Frase sensata
del mes

«Están destruyendo un país que ya estaba destruido, y con una brutalidad innecesaria [...]. Pero tengo la sensación de que detrás hay un ejercicio mucho más complejo [...]. Un proceso de pensamiento propulsado del que es muy difícil escapar» ("El Roto", El País, 15.11.01) .
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Frase insensata
del mes

«En la Historia hay una corriente que fluye hacia la libertad» (George W. Bush, El Mundo, 11.11.01).
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Diciembre 2001
 
"La Navidad, una fiesta corrompida". Esta fiesta pagana cristianizada recupera sus rasgos ancestrales a través del actual sistema consumista y materialista.
 
"Una muerte que apenas sirvió de lección". La noticia del terrible asesinato del periodista Julio Fuentes en Afganistán, convertida en cortina de humo por los intereses creados.
  "Lo que dicen y lo que en realidad quieren decir". "Traducción" de declaraciones de personajes públicos en las que parecen decir una cosa pero implícitamente comunican algo distinto.
     
     

 

La Navidad, una fiesta corrompida
© G. S. V. [guillermosanchez@laexcepcion.com] (2 de diciembre de 2001)

La Navidad, de origen pagano, ha experimentado a lo largo de la historia una cristianización formal. El modelo de sociedad actual la ha repaganizado, integrándola en el sistema consumista.

Los pensadores cristianos de los primeros siglos, como Tertuliano (finales del siglo II), despreciaban profundamente las fiestas de la sociedad romana en la que vivían. Pero la oficialización del cristianismo (en su versión "romana"), primero como religión permitida en el imperio y después como religión oficial, implicó una profunda asimilación de elementos paganos, tanto en la estructura organizativa de la iglesia como en las creencias y prácticas. El cristianismo, para convertirse en religión mayoritaria, debía renunciar a su rechazo de costumbres y tradiciones profundamente arraigadas entre la población, especialmente la rural, es decir, la de las aldeas o pagi (de donde viene la expresión "pagano").

El 25 de diciembre correspondía en el calendario juliano (no así en el actual, derivado de las reformas del papa Gregorio en el siglo XVI) al solsticio de invierno, de ahí que en él se celebrara el día del nacimiento del Sol invicto, así como el nacimiento del dios solar de origen iranio Mitra. La adopción de este día como el del nacimiento de Cristo estuvo en gran medida determinada por la corriente de elementos del culto solar que inundaron el cristianismo de estos primeros siglos, y que se constató en fenómenos como la orientación de las basílicas hacia el este (donde se hallaba Jerusalén, cierto, pero también lugar del nacimiento diario del sol) o la adopción del día del Sol (el domingo) como día del Señor, frente al sábado de origen judeocristiano. En las catacumbas de Roma y en numerosas obras artísticas a partir de entonces se pueden encontrar representaciones simbólicas del Sol (entre ellas la esvástica) que seguramente simbolizan a Cristo.

Los primeros cristianos, que no celebraban como festividad más que la Pascua (y no todas las comunidades), fueron introduciendo ésta y otras celebraciones calcadas del calendario romano y de tradiciones ancestrales de los pueblos del ámbito del imperio, tanto germánicos como mediterráneos. Las protestas de numerosos obispos, escritores, eclesiásticos, no consiguieron frenar esta corriente de supersticiones y rituales que venían a contaminar la sencillez del culto cristiano. En el caso de la Navidad, la mayor influencia provino de las Saturnalia o fiestas en honor a Saturno que se celebraban entre el 17 y el 24 de diciembre, cuando se cerraban escuelas, negocios y juzgados para que la población pudiera consagrarse a celebraciones domésticas y públicas en las que abundaban la danza y el juego. También se asimilaron costumbres relacionadas con la fiesta de año nuevo, como el intercambio de regalos y la decoración de los hogares con luces y vegetación verde.

Cuando la organización eclesiástica no conseguía eliminar determinadas prácticas paganas, procedía a su cristianización, tal y como se puede comprobar en casi todas las demás celebraciones populares que han sobrevivido hasta hoy. De ahí que con el tiempo la Navidad se cargara de tantas referencias a Jesús y a las circunstancias en torno a su nacimiento, basadas en los evangelios o no. Una de las más populares es la construcción de belenes con figuras, cuyo origen se atribuye a Francisco de Asís (siglo XII). Ahora bien, no por ello desaparecieron los elementos puramente paganos, especialmente los relacionados con la forma popular de celebrar la fiesta.

