Se trata, en España, de la misma Brigada Antiprogre (BA) que a todo adversario de “Maldad Duradera” le ha colgado el sambenito de “antiamericano”. Pero la nueva etiqueta, “antisemita”, es aún más grave, en la medida en que añade connotaciones racistas a la supuesta posición de quienes no coinciden con la BA respecto al contencioso árabe-israelí. Como los proges (ver Progres: El ocaso de una pose), también estos antiprogres sostienen una visión colectivista de los acontecimientos, por muy liberales que se proclamen. Y, del mismo modo, anteponen su idea a la vida.


Perspectivas

Una vez más, el bando palestino ha desperdiciado una buena ocasión para la paz que incluyera, asimismo, un serio avance hacia su estado independiente. Ni su rais ni sus guerrillas enloquecidas han demostrado mucho más que un odio extremo hacia Israel y los hebreos.

En cuanto al bando israelí, su recurso a la guerra, y a una guerra desproporcionada, ha confirmado el carácter belicista de su gobierno, con el ultramilitarista general Sharón a la cabeza. Tampoco este bando ha demostrado mucho más que un odio extremo a los palestinos.

Más triste es aún que los partidarios de uno u otro bando, en su gran mayoría, se hayan limitado a reproducir en sus propias posturas el fanatismo de sus referentes respectivos. Tampoco ellos contribuyen, ni lo más mínimo, a acercar la paz. Sólo leña saben arrojar al insaciable fuego de Oriente Próximo.

Con estas “aportaciones”, y la interesada pasividad estadounidense (sólo ocasionalmente disimulada en función de sus conveniencias), el horror y la destrucción no terminarán salvo cuando lo dicten, si llegara el caso, tales intereses hegemónicos. O los de unos oscuros propósitos “ecuménicos” (eufemismo que oculta su afán de poder) de ciertas instancias no muy alejadas del Vaticano, y en sintonía creciente con el imperio. Pero esa solución traerá seguramente, caso de concretarse, males no menores que los que pueda erradicar.

Entretanto el resultado es que, como decía mi entrañable amigo Guillermo, «todo el que vive allí [en el llamado Oriente Próximo] sabe que la fuerza es el único argumento, y que la paz es muerte» (Son mis hermanos). La espiral de odio y violencia seguirá autoalimentándose sine die (o reciclándose en otras formas y contextos), porque a cada parte del problema parece importarle más su idea (o sus intereses) que el infinito valor de la vida humana.


Conclusiones

La ya vetusta guerra palestino-israelí es una evidencia más de que el lema “Si quieres la paz prepárate para la guerra” sólo engendra una dinámica bélica permanente; con rostros y escenarios cambiantes, pero una misma realidad de fondo. Ésa es la lógica del sistema.

Y se rigen por ella lo mismo quienes más ardientemente lo amparan que la mayoría de los que dicen querer subvertirlo. Unos y otros no conocen otro camino que el de la enemistad y la confrontación. Si osas hablarles del “amor a los enemigos”, ambos sectores te cortarán enseguida con una frase como: “Seamos prácticos, por favor.” Y así continuarán alentando, como siempre, la práctica de la guerra.

Tan arraigado se encuentra en el alma humana el simplismo bipolar que por lo general sólo se concibe la crítica radical a un bando desde el apoyo incondicional al bando opuesto (ver Malos contra malos). Y la defensa de una causa, desde la descalificación de quienes no la comparten. Las fobias marcan las filias, y las filias las fobias. Se pierde toda capacidad de juicio imparcial, de análisis objetivo. Las más bajas vísceras reemplazan a las áreas cerebrales más nobles. Todo se torna ruido y estridencia, dogmatismo y cerrazón mental, autoengaño y demagogia facilona. Pueril hasta la náusea, esta actitud propende a ver cada conflicto como un problema de buenos y malos. El fanatismo y el belicismo son el resultado sistemático (y sistémico) de esta visión del mundo.

Pero el alma sensible ha de rebelarse contra una mediocridad tan peligrosa. Aunque también tentada por el simplismo bobo y destructor, será consciente de los terribles desvaríos a los que lleva. Y en relación con el conflicto que nos ocupa, se preguntará: ¿Por qué tomar partido por bando alguno? ¿Acaso no es evidente que la madeja histórica está lo bastante enredada como para no permitir extraer suficiente luz, y sobre todo suficiente apoyo para una u otra causa? A estas alturas, ¿no resulta ya demasiado notorio que ambos bandos tienen “buenas razones”, pero también innumerables hechos de los que avergonzarse?

Este rechazo del partidismo simplista no supone abogar por un neutralismo aséptico. Las almas sensibles no dejarán de levantar su enérgica voz contra el exterminio de los que, civiles sobre todo, encuentran la muerte sin haber buscado la guerra. En uno y otro “bando”. Seguirán empeñadas, sin descanso, en ser voz, nunca paternalista, de los que no tienen voz. Y sosteniendo la dignidad humana de aquellos a quienes los cálculos terroristas y belicistas de uno u otro lado reducen a efectos centrales o colaterales.

Pero lo harán sin depositar en ello vanas ilusiones; sabiendo, más bien, que la condición humana no cambiará un ápice mientras prevalezca el actual sistema con su lógica implacable. Les guiará, pese a todo ello, una invencible esperanza, no precisamente ciega, según la cual ese podrido sistema no tendrá la última palabra. Y en función de ella, no se limitará a teorizar ni a realizar sesudos análisis: buscará traer la paz auténtica, empezando por su entorno más inmediato.

«Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.» Es decir, no se conformarán con ser hijos del sistema.

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