La Reforma protestante del siglo XVI supuso, en todos los órdenes sociales, una depuración de tradiciones ajenas al cristianismo, y afectó por tanto a la Navidad. Incluso el gobernante puritano Cromwell la prohibió en Inglaterra durante el periodo 1642-1660, decretando que el 25 de diciembre fuera un día laboral, con multa o cárcel a quien le diera significado religioso. Lo mismo hicieron los puritanos de Nueva Inglaterra entre 1659 y 1681. Todavía hoy hay grupos cristianos que se niegan a celebrarla, y especialmente entre los evangélicos se mantiene el debate acerca de su auténtico significado.

En cualquier caso, algunos elementos más o menos cristianos han pervivido a lo largo de los siglos: los días en torno a la Navidad se consideran días de paz, de alegría, de solidaridad, de encuentro familiar, incluso de reconciliación. Algunos villancicos, aunque aderezados con todo tipo de tradiciones apócrifas y hagiográficas, expresan de forma popular el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Durante siglos la Navidad ha significado un periodo entrañable y feliz.

Pero en la sociedad moderna se ha retrocedido al modelo más ancestral de festividad. De la mano del hedonismo, de ese espíritu festivamente superficial con que se quiere celebrar todo, y del modelo industrial-consumista del capitalismo salvaje, todos los atributos que la celebración catártica del año nuevo tenía han sido transferidos al periodo completo. (Respecto a la reducción de la Navidad a parafernalia consumista, y otras curiosidades sobre la historia de la festividad, se puede visitar http://webs.sinectis.com.ar/mcagliani/navidad.htm). En el Reino Unido ya hay ciudades que, afectadas por la fiebre de lo políticamente correcto, están cambiando el nombre y la simbología de la festividad por otros supuestamente más "laicos", como los tomados de la serie de Harry Potter (I+CPress, 12.11.01).

La Navidad es ahora saturación de estímulos visuales (derroche de electricidad con efectismo cargante) y sonoros (estridentes villancicos desnaturalizados electrónicamente en los establecimientos comerciales), todos ellos invitándonos al más irreflexivo consumismo compulsivo (hace un año Gabriel Albiac publicó una intresante reflexión estética/ética sobre el paisaje urbano en Navidad, En la ciudad profanada). Es la gran fiesta del capital, convenientemente adornada por el sistema con disfraces "solidarios" (tarjetas, regalos a los pobres...) que, aun teniendo su indudable función benefactora, contribuyen a amortiguar el complejo de culpa provocado por los empachos de comida y de objetos inútiles.

Ya en 1925, en los albores de nuestra materialista sociedad de consumo, el gran escritor alemán Hermann Hesse, quien no era precisamente cristiano, advirtió la gran contradicción de esta fiesta: "La Navidad es una suma, un almacén de regalos de todos los sentimentalismos y mendacidades burgueses. Es un motivo de desenfrenadas orgías para la industria y el comercio, el artículo más sensacional de los almacenes, huele a hojalata lacada, a ramas de abeto y a gramófonos, a agotados carteros y chicos de reparto que murmuran por lo bajo, a alborotadas fiestas familiares bajo el árbol engalanado, a suplementos de los periódicos y a una gran publicidad; en resumen, a mil cosas que me resultan extremadamente odiosas y que me serían indiferentes y ridículas si no hicieran un uso tan lamentable del nombre del Salvador y del recuerdo de nuestros años más tiernos".

© LaExcepción.com

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Una muerte que apenas sirvió de lección
© J.F.S.P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (25 de noviembre de 2001)

El 19 de noviembre moría asesinado el periodista Julio Fuentes en Afganistán. Un hecho triste que no debiera tapar, sin embargo, otros muchos no menos tristes y violentos que acontecen en ese mismo contexto y en otros igualmente dolorosos.

«Asesinados a sangre fría» ösegún informaron los medios de comunicaciónö murieron cuatro periodistas occidentales en el castigado territorio afgano. Entre ellos se encontraba el español Julio Fuentes, adscrito al diario El Mundo.

La muerte de un reportero, por su condición de tal, suele estar connotada de un matiz que la hace singularmente penosa: estaba allí para informar, y en alguna medida para denunciar los horrores de la guerra. Que él mismo se convierta en víctima mortal hace aún más auténtica, pero también más terrible, su valiosa y valerosa misión. Pues un hecho así patentiza sus informes rubricándolos con la entrega de la propia vida.

No todo es heroico, sin embargo, en esta historia. Los noticiarios radiofónicos y televisivos desplegaron tiempo y medios al servicio de la noticia. Un tiempo y unos medios desproporcionados, sobre todo cuando se los compara con el que reciben las víctimas civiles de esta atroz guerra afgana. Por no hablar del resto de las guerras y conflictos violentos que siembran el planeta de sangre y fuego, la mayoría de los cuales han quedado eclipsados en estos días: desde las luchas feroces del Sudán hasta la permanente y multiforme contienda que tiñe de rojo Colombia, o las crueles persecuciones que en Indonesia padecen las minorías religiosas.

Por la nacionalidad del fallecido, y por su condición de periodista, resultaba esperable que los medios informativos concediesen atención a la muerte de Julio Fuentes. Pero el volumen de la cobertura prestada (por ejemplo, cierto noticiario estelar de la radio pública dedicó la mitad de su media hora a ese suceso) ya no parece tan razonable. Y acaso al propio periodista (a quien cuentan "de raza", es decir, empeñado en investigar y subrayar lo relevante) le hubiera parecido excesiva.

Entiéndase bien lo que queremos decir: Dedicar espacio y tiempo a informar y valorar una muerte (y más una de esta índole) no es intrínsecamente un dispendio, por mucho que se le dedique. Pero hacerlo por motivos espurios, como parece ser el caso (según veremos después), resulta de lo más lamentable. Porque, al hilo de la muerte que nos ocupa, no se ha condenado el asesinato en tanto que tal, no se ha señalado el mal realmente universal que anida en todo acto sangriento: la violencia misma. No se ha afrontado, en suma, el pecado (permítaseme esta palabra tabú) que implica toda extirpación voluntaria de una vida humana.

Se ha perdido así una excelente ocasión para denunciar la barbarie de fondo, que no es otra que la violencia en toda la tierra, la misma que asola, de modo destacado pero ni mucho menos exclusivo, Afganistán. El gremialismo de la prensa, centrando el asunto en sí misma y no en el mal subyacente, corrió una cortina de humo sobre lo que está sucediendo en nuestros días con la anuencia, e incluso promoción, de los más altos estamentos internacionales: la matanza de inocentes y la masacre bélica en el país centroasiático, en una guerra que sólo se anuncia como el primer eslabón de una cadena "duradera". Cadena que, sin duda, seguirá agravando la extrema violencia en el conjunto de la tierra.

El asesinato de Julio Fuentes podía y debía haber servido para recordar la "utilidad" real de toda guerra: ocasiona muertes, tanto "colaterales" como "centrales", y sirve para perpetuar un sistema, el del odio y la venganza, que la humanidad lleva ensayando durante milenios sin que haya servido para resolver ninguno de sus problemas, y mucho menos para obtener la paz. El cadáver de Julio Fuentes debería haber levantado ante las conciencias el horror y el absurdo de que a estas alturas se consientan, y aun promuevan con entusiasmo, la guerra y la venganza como medios de resolución de conflictos. Debiera haber dirigido nuestros ojos a la realidad de que, como él, muchos otros están muriendo inútilmente en este mundo enloquecido, y de modo específico en esa guerra afgana (cuyas imágenes, por cierto, nos dosifican a su arbitrio quienes detentan el control de la información).

Pero no ha de sorprender demasiado que el mensaje de condena a la guerra no haya trascendido. La mencionada cortina de humo tiene una motivación definida: la paz no interesa a los grandes medios de comunicación, al menos en el momento presente. Son muchos, de hecho, y muy poderosos, los intereses creados a favor de la guerra. El propio periódico en el que trabajaba Julio Fuentes, y que con el lógico dolor ha llorado su muerte, viene manifestando en su línea editorial (particularmente en los artículos de su director) una clara defensa de la campaña bélica que le ha costado la vida a su reportero.

© LaExcepción.com

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Lo que dicen y lo que en realidad quieren decir
© G. S. V. [guillermosanchez@laexcepcion.com]
y J. F. S. P. [juanfernandosanchez@laexcepcion.com] (3 de diciembre de 2001)

Numerosos personajes públicos, especialmente los políticos, hacen declaraciones en las que expresan una cosa pero implícitamente comunican algo distinto. En La Excepción nos permitimos "traducir" algunas de estas frases crípticas. He aquí la primera entrega.

José María Aznar, presidente del gobierno español
«Una acción militar precipitada contra Bagdad podría poner en peligro la coalición internacional contra el terrorismo.» (El Mundo, 2.12.01)
Traducción
«Si me permitís el consejo, pensaos bien la excusa antes de proceder a las nuevas masacres; y una vez debidamente elaborada, Áproceded con entusiasmo!» .

George Bush padre, ex presidente de Estados Unidos
«Estoy preocupado por Irak, como todo el mundo lo está» (1.12.01)
Traducción
«Obviamente, si Estados Unidos está preocupado por algo, el resto del mundo también debe de estarlo, aunque tal vez aún no haya reparado en ello» .

Miguel Arias Cañete, ministro español de Agricultura
«Hemos sido capaces en el plazo de un año de recuperar la confianza de los consumidores y eso no es casual. Se debe a que se han puesto en marcha todos los mecanismos de control de la salubridad de los productos cárnicos» (ABC, 25.11.01)
Traducción
«Al menos, durante este año se han puesto en marcha con éxito todos los mecanismos automáticos para una percepción distorsionada de la realidad por parte de los españoles, de manera que o bien se han olvidado del peligro que siguen corriendo al consumir animales contaminados, o bien les hemos convencido de que pueden seguir haciéndolo, para una mejor salud de las finanzas del sector.»

ICPress, a raíz de un mensaje del papa
«Juan Pablo II ha mostrado de nuevo su disponibilidad a que teólogos y expertos debatan cómo articular ese primado para, sin renunciar a las esencias, ajustar su ejercicio a las expectativas de los no católicos» (19.11.01).
Traducción
«Juan Pablo II ha mostrado de nuevo su disponibilidad a que teólogos y expertos formulen el dogma sobre el primado papal para que, diciendo exactamente lo mismo, les parezca a los no católicos que dice algo distinto.»

Un portavoz del primer ministro británico Tony Blair
«La gente protestará en contra [de las medidas antiterroristas] pero nosotros estamos absolutamente determinados a hacer una justa elección entre el respeto a los derechos humanos, que son importantes, y el derecho de una sociedad a vivir sin la amenaza del terrorismo» (El Mundo, 10.11.01)
Traducción
«Nos da igual lo que piensen nuestros electores. Nosotros decidiremos qué medidas tomar a favor de su seguridad, y qué derechos conculcar.»

George W. Bush
«Algunos crímenes son tan terribles que ofenden a la humanidad... El mal ha vuelto, y su causa se ha renovado» (10.11.01).
Traducción
«Otros crímenes, ìgualmente terribles, sólo ofenden a quienes los sufren. Porque todos los terrorismos son iguales, pero no todos los crímenes son iguales.»

Colin Powell, secretario de Estado de Estados Unidos
«Países como Irak, que han tratado de conseguir armas de destrucción masiva, no deben pensar que no les dedicaremos nuestra atención» (8.11.01)
Traducción
«Gentes de Irak: Salvo que mucho cambien los vientos, estáis inexorablemente condenadas.»

Banco de España
«Los salarios no deben caer en la tentación de acomodarse a aumentos transitorios de los precios» .
Traducción
«Los trabajadores deben resignarse a perder capacidad de compra» (cita y traducción tomadas de Javier Ortiz, El Mundo, 7.11.01).

Editorial de El Mundo
«El éxito militar de EEUU sería el mejor estímulo a una economía que se ha contagiado del miedo al futuro» (1.11.01).
Traducción
«Si es preciso, procédase a un rápido genocidio, pues la economía lo agradecerá.»

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